La leyenda de Quetzalcoatl. Diego Rivera. Palacio Nacional México D.F.

       
 


       por Dra. Teodora ZAMUDIO

  

Fascinación por las momias

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Julia Cordova González[1], Jorge Bernal Peralta[2]

Fuente: Chungará (Arica), ene. 2001, vol.33, no.1, p.91-93. ISSN 0717-7356

 

La idea de la muerte despierta en nuestra sociedad occidental una variedad de reacciones que va desde la negación absoluta, parapetándose en la seguridad de que es algo que les sucede a otros, hasta la atracción fatal que conduce a ser ejecutor de su propia muerte. Entre ambos extremos la gradación se podría medir en mil milímetros, debido a que simplemente cada individuo ha construido su propia relación con ella.

Uno de los signos que manifiesta la vinculación de los vivientes con la muerte, es el desarrollo de los cementerios, en ellos se evidencia la relación que tienen con las personas fallecidas de su grupo. La historia precolombina de Arica está mayormente construida sobre la base de evidencias culturales vinculadas a cementerios. En nuestra cultura hay un gran número de personas que asiste a los cementerios en forma rutinaria y devota mientras un número similar de personas no expresa vinculación alguna; hay quienes evitan pasar siquiera por los cementerios y, todavía más, existen aquellos que destruyen intencionalmente las expresiones de santificación de las tumbas.

Los museos arqueológicos, han creado otro espacio social concreto para mostrar la percepción de la vida y la muerte. La mayoría de ellos adhieren a las Convenciones y Recomendaciones sobre conservación del patrimonio cultural, acordadas en Asamblea General UNESCO, particularmente a las aplicables a las Excavaciones Arqueológicas, de 1956, y a la de Acceso del Público a las Colecciones, de 1960 (UNESCO 1985). En la historia de los museos arqueológicos se encuentra la visión del científico, erudito o sostenedor, con respecto a las colecciones y a la orientación de las exposiciones de restos humanos y sus obras (ver por ejemplo Stocking Jr. 1985; Pearce 1989,1992; Hodder 1991; Ames 1992). Pero, en el otro lado, en el lado de los beneficiarios de la ciencia desarrollada e interpretada que se exhibe en los museos ¿Qué sabemos del impacto que tales exposiciones provocan en los visitantes que las observan?

A través de mi experiencia como educadora de museo, he notado la fascinación que, los cuerpos momificados de los muertos, provoca en los espectadores. A la demanda frecuente por un mayor número de momias en exposición, se ha respondido con un acopio de razones que explican la inconveniencia de colocar más cuerpos; entre éstas se esgrimen razones éticas como las descritas por Consejo Internacional de Museos, ICOM, en su Art. 6.1, en relación con la responsabilidad de las colecciones (ICOM 1987:24); se añaden razones conclusivas de conservación, y otras, que no todos aceptan como válidas. Esta actitud insistente ha sido interpretada a priori como una tendencia morbosa provocada por desajustes psicológicos. Sin embargo, no es posible en museología opinar sobre la base de impresiones, por tanto, me propuse indagar un poco más profundamente en las razones que provoca esta fascinación.

Con este fin se desarrolló una investigación tendiente a cuantificar qué porcentaje de visitantes realmente se siente atraído por la exposición de los cuerpos y los conocimientos logrados a partir de los estudios sobre las momias. Luego, si es que existía ese interés, se deseaba conocer algunos aspectos de esa motivación. En este punto, mis hipótesis eran dos:

La momificación es un atisbo de eternidad. El cuerpo conservado con todos sus atributos físicos representa una esperanza de permanencia en el tiempo. Cuando la vida se aleja del preciado cuerpo, generalmente, sobreviene la aniquilación total. Las momias escapan a la regla.

La momificación, por contraste, produce reforzamiento de la vida. Frente a los cuerpos momificados, inertes, incomunicados, se toma mayor conciencia de la propia vida. El espectador siente más intensamente la alerta sensorial, la energía hacedora, la necesidad de realizarse a través de valores permanentes.

