La leyenda de Quetzalcoatl. Diego Rivera. Palacio Nacional México D.F.

       
 


       por Dra. Teodora ZAMUDIO

  

Imágenes de la frontera

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Rostros aborígenes de las pampas argentinas, siglos XVIII-XIX

Dra. Martha Bechis

Fuente: Taller de Etnohistoria De la Frontera Sur (T.E.FRO.S.) Boletín TEFROS- Vol 2 N 2 Invierno de 2004 www.tefros.com.ar ISSN 16679229 CDI 30-70855355-2

 

Introducción general

Capitulo I. Rostros ranquelinos....¿rostros ranquelinos? El dibujo histórico en problemas.

Capitulo II Rostros salineros....pero ¿quién es quién? Una confusión en progreso.

Capítulo III: A - Rostros de Los Bravo: terribles y románticos . B - Las "fotografías" de la Misión de la Concepción ¡en 1740 y pico! C - Las tribulaciones de la fotografía histórica. ¿Quién fotografió a los Coliqueo? Por Norma Sosa [no está publicado en este sitio]

 

 

Introducción general

Dibujantes y fotógrafos, libros, revistas y periódicos han contribuido y siguen contribuyendo a la presentación de los rostros de aquellos aborígenes habitantes de lo que hoy son llanuras y sierras del centro-sur de un país llamado República Argentina. Una buena pregunta que podríamos hacernos sería: ¿Estos trabajos y publicaciones se hacen en honor a unos “ellos” vencidos, o en honor a unos “nosotros” vencedores o en honor a un “todos” para nutrirnos con una porción de “nuestra” historia total?

No tengo una única respuesta a esta pregunta pero sí intentaré mostrar, exhibir y criticar, en los casos que creo merecidos, esos esfuerzos por presentarnos aquellos rostros. También sé que de aquí en adelante esta publicación en el “Boletín Tefros”* será otro esfuerzo más que nuestros visitantes juzgarán oportunamente.

Una fotografía o un dibujo o un “rostro hablado” es un rastro material y simbólico de todo un proceso que comienza en una motivación, -a la que en general no tenemos acceso- y culmina con la exhibición, el ocultamiento, la venta o el tráfico del producto. En este trabajo expondré imágenes grabadas y habladas e intentaré adentrarme en ese proceso con las artes y los materiales a mi alcance sin pretender agotar todo el material que pudiera estar disponible ni los ángulos desde donde se pueda apreciar el material presentado.

En un apretado resumen de “la vida social de las imágenes” les adelanto: Entrada ya la segunda mitad del siglo XIX llegan las cámaras fotográficas a nuestro país. Antes había daguerrotipos y antes... “rostros hablados”. “Dibujos de rostros” tenemos desde hace mucho y seguirán apareciendo. Para nuestro tema general presentaremos algunos dibujos desde el segundo medio del siglo XVIII, otros de finales del siglo XIX y otros de finales del siglo XX época, esta última, que llamamos “de la memoria”.

Aunque mi primera intención es mostrarles los rostros aborígenes, también hay una segunda intención: la de mostrarles falsificaciones probadas y “confusiones”- para usar un término elegante- que van desde titular la imagen de un personaje con el nombre de otro hasta una de las más inocentes como la de confundir el retrato de uno con el de otro porque los dos tuvieron el mismo nombre. Da la impresión de que queremos tener, a toda costa, rostros aborígenes desde soportes gráficos que contemplar pero...¿Por qué? Parece que la necesidad de entretener a los lectores con imágenes puede más que las dudas, las carencias y las incertidumbres.

Pero, por favor, no crea el visitante que lo que presento en estas páginas es todo lo que hay. Hay más en museos y libros que no pude hallar por razones de tiempo y espacio o que puedo ignorar y otros que definitivamente he podido probar que existen sólo en alguna bibliografía torpemente copiada.

 Capitulo I [1]. Rostros ranquelinos....¿rostros ranquelinos? El dibujo histórico en problemas.[2]

Con la colaboración del historiador Carlos Mayol Laferrere

Decidida a recolectar la mayor cantidad-según mis recursos- de imágenes grabadas o/y habladas de los personajes que, -talvez desde 1730 pero con toda certidumbre desde 1757- conocemos bajo el etnónimo de "rancacheles" o"ranqueles" y otras variantes, le pedí al historiador C. Mayol Laferrere su colaboración para encontrar algunos dibujos que circulaban en las pasadas Jornadas Ranquelinas sobre los últimos personajes de la Confederación Ranquelina soberana.

