La leyenda de Quetzalcoatl. Diego Rivera. Palacio Nacional México D.F.

       
 


       por Dra. Teodora ZAMUDIO

  

Etnoecología

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Etnoecología: punto de encuentro entre naturaleza y cultura

V. Reyes-García§, N. Martí Sanz§

Fuente: Ecosistemas 16 (3). Septiembre 2007. http://www.revistaecosistemas.net/articulo.asp?Id=501

 

Resumen

La etnoecología ha sido definida como el estudio interdisciplinar de los sistemas de conocimiento, prácticas, y creencias de los diferentes grupos humanos sobre su ambiente. En las décadas de los 60 y 70, los primeros estudios en etnoecología se centraron en documentar cómo diferentes grupos indígenas clasificaban elementos de su medio ambiente (e.g., plantas). A mediados de los 80, la revalorización internacional del conocimiento ecológico local generó un creciente interés académico en el tema. El interés se centró en estudiar el conocimiento ecológico local como una posible herramienta en la gestión sostenible de los recursos naturales. En las dos últimas décadas, la etnoecología ha buscado entender y promover el papel de los sistemas locales de conocimiento ecológico en la conservación y el desarrollo. En este artículo

1) revisamos los antecedentes históricos de la etnoecología,

2) apuntamos algunos de los temas que actualmente lideran la investigación en esta disciplina, y

3) planteamos los principales retos que enfrenta la etnoecología para entender y contribuir a manejar algunos de los problemas ambientales actuales.

Introducción

Las relaciones entre naturaleza y cultura han sido objeto de estudio de varias disciplinas de las ciencias naturales y sociales. A lo largo de su siglo de historia, la antropología ha generado corrientes que intentan explicar cómo y porqué las sociedades humanas se relacionan con su hábitat. Estas corrientes se engloban dentro de lo que se conoce como antropología ecológica.  Si bien la evolución de las ciencias naturales y sociales ha dejado obsoletas algunas de las corrientes de la antropología ecológica, la etnoecología -definida como el estudio de los sistemas de conocimiento, prácticas y creencias que los diferentes grupos humanos tienen sobre su medio ambiente (Toledo, 2002)- constituye un campo de estudio cada vez más activo y vigoroso.

El creciente interés en la etnoecología, que viene de profesionales de la antropología pero también de investigadores de otras disciplinas como ecología, biología o geografía, es el reflejo de la actual preocupación social por el medio ambiente y la diversidad cultural. En este artículo describimos los antecedentes históricos y las líneas de investigación actual en etnoecología.  Al final del artículo discutimos el potencial de la etnoecología en la resolución de algunos de los problemas ambientales actuales, y planteamos algunos de los retos que enfrenta la etnoecología.

¿Qué es la etnoecología? Evolución histórica y definición actual

En antropología siempre ha existido un debate sobre las relaciones entre naturaleza y cultura que ha dado origen a diferentes tendencias. En sus orígenes, la antropología ecológica estuvo dominada por el determinismo ambiental, ejemplificado por la ecología cultural de Steward (1955) y el materialismo cultural de Harris (1979).  El determinismo ambiental propugnaba –en mayor o menor medida- que las instituciones centrales de las sociedades humanas pueden explicarse en función del entorno natural en el que se han desarrollado.  El determinismo ambiental veía la naturaleza y la cultura como entidades separadas, la primera moldeando la segunda. 

Como reacción al determinismo ambiental, en los años 1960 surgieron dos nuevos enfoques (Milton, 1997).  El primero se basaba en el concepto de ecosistema, prestado de la ecología (Moran, 1984; Rappaport, 1968).  El enfoque de ecosistema examinó el papel de las poblaciones humanas en los sistemas ecológicos, analizando el uso de energía. Al igual que el determinismo ambiental, el enfoque de ecosistema diferenciaba entre naturaleza y cultura con la salvedad de considerar que las sociedades humanas pueden regular su entorno, del mismo modo que el entorno puede impactar en éstas. Los detallados estudios de Rappaport y otros investigadores del enfoque de ecosistema resultarían precursores de la actual investigación en torno al “metabolismo de la sociedad” por disciplinas como la economía ecológica, ecología humana, ecología industrial, ecología urbana, agro-ecología, e historia ambiental.  