Con el experto en estadística, que es coautor de este trabajo, diseñamos una encuesta breve para rescatar datos dimensionables sobre las reacciones de los visitantes al Museo Arqueológico "San Miguel de Azapa". El tamaño de la población se determinó sobre el registro de asistencia del mismo mes en que se aplicó la encuesta, un año antes: Abril 1997. Se obtuvo una muestra de 170 personas, con un error muestral del 7% y una confiabilidad de 95%. Los resultados son los siguientes:

A la pregunta abierta ¿Qué tema u objeto cultural le impresionó más en la visita al Museo Arqueológico San Miguel de Azapa? Más de la mitad de la población encuestada respondió que las momias: 57,7% y en frecuencia bastante menor, en porcentajes decrecientes: los tejidos, 15,4%; la prensa colonial para aceite de oliva, 9,4 %; todo lo que se exhibe en el museo, 8,7%; la cerámica, 4,0 %; nada 2,7%; las herramientas, 2%.

A la pregunta alternativa sobre la conveniencia de exhibir momias en el Museo 74,8% respondió que sí; pero un 25,2% respondió que no.

Al pedir una fundamentación libre de la opinión recién expresada, las respuestas afirmativas mencionaron razones como:

- puesto que se conservan bien no hay razón para no verlas,

- permiten conocer la cultura de los pueblos, reflejada en el trato a los muertos,

- son un espejo de muerte y de vida, puesto que el cuerpo sobrepasa a la muerte,

- la conservación de los cuerpos tiene un valor científico, pues permite conocer los rasgos físicos de las poblaciones tanto como las condiciones de higiene y de salud

- un pequeño grupo opinó que acepta la exposición de los cuerpos en el Museo siempre que se haga con respeto por la persona que vivió en ellos.

- los cuerpos de los grupos humanos validan la autenticidad de los objetos culturales que produjeron

- por simple curiosidad; estos encuestados no proporcionaron mayor explicación

Las justificaciones para no aceptar la exposición de las momias al público, se pueden agrupar así:

- los objetos culturales producidos son más importantes que los cuerpos inanimados de sus autores

- la religión no acepta el culto a los muertos, como tampoco la falta de respeto y exhibirlos es una falta de respeto a la persona que fue

- puesto que el Museo no presenta un ambiente óptimo para la conservación de los cuerpos en exhibición, es preferible no exponerlos a la degradación

- la muerte es un asunto privado, es irrespetuoso exhibir los cuerpos momificados

- atemoriza ver los cuerpos de personas muertas.

A la pregunta alternativa sobre la importancia concedida al tema de la momificación, las respuestas fueron:

- 58,3 % calificó el tema de interesante, pues permite conocer aspectos culturales integrales

- 24,5 % opinó que es muy interesante, resaltando la opinión con el superlativo

- 9,2 % manifestó no tener opinión al respecto, porcentaje que sumado los que afirman no tener interés por el tema aumenta a un 11,2%

- 3,7 % manifestó desagrado por al tema

- 3,7 % manifestó temor de solo mencionar el tema

Para verificar las respuestas a la sección anterior se preguntó si a al encuestado le gustaría que le momificaran

- 51,5% opinó que no, argumentando razones religiosas, de cambio cultural,

- 9,2 % fue muy enfático, indicando que por ningún motivo, pues probablemente las generaciones futuras le exhibirían en una vitrina

- 21,5 % opinó que le gustaría, y el 10,4% puso el énfasis diciendo que le gustaría mucho, puesto que serviría a las generaciones futuras para que estudiaran las costumbres de nuestra época

- 7, 4% se manifestó indiferente a tal posibilidad.

Conclusiones

A partir del análisis de la encuesta se puede concluir que efectivamente los visitantes al Museo Arqueológico San Miguel de Azapa sienten un intenso impacto por la exposición de las momias de las poblaciones prehispanas. Que este impacto es tal que a casi tres cuartas partes de los visitantes les gustaría tener la opción de ver un mayor número en exposición.