De este pedido surgió la idea de una colaboración mayor. El observador eximio y artista literario que fue Mansilla, nos acompañará constantemente en este capítulo.

La lectura de historiadores y cautivos, viajeros y militares que han tratado con esos personajes dejando relatos y documentos interesantes, completaron mi búsqueda.

El etnógrafo Melcíades Vignati nos ha dejado unas interesantes críticas sobre algunos dibujos de principios de siglo y algunas enciclopedias de arte americano me han auxiliado en ubicar algunas biografías de los retratistas de los que hablaré.

Así la cosa, comienzo a contarles lo que encontré:

Dibujos de Capdevila y retratos hablados de algunos que conocieron a los caciques

Roberto Capdevila es un excepcional dibujante de rostros. Vive en Venado Tuerto, Santa Fe, donde nació en 1944. En 1970 ingresó a la Facultad de Bellas Artes en Rosario la que abandonó al iniciarse en política. Colabora en la revista local LOTE, un mensuario de cultura, con dibujos de tapa e ilustraciones.

Carlos Mayol Laferrere me ha comunicado que los dibujos originales de los ranqueles Baigorrita, Epumer y Mariano Rosas y otros de la autoría de Capdevila, se encuentran en una carpeta llamada "Estampas" del año 1987 en la que el Dr. Roberto Landaburu insertó textos que no he leído. Según Landaburu, y transmitido por Mayol, Capdevila basó sus dibujos en "relatos escritos de autores varios"

Ni Mansilla, ni Zeballos, ni Avendaño necesitan presentación. Pero, para aquellos que no los conocen, es mejor que los conozcan por lo que escribieron.

Los dibujos de Capdevila de Mariano Rosas y de Epugmer fueron extraídos de una serie "Los conquistadores del desierto" por Mayol Laferrere publicada en el Diario Puntal, de Río Cuarto, el mes de junio de 1988[3]

Panguitruz Guor (Zorro-cazador-de-leones) conocido como Mariano Rosas

Dice de él Mansilla -en el capítulo 33 de su libro Una Excursión a los Indios Ranqueles- , quien lo visitó en sus toldos en 1870:

"Pertenece a la categoría de los hombres de talla mediana. Es delgado pero tiene unos miembros de acero. Nadie bolea, ni piala, ni sujeta un potro del cabestro como él.
Una negra cabellera larga y lacia, nevada ya, cae sobre sus hombros y hermosea su frente despejada surcada de arrugas horizontales. Unos grandes ojos rasgados, hundidos, garzos y chispeantes, que miran con fijeza por entre las largas y pobladas pestañas, revelando entonces orgullo, energía y fiereza; una nariz pequeña, deprimida en la punta de abiertas ventanas, signo de desconfianza, de líneas regulares y acentuadas; una boca de labios delgados que casi nunca muestran los dientes, marca de astucia y crueldad; una barba aguda, unos juanetes [pómulos] saltados, como si la piel estuviera disecada, manifestación de valor y unas cejas vellosas, arqueadas entre las cuales hay siempre unas rayas perpendiculares, señal inequívoca de irascibilidad, caracterizan su fisonomía bronceada por naturaleza, requemada por las inclemencias del sol, del aire frío, seco y penetrante del desierto pampeano.
Mariano Rosas se viste como un gaucho, paquete pero sin lujo. A mi me recibió con camisa de Crimea, mordoré, adornada de trencilla negra, pañuelo de seda al cuello, chiripá de poncho inglés, calzoncillo con fleco, bota de becerro, tirador con cuatro botones de plata y sombrero de castor fino, con ancha cinta colorada".

El historiador Mayol Laferrere cita en su trabajo "Los conquistadores del desierto", (Diario Puntal, junio 1988) el que tuvo a bien darme a conocer, una nota del periódico "América del Sur" de 26/8/1877 relativa a la muerte de Mariano Rosas:

“Muerte de un cacique. Acaba de morir el poderoso cacique de la tribu de los Ranqueles, de muerte natural, Mariano Rosas. Era una autoridad en el desierto.
Por su influjo, su valor y, sobre todo, por su prudencia ha sido posible mantener la paz con él y el General Roca había logrado imponerle respeto e inspirado confianza..."