La segunda reacción al determinismo ambiental fue la emergencia de una corriente conocida como etnoecología, enmarcada en la antropología cognitiva (Milton, 1997).  En sus inicios, las investigaciones en etnoecología se centraron en documentar 1) cómo y porqué diferentes grupos indígenas clasificaban los elementos del medio ambiente (i.e., plantas, suelos) (Berlin et al., 1966, 1974; Hunn, 1977) y 2) los sistemas de conocimiento mediante los cuales los grupos indígenas y habitantes rurales usan y mantienen sus recursos naturales  (Atran, 1985; 1987; Conklin, 1954; Posey, 1984).  A pesar del interés inicial que dichos temas suscitaron, durante las décadas de 1970 y 1980, el crecimiento de la etnoecología se vio frenado por el predominio en la antropología del relativismo cultural radical.  Si bien varios investigadores continuaron estudiando los sistemas populares de clasificación del universo biológico (Ellen, 1979; Hays, 1982; Hunn, 1982), la etnoecología quedó desplazada de los debates medioambientales. Los antropólogos interesados en la ecología se sumaron a otras corrientes que hacían mayor hincapié en temas de poder y desigualdad como la ecología política (Schmink y Woods, 1987) o la ecología cultural de sociedades campesinas (Netting, 1993).  El trabajo de Netting, en cierta forma supone una continuación de la antropología ecológico-energética de Rappaport, puesto que Netting estudió las adaptaciones campesinas a distintas disponibilidades de energía y materiales en su entorno.   

A pesar del poco protagonismo de la etnoecología durante los años 70 y 80, algunas investigaciones de este periodo resultaron claves para ilustrar la complejidad y profundidad de los sistemas locales de conocimiento y de clasificación del medio ambiente. Posteriormente, la década de los 90 supuso el reconocimiento internacional del valor potencial del conocimiento indígena.  El conocimiento local, considerado por muchos rudimentario y superfluo, hizo su entrada en documentos políticos como Our Common Future (1987) o la Convención de Diversidad Biológica (1992) y empezó a despertar el interés en científicos de varias disciplinas, activistas, políticos y el público en general. Investigadores notables como Berkes y Toledo enfatizaron el valor del conocimiento ecológico local, presentándolo como resultado y estrategia de la adaptación humana al medio ambiente (Berkes et al., 2000; Toledo, 1992).  El resurgimiento del estudio del conocimiento ecológico local llevó a la redefinición de la etnoecología como el estudio de las relaciones entre el kosmos (creencias y representaciones simbólicas), el corpus (conocimiento ambiental), y la praxis (los comportamientos que llevan a la apropiación de la naturaleza) (Toledo, 1992).  Definida de esta manera, la etnoecología englobaría también estudios en etnobiología (Toledo, 2002).

La terminología para referirse a los sistemas de conocimiento del medio ambiente de grupos indígenas y rurales es diversa y confusa.  Diversos investigadores han usado como sinónimos los términos Conocimiento Ecológico Tradicional, Conocimiento Indígena, Conocimiento Ecológico Local, o Conocimiento Popular.  Entre las varias definiciones y términos que se han propuesto la más conocida es la definición de Berkes (1999) del Conocimiento Ecológico Tradicional como “un cuerpo acumulativo de conocimientos, prácticas y creencias, que evoluciona a través de procesos adaptativos y es comunicado por transmisión cultural durante generaciones, acerca de la relación de los seres vivos, incluidos los seres humanos, de uno con el otro y con su medio ambiente”.  Aquí adoptamos la definición de Berkes, pero usamos el término Conocimiento Ecológico Local para eludir debates sobre el uso de la palabra  “tradicional” para designar un conocimiento que nos es contemporáneo.