No obstante, queda demostrado que las razones para esta posición, no es resultado de un estado psicológico enfermizo, sino que tiene que ver con la sorpresa del desafío a la destrucción del cuerpo (lo que yo percibía como atisbo de eternidad). Tiene que ver con el desarrollo de la ciencia antropológica y museológica, y los logros obtenidos en el sentido de estimular el respeto intercultural, a través del conocimiento de las tradiciones de otros pueblos. En esta misma línea, la expresa indicación de un número de personas que condiciona la exposición de los cuerpos, siempre que se haga con respeto, es indicador del cambio producido en la percepción del valor de las culturas indígenas.

El aporte al conocimiento de los pueblos como seres humanos cercanos a nuestro propio desarrollo, que han logrado las ciencias de la antropología física también es apreciado y se destaca en su importancia. Son estos estudios los que han transformado los restos humanos ausentes de vida, en cuerpos con mensajes en lenguajes comprensibles a través de más de 300 generaciones. Finalmente, al traer el tema a la propia experiencia, el cambio es rotundo, de ser calificado como interesante o muy interesante por tratarse de otras culturas, pasa a ser No y por ningún motivo, cuando se trata de proyectarse a sí mismo como objeto cultural para el estudio y aprecio de las sociedades venideras.

La segunda hipótesis a la que hice referencia: la visión de las momias como refuerzo de la propia vida, no esta claramente expresada en esta encuesta, aunque sí indirectamente. Tal vez pudo producirse una falla en el parafraseo de la encuesta y en su interpretación. Por ahora, queda descartada.

Siendo éste un estudio de caso, estos resultados no son aplicables a otros museos arqueológicos, pero sería interesante que se replicara el intento en otros, a fin de tener una percepción de como reciben los visitantes las proposiciones de interpretación científica de un aspecto de nuestra propia vida. Para terminar, quisiera recomendar a los educadores de museo, que no solamente transmitan los conocimientos que los científicos logran de despojos humanos, sino también, y muy importantemente, afinen la conciencia para que el visitante pueda ver, y entender lo trascendente que hay en ellos. Lo pasado, vivido, creado, amado, que yace junto al cuerpo conservado para siempre. Al preparar los cuerpos de sus muertos, los prehispanos sobrepasaron la fugacidad de la existencia; conectaron la vida con la muerte, en un proceso de regeneración permanente. Así la cantidad de años vividos no alcanza la importancia de la profundidad de su significado. En el pasado, como en el presente, "haber sido" sigue siendo un modo de ser, el más seguro (Idoate 1992:308).

Referencias Citadas

Ames, Michael M. 1992 Cannibal Tours and Glass Boxes. The Anthropology of Museums. University of British Columbia Press, Vancouver.

Hodder, Ian 1991 Reading the Past. Current Approaches to Interpretation in Archaeology. 2 nd. ed. University Press, Cambridge.

Consejo Internacional de Museos, ICOM Statutes. Code of Professional Ethics. Maison de l'Unesco. Idoate, Florentino, Paris. 1987

Pearce, Susan M., (editor) 1989 Museum Studies in Material Cultures. University Press, Leicester.

___ 1992. Museums Objects and Colletions. A cultural study. University Press, Leicester.

Stocking, George W., Jr., (editor) 1985 Objects and Others. Essays on Museum and Material Cultures. The University of Wisconsin Press Ltd, Madison.

United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization 1985 Conventions and Recomendations of UNESCO Concerning the Protection of the Cultural Heritage. UNESCO, Paris


NOTAS:


[1] Departamento de Arqueología y Museología, Universidad de Tarapacá Casilla 6-D, Arica, Chile. E-mail: jcordova@uta.cl

[2] Departamento de Finanzas y Economía, Universidad de Tarapacá, Casilla 6-D, Arica, Chile

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