Epumer (Dos- zorros)

Mansilla, en Una excursión... capitulo 26, dice: "Epumer es el indio más temido entre los ranqueles, por su valor, por su audacia, por su demencia cuando está beodo. Es un hombre como de cuarenta años, bajo, gordo, bastante blanco y rosado, ñato, de labios gruesos y pómulos protuberantes, lujoso en el vestir, que parece tener sangre cristiana en las venas, que ha muerto a varios indios con sus propias manos., entre ellos a un hermano por parte de madre; que es generoso y desprendido, manso estando bueno de la cabeza; que no estándolo le pega una puñalada al más pintado. Con ese nene tenía que vérmelas yo. Llevaba un gran facón con vaina de plata cruzado por delante, y me miraba por debajo de un ala de rico sombrero de paja de Guayaquil, adornado con una ancha cinta encarnada, pintada de flores blancas."

Sigue Mansilla - en el capítulo 57 - cuando es recibido por Epumer en sus toldos: "Sea adulación, sea verdad, todos dicen que no estando malo de la cabeza es muy bueno. No tiene más que una mujer, cosa rara entre los indios, y la quiere mucho. Vive bien y con lujo; todo el mundo llega a su casa y es bien recibido. A mi me esperaba hacía rato. Epumer estaba sentado en un asiento alto de cueros de carnero y mantas. Enfrente había otro más elevado. Era el destinado para mí. La conversación rodó sobre las costumbres de los indios, pidiéndome disculpas de no poder obsequiarme, en razón de su pobreza, como yo lo merecía. Un cristiano bien educado, modesto y obsequioso, no habría hecho mejor el agasajo."

Del Archivo Franciscano de Río Cuarto, Carlos Mayol Laferrere nos trae descripciones de Epumer extraídas de una docena de cartas que Epumer intercambió con fray Marcos Donati.

"En la primera expresa: `Reverendo padre...le mando una onza de oro para que me haga la gracia de cambiármela por plata boliviana. También le mando una chapa de recado, para que me la haga hermanar. Me hará la gracia de mandarme un martillo, un poco de atincar, crémor, almidón y algunos otros remedios para la tos´".

"Al coronel [Mansilla] le había pedido un chaleco de seda negra; al franciscano le solicita `un poncho de paño fino, pero que sea fino; un sombrero de felpa con barbijo´ y le encarga que le mande confeccionar una `levita´ acotándole que cuando reciba su sueldo, se descuente el valor de todo." ( En "Los Conquistadores del Desierto", artículo sobre Epumer, Diario Puntal, Río Cuarto,1988.)

El Cacique Mari-Co (Diez-aguas?) O Manuel Baigorria Guala (Alias Baigorrita y Baigorria-Chico)

En el capítulo 45, Mansilla escribió uno de sus más exquisitos párrafos al plasmar en letras el porte del cacique Baigorria Guala, nieto de Vuta Yanquetruz:

"Aproveché el tiempo para observar la fisonomía de aquel picador de tabaco , imperturbable, especie de patriarca.
Manuel Baigorria, alias Bigorrita, tiene treinta y dos años.
Baigorrita tiene la talla mediana, predominando en su fisonomía el tipo español. Sus ojos son negros, grandes, redondos y brillantes; su nariz respingada y abierta, su boca regular; sus labios gruesos; su barba corta y ancha.
Tiene una cabellera larga, negra y lacia y una frente espaciosa, que no carece de nobleza. Su mirada es dulce, bravía algunas veces. En este conjunto sobresalen los instintos carnales y cierta inclinación a las emociones fuertes, envuelto todo en las brumas de una melancolía genial.
Con otro tipo, mi compadre sería un árabe.
Es muy aficionado a las mujeres, jugador y pobre, tiene reputación de valiente, de manso y prestigio militar entre sus indios."
[4] Un dibujo anónimo adoptado por Carlos Mayol Laferrere

Payne Gnerr ( Zorro Celeste?)

Sobre este dibujo de Payné publicado en la serie " Los Conquistadores del Desierto" en el Diario Puntal, de Río Cuarto de julio de 1988 por Carlos Mayol Laferrere, este amigo me expresó: " "es imaginado por mi, de un dibujo de autor anónimo"...

Payne fué padre de Epugmer, de Panguitruz Guor (o Gnerr) y muchos más.

Es difícil encontrar descripciones de su rostro y su personalidad. Zeballos dice en su Painé y la dinastía de los Zorros: "...un hombre alto, robusto, imponente, de cara ancha, grande y aplastada como un sol de telón de teatro, vestido...con gorro de manga negro, bordado de relieve de oro, dio voces de mando con acentos de gigante.....Mientras contemplaba un grupo de mujeres y niños prisioneros [ entre los que estaba Zeballos en 1840 aprox. según su relato] descubrió mi persona y me dirigió sus ojos que herían como rayos de irresistible luz. Sufrí una impresión desvastadora, dominado por la centellante mirada de aquella fiera. Era Paine".