En resumen, la etnoecología ha pasado de focalizarse en el estudio de los sistemas indígenas de clasificación al estudio del conocimiento ecológico local entendido como una forma compleja de adaptación y modificación del hábitat, fruto del proceso de co-evolución entre cultura y naturaleza (Berkes et al., 2000).  Mientras que la investigación inicial en etnoecología habría ayudado a valorar los sistemas locales de conocimiento ecológico como sistemas lógicos y complejos, la investigación actual subrayaría su potencial en la mejora del bienestar de la sociedad actual. Por ello, a nuestro parecer, la etnoecología actual no presenta una ruptura conceptual con la etnoecología de los años cincuenta, aunque el nuevo enfoque también incluye aportaciones de otras ramas de la antropología ecológica, como la antropología ecológico-energética de Rappaport que antecede estudios de autores como Fikret Berkes, Victor Toledo, y Carl Folke.

Temas actuales en investigación etnoecológica

En la investigación actual en etnoecología convergen los temas históricamente tratados y mencionados en el apartado anterior con temáticas nuevas. Actualmente algunas de las principales líneas de investigación en etnoecología giran entorno a: (i) los sistemas locales de conocimiento ecológico, (ii) las relaciones entre diversidad biológica y diversidad cultural, (iii) los sistemas de manejo de los recursos naturales, y (iv) las relaciones entre desarrollo económico y bienestar humano.

Sistemas locales de conocimiento ecológico

La etnoecología se inició con el estudio de los sistemas locales de conocimiento ecológico y éste sigue siendo hoy en día un campo muy prolífico.  Algunas investigaciones se centran en: 1) las correspondencias entre conocimiento ecológico local y conocimiento científico, 2) las formas de transmisión y distribución del conocimiento ecológico local, y 3) los beneficios que el conocimiento ecológico local proporciona a individuos y sociedades.  En el contexto del primer ámbito, investigaciones recientes sugieren que el conocimiento ecológico local presenta muchas similitudes con conocimiento desarrollado a partir de métodos inductivos (Huntington et al., 2004; Mackinson, 2001) por lo que dicho conocimiento podría ser de utilidad para la elaboración de programas de conservación y restauración ecológica (Huntington, 2000; Pitcher, 2001).  La segunda línea de investigación se centra en entender cómo se crea, adquiere, transforma, transmite, y pierde el conocimiento ecológico local (Guest, 2002; Zent, 2001).  Esta línea de investigación también analiza la distribución de la custodia del conocimiento entre la población (Reyes-García et al., 2003). La tercera línea de investigación apuntada se centra en estimar los beneficios que el conocimiento ecológico local proporciona a individuos (e.g., mejor salud) (McDade et al., 2007) y sociedades (e.g., menos deforestación) (Reyes-García et al., 2007b).

Diversidad biológica y diversidad cultural 

Otro de los temas de interés de la etnoecología son las relaciones complejas entre la diversidad cultural y la diversidad biológica.  Sin negar los impactos negativos que los humanos pueden tener en la conservación de los ecosistemas, la etnoecología también estudia las interacciones positivas entre las sociedades humanas y su medio ambiente. Por ejemplo, algunas investigaciones han enfatizado el papel de los sistemas locales de conocimiento ecológico en la conservación de diversidad biológica (Laird, 2002). Numerosos estudios de los sistemas agrícolas de roza-tumba-y-quema han destacado el papel del conocimiento agronómico tradicional en la preservación de multitud de variedades de plantas agrícolas y razas animales (Altieri, 1989; Altieri y Nicholls, 2000; Gliessman, 1990) (Fig. 1).

 

Figura 1. La custodia familiar del conocimiento ecológico local asegura la producción de variedades locales en los huertos de la comunidad Valaiar en Tamil Nadu (India).

Investigaciones recientes muestran que, a escala global, la distribución de la diversidad biológica coincide con la distribución de la diversidad cultural y lingüística (Harmon, 1996; Maffi, 2005; Toledo, 2001). Estas investigaciones también muestran que las formas locales de manejo de los recursos naturales contribuyen a la generación y conservación de la diversidad biológica mediante la manipulación de plantas, animales, hábitats y ecosistemas (Balee, 1994; Olsson et al., 2004).  Algunos autores sugieren que la pérdida de diversidad cultural constituye un factor de pérdida potencial de diversidad biológica (Sutherland, 2003). Consecuentemente, la una resultaría indicador de la otra. 

Manejo de recursos naturales

Una de las premisas en las que se centra la etnoecología es que, a lo largo de la historia, el uso de los recursos naturales por parte de los grupos humanos ha permitido la acumulación de conocimiento sobre la biología de las especies y los procesos ecológicos locales.  La etnoecología estudia 1) la contribución de este conocimiento local a la conservación de los recursos y patrimonio natural en sistemas de manejo tradicional y 2) su potencial para lograr un uso sostenible de los recursos en las sociedades modernas. Resultados de investigaciones recientes muestran que el conocimiento ecológico local contribuye a la generación y conservación de la agro-biodiversidad (Balee, 1994; Olsson et al., 2004), la mejora de la productividad agrícola (Brush, 2000), y el control de plagas (Bentley y Rodríguez, 2001).  A partir del estudio de los sistemas locales de conocimiento ecológico marino, se han propuesto formas de manejo sostenible de recursos piscícolas (Bergmann et al., 2004; Price y Rulifson, 2004).  Existe también un creciente interés en identificar las contribuciones potenciales del conocimiento ecológico local a estrategias tanto de manejo sostenible del agua  (Gunnell y Krishnamurthy, 2003; Pandey, 2001) como de adaptación  al cambio climático (Berkes y Jolly, 2002; Pandey et al., 2004). 

En este contexto, la etnoecología ha mostrado interés en el estudio de las instituciones que regulan el uso de los recursos naturales. Un tema que ha despertado creciente interés son las relaciones existentes entre el manejo de los recursos naturales y los sistemas de acceso y propiedad de los mismos. Este tipo de estudios, liderado por autores como Ostrom (1990), combina elementos de antropología, ciencia política, y economía.  ¿Cómo se regula el acceso al agua, a la tierra, a la pesca, a los recursos genéticos?  Otro tema de investigación relevante es el cambio y adaptación de las instituciones que regulan el uso y acceso a los recursos ante su incorporación a la economía de mercado. Martí-Sanz (2006), en su estudio en los Andes peruanos, muestra cómo el conocimiento agronómico y las antiguas normas de reciprocidad han servido para modificar los mercados de trueque gestionados por mujeres con el propósito de mejorar la nutrición de familias campesinas ante los efectos de la globalización económica (Fig. 2).

 

Figura 2. El conocimiento ecológico tradicional posibilita a los agricultores andinos obtener especies alimenticias a grandes alturas, como por ejemplo la mashua (Tropaeolum tuberosum), que suele cultivarse sobre los 3000 m snm

Desarrollo económico y bienestar humano

Así como el conocimiento ecológico local se muestra clave en el manejo de los recursos naturales, también tiene potencial para contribuir al bienestar humano y al desarrollo económico rural. Varios autores han argumentado que los sistemas locales de conocimiento ecológico contribuyen a la diversidad cultural (Maffi, 2001) y proporcionan sentido de pertenencia e identidad cultural (Balee, 1994).  El conocimiento ecológico local contribuye a la mejora del estado nutricional (Johns 1996; Pieroni y Price, 2006) y la salud humana (Etkin, 2000). Por ejemplo, en un estudio de las relaciones entre el conocimiento ecológico local y la salud de los Tsimane' en la Amazonía boliviana, hallamos que niños con madres con más conocimiento ecológico local tenían mejores niveles de hemoglobina y defensas inmunológicas (McDade et al., 2007). La investigación etnoecológica sobre el conocimiento de plantas medicinales es también un área muy activa y muestra cómo el conocimiento ecológico local ha contribuido a la medicina moderna (Chadwick y Marsh, 1994) (Fig. 3).