En el capítulo sobre la muerte de Painé Avendaño (Memorias del ex cautivo Santiago Avendaño, por M. Hux)dice:  "Paine-Gnerr era un indio generoso y amado"[5]

Los dibujos de Bouchet

José Bouchet fue un pintor extranjero argentinizado que murió en Buenos Aires en 1919. Dice La Enciclopedia del Arte en América, edición de 1968, que entre sus obras se halla " `Columna de Ranqueles´ mural que se encuentra en el Museo de La Plata". Hablé con la señora Sandra Miguel directora de la biblioteca del museo quien, después de consultar los archivos, me dijo que sólo había tres trabajos de Bouchet: "Carabelas españolas", "Indiada tehuelche" y "Parlamento indio". En otra conversación me describió un mural que está en el hall del museo el que tiene por nombre "Parlamento indio" pero su subtítulo, en la misma placa, dice "Caravana de los Ranqueles" lo que coincide con la descripción que la señora directora tuvo a bien narrarme ya que se trata de un grupo de indios que van montados, se insinúa un cierto liderazgo del grupo y figuras en un cierto orden siguiendo a la cabecera. Es decir que el mural responde más al subtítulo que al título.

Andrés Bestard, muralista contemporáneo ubica a Bouchet como muralista y pintor en la generación del 80 "dedicada a desterrar la imagen colonial por el neoclásico anglo-francés". Fue esta generación la que se dedicó, entre otras cosas, a formar una imagen europeizante del país en la cual el indígena ya no era "el enemigo" pero, tengo la opinión de que ese nuevo imaginario incluía también un tipo especial de "indiferenciación" que llamaré: "un indio, todos los indios". En lo que sigue, el lector juzgará esta opinión.

En la III edición autorizada de " Una Excursión a los Indios Ranqueles" de Masilla, "con ilustraciones de Bouche (sic) Impresas en el Museo de La Plata ", editor Juan A. Alsina, Buenos Aires, 1890, se intercalan dos láminas muy sutilmente coloreadas cuya denominación hay que buscarla en el índice final.

Esos dibujos son:

"Mariano Rosas" lámina V,

Este trabajo, como el que sigue, ha sido descarnadamente criticado por Melcíades Vignati, antropólogo argentino, en dos de sus publicaciones: "Falacias iconográficas" ( Revista Relaciones ,1944, t.IV) y " Iconografía Aborigen, Namuncurá-Pincen" ( en la publicación de los trabajos del Congreso del Area Araucana ,1963, 2 vls.).

Vignati acompaña la imagen de "Rosas" de Bouchet con una toma ampliada del rostro de Currumanque o Curüñan, uno de los hijos del cacique Calfucurá tomada, a su vez, de la fotografía familiar de Namuncurá de 1884 aproximadamente. Vignati dice "Según puede verse, [el artista] sólo le ha cambiado el saco de civil negro por una blusa adornada que nada tiene de indígena". Yo le agregaría que el sombrero sufrió algunos desarreglos como para parecer más apaisanado.

Pero aquí no termina la "confusión". En 1978, el historiador que me acompaña, Mayol Laferrere, publicó en Todo es Historia , nº 130 el artículo "Crónica Ranquelina de Mariano Rosas". Aunque el historiador entregó sólo una foto- la de un nieto de Mariano-, el texto viene acompañado de varias fotos e imágenes.

Enfrentando a la primera página del artículo de Mayol L., y a página completa, está el dibujo de "Mariano Rosas" de Bouchet. En una comunicación personal, Mayol L. me expresó que él rechaza con indignación esa intromisión.

¿Quién puso, entonces ese dibujo allí? Es verdad que el actor anónimo, en una notita con letra pequeña, en el ángulo izquierdo superior dice: "Supuesto (énfasis nuestro) retrato de Mariano Rosas en la 3ª edición de "Una excursión....." lo cual le quita algo de responsabilidad aunque sigue siendo una intrusión y bastante desagradable para el autor del artículo.

Y más aun, esa notita continúa, sin ninguna aclaración, con: "(`Iconografía de Rosas´ por Fermín Chávez, Buenos Aires, 1972)" sin agregar nada más. Resulta que este valioso libro, que consultamos, no sólo se refiere al General Juan Manuel de Rosas -padrino impuesto a Panguitur Guor o Mariano Rosas cuando estuvo cautivo del general por varios años- sino que, como era de esperar al comenzar a hojear el libro, no tiene ni un párrafo relacionado con el cacique.