 

Figura 3. En la Amazonía boliviana, el proceso de coevolución ha facilitado prácticas sostenibles de uso de los recursos: Tsimane' pescando con barbasco y arcos y flechas

La etnoecología también plantea la compatibilidad del desarrollo económico con la conservación de los recursos naturales. Varios estudios sugieren que el conocimiento ecológico local puede estar asociado positivamente al nivel de ingresos de los hogares (Guest, 2002; Reyes-García et al., 2007a; Berkes y Davidson-Hunt, 2007). También se han constatado conflictos protagonizados por grupos locales, indígenas y rurales, en contra de actividades económicas que impactan los recursos naturales que constituyen la base del sustento local. Algunos casos bien documentados son las oposiciones locales a actividades de minería, extracción de petróleo, deforestación o depredación pesquera (Martínez-Alier, 2002).  Sin embargo, también se han documentado casos de explotación no sostenible de los recursos naturales por parte de las poblaciones locales debido a presiones exteriores o al incremento de la densidad poblacional. En este contexto, la etnoecología trata de comprender las relaciones entre la conservación de los recursos naturales, las dinámicas demográficas de los grupos que los usan, las normas de acceso, y los factores contextuales externos.

El futuro de la etnoecología: potencial y retos

El potencial de la etnoecología

La resolución de los acuciantes problemas de uso y conservación de los recursos naturales requiere de una perspectiva interdisciplinar que logre integrar los intereses y conocimientos de las poblaciones locales y de los científicos naturales y sociales. Por su carácter interdisciplinar y su perspectiva de análisis a varias escalas, la etnoecología puede contribuir a comprender e interpretar dichos problemas.  

Queremos ilustrar el potencial de la etnoecología con dos ejemplos.  Durante más de medio siglo, los países tropicales han recibido reiterados programas de conservación de suelos, muchos de los cuales no han resultado exitosos. Investigaciones recientes muestran que la mayoría de estos programas no tomaron en cuenta las estrategias locales de manejo de este recurso, lo que contribuyó a su fracaso (Critchley et al., 1994). La etnoecología propone partir del estudio y rescate de los sistemas de manejo de suelos de pequeños agricultores del trópico para articular cualquier estrategia de desarrollo rural.  El segundo ejemplo proviene de la literatura relativa a los conflictos sobre el manejo del agua. Se ha sugerido que los sistemas locales de manejo de agua de poblaciones de regiones áridas pueden contribuir a resolver conflictos de gestión de este recurso a gran escala.  Por ejemplo, el sistema Berebere de gestión de agua establece una jerarquía en los usos del agua siendo el agua para beber más importante que el agua para regar. La aceptación colectiva de este sistema jerárquico permite que en momentos de escasez se puedan suprimir usos menos prioritarios sin generar conflictos (Wolf, 2000). Dicho sistema jerárquico podría inspirar mecanismos de negociación internacional.

En resumen, el conocimiento ecológico local, construido en base a las interacciones cotidianas de los grupos humanos con el medio ambiente, puede contribuir al diseño y obtención de modos de vida sostenibles. En éstos, la conservación de la diversidad cultural constituiría un factor clave de adaptación al medio ambiente.

Los retos de la etnoecología

La contribución de la etnoecología a la comprensión y resolución de los problemas sobre el uso y conservación de los recursos naturales enfrenta tres grandes retos: 1) el diálogo con otras disciplinas, 2) la realización de estudios transculturales para la obtención de aprendizajes generalizables, y 3) el posicionamiento de la etnoecología ante cuestiones éticas inherentes al uso y conservación de los recursos y patrimonio natural.  