¿Por qué se puso ese dato en la página dedicada al dibujo? ¿Sabía el intruso que ese libro no tenía nada que ver con el, para colmo, apócrifo dibujo?

La seguridad de que el individuo que en la foto familiar es Currumanque-Curá Vignati la extrajo de una "copia acartonada con los nombres de cada uno de esa familia" hecha por Lehmann-Nitsche etnólogo de reconocida honestidad y conocimientos para su época, principios del siglo XX (aunque no necesariamente compartamos sus teorías).

"Epumer"

El otro dibujo de la 3ª edición es, según dice el índice del libro, el de "Epumer" hermano de Mariano y último cacique ranquelino soberano.

Vignati también critica este retrato. Compara el dibujo con el rostro aumentado de Namuncurá procedente de la foto familiar ya citada y dice en "Falacias...1944": "Epumer ha sido fabricado teniendo como base la fotografía de Namuncurá sustituyendo el galoneado kepi por un sombrero blando tipo chambergo y el chaquetón militar por un poncho con motivos de cruces que, si no me engaño, es el mismo que está actualmente expuesto en una vidriera mural de la sala de Etnografía del Museo [de La Plata ]".

¿Confusión? ¿Descuido? ¿Recurso para hacer del libro una lectura más interesante?. ¿Quién es el culpable de estas falacias?  ¡¡Para cuánto ha dado la foto de la familia Namuncurá!!... ¿Ahora se da cuenta el lector por qué dije que en nuestra historia.... "Un indio, todos los indios"?

Más dibujos de Bouchet

Creo que Bouchet fue un gran dibujante. Por ello y para nuestro deleite quiero presentarles otros tres dibujos de Bouchet del libro de Mansilla, 1890.

Lámina II. "El indio bombero".

En el capítulo 15, Mansilla dice: "El indio sujetó su caballo, y con la destreza de un acróbata se puso de pié sobre él sirviéndole de apoyo la lanza....el indio continuó inmóvil. Estaríamos como a tiro de fusil de él, cuando cayendo a plomo sobre el lomo de su caballo, partió a toda rienda en mi dirección."

Lámina IV "Los abrazos".

En el capítulo35, dice: "Melideo...indio sólido como una piedra, de regular estatura; pero panzudo, gordo, pesado... Aquí fueron los apuros para cargarlo y suspenderlo. Mis brazos lo cargaban apenas; hice un esfuerzo, el amor propio de hombre forzudo estaba comprometido, no alcanzarlo me parecía hasta desdoroso para los cristianos; redoblé el esfuerzo y mi tentativa fue coronada por el éxito más completo, como lo probaron los¡¡¡aaaaaaaaaaaa!!! dados esta vez con más ganas y prolongados más que los anteriores. Aquello fue pasaje de comedia, casi reventé, casi se me salieron los pulmones..... Mientras pasaba yo revista de aquellos bárbaros, me acordaba del dicho de Alcibíades: Adonde fueres, haz lo que vieres, y rumiaba: ¡Te había de haber traído a visitar los ranqueles!......Por algo me había de hacer célebre yo, aunque las olas del tiempo se tragan tantas reputaciones.....Yo estaba orgulloso, contento de mí mismo, como si hubiera puesto una pica en Flandes."

LáminaVIII. "El parlamento".

En el capítulo 53, Mansilla dice:  "Mariano Rosas invitó a todo el mundo a sentarse.
Nos sentamos, pues, sobre el pasto humedecido por el rocío de la noche, sin que nadie tendiera poncho ni carona, cruzando la pierna a la turca.  Mariano Rosas me cedió a su lenguaraz José; colocóse éste entre él y yo, y el parlamento empezó."
[6]

Los dibujos de Bernabó

En " Una excursión a los Indios Ranqueles, Gl. Lucio Mansilla", Biblioteca Billiken, Colección Azul.

Aunque no lo diga en ningún rincón de la publicación, está catalogada como " una versión para niños". Consiste en un libro chico, de 159 páginas con texto de 10x15 cms., en cada hoja, en letra grande y unas cinco láminas a color incluyendo la de la tapa. Obviamente no pretende ser una copia de la edición completa del libro.

No he podido encontrar biografía alguna del artista que ilustra esta edición del libro de Mansilla.