En cuanto al primer reto, la etnoecología comparte intereses teóricos con disciplinas diversas como la antropología, la ecología, la biología, la economía ecológica, la agronomía, la biología de la conservación, o la psicología entre otras. La investigación independiente de cada una de estas disciplinas genera descripciones parciales de fenómenos a menudo complejos. Por su carácter interdisciplinar y por el interés que ha despertado en científicos de varias disciplinas, la etnoecología puede ayudar a construir explicaciones más completas de los problemas abordados.  Para eso, es necesario que los investigadores 1) reconozcan la importancia de la formación interdisciplinar, 2) reconozcan el aporte singular de cada disciplina, y 3) desarrollen un lenguaje común que permita la comunicación trans-disciplinar.

En cuanto al segundo reto, la etnoecología debe aspirar a realizar comparaciones transculturales que permitan la obtención de resultados y aprendizajes de utilidad general. Sin contar algunas excepciones (Barrera-Bassols y Zinck, 2000), la mayor parte de las investigaciones en etnoecología constituyen estudios de caso con poco énfasis en la replicabilidad. Tal y como muestra el estudio comparativo de Barrera-Bassols y Zinck (2000) sobre conocimiento local de suelos, las comparaciones transculturales pueden proporcionar grandes avances en la teoría etnoecológica. Para constatar si en diferentes regiones del mundo se repiten los resultados obtenidos y evaluar la posibilidad de generalizar el conocimiento ecológico local, la etnoecología debe plantear investigaciones de carácter transcultural que apliquen metodologías comparables en ecosistemas diferentes. Los métodos estadísticos resultan aquí importantes. El trabajo de campo para la obtención de datos se puede complementar con los métodos analíticos cuantitativos o experimentales que pueden replicarse en diferentes contextos culturales. 

En cuanto al tercer reto, una primera constatación es que la incorporación del conocimiento ecológico local en la ciencia, la economía de mercado, y los programas de desarrollo ha ido acompañada de ineludibles debates éticos. La desigual distribución de beneficios económicos a partir del uso comercial de conocimiento ecológico local tradicional plantea la cuestión del acceso y propiedad del conocimiento (Brush, 1993; Greaves, 1995), los instrumentos de compensación a las poblaciones que lo custodian (FSI y Kothari, 1997; Posey, 1990; Reid, 1993) y los sistemas de protección del conocimiento (Brown, 2003). Una segunda constatación es el debate sobre la compatibilidad entre conservación de los recursos naturales, desarrollo económico (en beneficio propio y/o externo), y crecimiento demográfico. Este debate resulta especialmente relevante en aquellas zonas donde se concentra la mayor diversidad biológica y cultural del planeta, como es el caso de las zonas tropicales. 

Por lo tanto, más allá de cumplir con los códigos éticos del proceso de investigación, como el consentimiento previo informado, la etnoecología enfrenta el reto de establecer a priori un posicionamiento ético adecuado. Las comunidades locales deben participar en la definición de los objetivos y las actividades de investigación tanto para asegurar el intercambio multidireccional de conocimientos entre investigadores, estudiantes, expertos locales, y otros grupos de interés, como para establecer acuerdos para una distribución justa de los beneficios derivados de las mismas. Sólo superando el reto de la ética del propósito de la investigación, la etnoecología podrá asentarse como disciplina.

Agradecimientos

Queremos agradecer a Joan Martinez-Alier, José Luis Molina, y Hugo Valenzuela por sus comentarios a versiones previas de este artículo. Nuestro sincero agradecimiento a Victor M. Toledo por sus valiosos comentarios, referencias bibliográficas, y por su llamado a la honestidad intelectual.

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NOTAS:


§ V. Reyes-García,  ICREA e Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals, Universitat Autònoma de Barcelona, 08193 Bellatera, Barcelona, España

§ N. Martí Sanz Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals, Universitat Autònoma de Barcelona, 08193 Bellatera, Barcelona, España

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 Dra. Teodora ZAMUDIO