Todo el texto está encarado como una larga versión de una parte de una biografía de L. Mansilla ya que se ha cambiado la primera persona singular del texto original por presentarlo en tercera persona. A parte del recorte y del cambio de persona verbal, las partes elegidas conservan, bastante bien, el sentido y hasta cierto punto la redacción del texto original.

Los dibujos, pretendiendo ser una interpretación de algunos párrafos del texto, sufren de una dislocación ideológica de interpretación: contra todos los detalles de los rostros y de la vestimenta de algunos indígenas tal como los describe Mansilla, los indios de Bernabó no tienen rostros diferenciados, siempre lucen descalzos excepto uno de ellos que calza bota de potro, sus cabelleras son muy prolijas, cortas y todas iguales, en general están de torso desnudo y cuando están parados siempre empuñan lanzas a pesar de que el autor dice explícitamente que dentro de su territorio los ranqueles no portaban lanzas.

Además, en todo el relato de Masilla de LVIII capítulos, sólo hay tres o cuatro situaciones de intento de agresión: una a lanza, otra a facón y otra verbal. En Bernabó tres de los cinco dibujos están expresando, directamente, esas tres situaciones.

El dibujo de Bernabó que reproducimos está relacionado con la Junta General de la Confederación Ranquelina que tuvo lugar cuando Mansilla volvía a Levucó con Baigorrita.

Es lo menos parecido posible a la imagen que nos da el autor de la excursión.

Compare nuestro visitante este dibujo de Bernabó con "el parlamento" de Bouchet  (para esto le pedía memoria en la sección anterior) y el texto de Mansilla. Observará que el orden de la indiada que describe Mansilla, está ausente. El coronel es el único que está sentado y flanqueado por lo que creo que serían un intérprete y un guardia; dos columnas humanas. Además está sentado sobre algo que parece ser una carona o algo así.. En resumen un "sitial" muy inteligentemente construido con cuerpos, uniformes y perspectiva.

Todos los indios "des-visten" iguales incluido el que está irritado pronunciando una frase que Mansilla pone en boca de Mariano durante del parlamento. Así que ese es Mariano Rosas que sólo se distingue de los otros por una pluma en la vincha que sabemos que no se usaba entre los ranqueles.

Parece que entre los indios no hay ni la más mínima diferenciación a pesar de todas las descripciones que Mansilla anuncia meticulosamente a lo largo y ancho de todo el libro.

Esta escena sigue los patrones interpretativos de Bernabó excepto en las vestimentas de los indígenas que ahora le sirven a él para dar énfasis al acto de violencia. A su vez los movimientos de la ropa suelta de los indios contrastan con el pulido, ajustado, rígido uniforme del ofendido.

Y más aun: observe el lector el alineamiento que une el facón con la punta incompleta del techo del rancho la que llega justo hasta el pecho del coronel. En resumen una magnífica estrategia visual para intensificar el mensaje de violencia.

Para no irnos con una puñalada en el pecho les presento la lámina de la tapa del libro.

¿Quien está saludándose con Mansilla? No se aclara aunque si buscamos en la lámina del parlamento donde "una de las columnas" es alguien vestido en la misma forma parece ser su lenguaraz ¿Mora, tal vez?

Son rostros amables, el único enojado es el perro. Es evidente que el mensaje gráfico de Bernabó sobre los indios -cada uno a página completa- dice: indiferenciación, agresión e irritación. ¿Será Bernabó un digno representante del imaginario de los años treinta del siglo XX de nuestro país? Parecería que casi a mediados del siglo XX, los aborígenes ya no son ni siquiera los héroes vencidos- aunque trastocados- de la generación del 80.  

Capitulo II[7] Rostros salineros....pero ¿quién es quién? Una confusión en progreso[8].

Las Salinas Grandes de las pampas argentinas que se destacan en el centro-este de la actual provincia de La Pampa, departamento de Atreucó, han constituido un punto de atracción para muchos pueblos aborígenes que han usado y explotado su necesario y abundante contenido. La zona llamada Salinas Grandes ocupa un mayor espacio que incluye hacia el este una cadena de lagos de agua dulce en la provincia vecina de Buenos Aires y bajos fértiles que se adentran en los límites sur de la pampa húmeda. Al sudeste hay unos cómodos valles en medio de bajos cerros y, ya hacia el oeste-noroeste, planicies con clima semi-desértico con montes de caldenes que aun siguen disminuyendo en su cobertura debido a la explotación local, la mayor sequedad del suelo y ciertos acontecimientos históricos destructores trazables - por lo menos - hasta la segunda mitad del siglo XVIII.

La ocupación aborigen de esta zona se ha destacado, en la segunda mitad del siglo XVIII y casi todo el XIX por ser de aquende la Cordillera de Los Andes es decir, por ser ocupada por indígenas que en general se nombraban como “chilenos” y “aucas” procedentes del área de los huilliche valdivianos, los de Boroa y los de la zona cordillerana o sea los huilli-pehuenches. El etnónimo “salineros” se fue haciendo más común durante el siglo XIX y es casi sinónimo de “los indios de Calfucurá” un huilli-pehuenche llegado en la década de los treinta que tuvo el tino de mantener un corredor bien controlado desde Salinas hasta el oeste de la cordillera como para no quedar aislado de su “grupo madre” lo que le permitió no repetir la historia calamitosa de los anteriores trascordilleramos.( Bechis, M., “Indian Geopolitics in the Araucanian Area around 1830”. Ponencia presentada en la Annual Conference de la American Society for Ethnohistory, Chicago, 1985.

Este segundo capítulo de “Rostros Aborígenes de las Pampas Argentinas, siglos XVIII y XIX” lo dedicaré a los salineros del último período de soberanía de los aborígenes: la casa caciquil de Los Piedra o sea la de Los Curá.

Recorreré los aciertos y desaciertos de los esfuerzos genuinos y espurios por mostrar o construir una imagen fotográfica, dibujada, “hablada” de dos de los Curá: los caciques Calfucurá y Namuncurá, padre e hijo respectivamente, el segundo sucesor del primero en el cacicato de los salineros.

Comenzaré por Namuncurá, el más manoseado en los intentos gráficos por mostrar la estampa fotografiada o el rostro dibujado de algún cacique caso, este último, que ya exhibimos en el capítulo anterior dedicado a los rostros ranqueles.

El Cacique Namuncurá (Garrón de Piedra) el último cacique soberano de los Salineros

La primera fotografía que presentamos fue tomada en 1884 fecha en la que el cacique, con los pocos seguidores que le quedaban después de refugiarse en la cordillera y reingresar a la Argentina, se rindiera ante las autoridades del Fuerte Romero desde donde fue enviado al Fuerte Roca y luego, por tierra y agua, hasta Buenos Aires.

De su vestimenta dice Vignati citando una crónica de la época “En cuanto al traje militar que viste...en el Fuerte Roca le fue regalado el kepí de Teniente Coronel, el pantalón punzó con franja de oro y el sobretodo militar con presillas de Coronel con que desembarcó. Como Namuncurá era General en Salinas Grandes, Islas, su intérprete, aseguraba que el uniforme correspondía a su grado y le fue otorgado por reconocérsele como tal ” (Iconografía Aborigen, Namuncurá y Pincén”. Primer Congreso del Area Araucana, 1963, tomo II, p.51. La crónica a que se refiere Vignati: “El cacique Namuncurá” aparecida en la Revista de la Sociedad Geográfica Argentina, II, pgs. 194-196, Buenos Aires, 1884.)

A continuación Vignati aclara que la documentación oficial niega su graduación en el ejército y agrega “...ni jerarquizó en el rol de nuestro ejército a un criminal que sólo la magnanimidad de los estadistas -cuando, en verdad, los había- evitó enfrentarlo con el pelotón justiciero ”. Ni mi abuela, Teresa Gay de Bechis, quien con sus veinte años recién llegados de Génova tuvo que esconderse dentro de una parva de trigo para evitar ser capturada por el último malón de Namuncurá sobre la zona de Pehuajó, expresó nunca semejante diatriba.

En aquella misma crónica - según Vignati- se describe al cacique rendido como de 63 años “ ...pero su fuerte contextura, sus anchas espaldas y la agilidad que demuestra, hacen que cualquiera le conceda alguna rebaja.

Su tipo franco, abierto, mezcla de gaucho y de indio, podría pasar por uno de esos viejos que en nuestra campaña fueron antes muy comunes.... unos cuantos pelos dragoneando respectivamente el bigote y la pera, adornan la parte inferior de su cara. Cae sobre su frente no muy angosta, el cabello negro, muy negro y lacio, partido al centro”

Zeballos, quien lo conoció personalmente, dice del cacique: “Manuel Namuncurá, audaz, listo, de vasto talento, valeroso en el campo de batalla como un héroe, sobrio en los vicios inherentes a la barbarie, prudente y fuerte, afable y generoso...” ( Calfucurá y la Dinastía de los Piedra ”. Hachette,1961, pg. 152)

El teniente coronel Eduardo Ramayón ( 1865-1963) comentó a su entrevistador (Clifton Godlney) como “testigo de sus correrías ( de Namuncurá) entre los picachos andinos...entonces cadete....Me dijo entre otras cosas: Por su abolengo y título hereditarios, era rodeadísimo, se le sostenía con tesón, se le reconocía méritos y se le apreciaba como la más alta autoridad....De temperamento tranquilo, pero muy desconfiado. Avido siempre de novedades, concebía con rapidez, escuchaba con atención, hablaba con facilidad su lenguaje, se explicaba con todo despejo, no era negligente ni distraído... y era uno de los pocos que levantaba la cabeza y la vista para mirar de frente cuando estaba en presencia de un magistrado o un alto funcionario”. (Adalberto Clifton Goldney, El Cacique Namuncurá, último soberano de la pampa, Huemul, Bs.As. 1963, pg. 164)

En 1875 el padre Salvarie visitó los toldos de Namuncurá . En todo su diario hay varios momentos en que el sacerdote se detiene a describir actitudes, posturas, agilidades, respetuosidad del cacique. “El cacique General abrió la asamblea con un saludo tranquilo y respetuoso para todos. No cabe duda: el es un perfecto orador....Los caciques...tienen algo de distinguido en su porte. Unos usaban vincha de plata en la cabeza. Otros se habían pintado la cara. Namuncurá llevaba un precioso adorno sobre su pecho, encima del ponche (sic) de guardas pampas (pg. 76)....Vino a mi encuentro con afable sonrisa; me estrechó sobre su vigoroso pecho y con muchos `marí marí's´ y fórmulas de estilo me saludó como yo no lo esperaba. Después me ofreció un asiento forrado con cuero de tigre......Desde una apertura de la techumbre caía una luz tenue que hacía brillar las piezas de plata colgadas en las columnas, lanzas y paredes. (pg.97)...El cacique me recibió con la misma ceremonia en su `rucá´ y después del abrazo me dijo: `Está es su casa´, señalándome el asiento. Su hija Manuelita trajo pronto algo para agasajarme. También doña Ignacia volvió con la misma gracia y elegancia a saludarme y de las divisiones o departamentos hechos con lanzas y cueros pintados y adornados, salieron algunos chiquillos. Todo era limpio, lujosamente limpio y adornado. La señora....me regaló un quillango.” (pg. 105) (M. Hux, Una Excursión Apostólica del Padre Salvaire a Salinas Grandes, Ministerio de Cultura y Educación, Ediciones Culturales Argentinas, 1980)

No sabemos qué edad tenía Namuncurá cuando Salvaire lo visitó o cuándo fue fotografiado dado que la fecha documentada de su nacimiento fluctúa entre 1811 y 1821. Tenemos una fotografía del cacique ya viejito de 1908 (dice el autor del libro, Clifton Goldney, que temía 97 años) con un traje militar muy distinto al que le regalaron en el Fuerte Roca. También hay un dibujo caricaturesco, creado por la genial crueldad de Cao, artista de Caras y Caretas

Además, les presento a “Namuncurá de civil”, un excelente trabajo de autor desconocido para mi publicado en el libro de Clifton Goldney (op. cit).

Por otra parte no puedo dejar a Namuncurá sin mostrar su voluntad por defender su tierra. En 1875 le envió al comandante militar de Bahía Blanca una carta hablando de esta manera: “...nos parece muy mal esta disposición que hace por parte del Superior Gobierno...que grava a nuestro estado de los indios en quitarnos el campo de Carhué sin haberse vendido dicho campo se halla de esta parte de la línea de fortines ocupado de hacienda, en que se grava el mal de nuestro trabajo...si en caso estos campos que defiendo me los sacan entonces me someteré [sic] entre los cristianos y haré grandes daños y sabremos quien podrá más ...” (J.C.Warther, La Conquista del Desierto, EUDEBA, 1970, p. 360, énfasis nuestro).

s más tarde, en febrero de 1878 le escribe una carta al Padre Donati en la que habla del “Gobierno de las Tribus” que su finado padre le ha dejado, de la “Nación India”, de que “el Sr. Coronel Nicolás Seballos (sic) se presentó pisándome el territorio de mi mando” y de que su finado padre “ ha sido   estado en esta parte de la Argentina ” ( en M. Tamagnini, Cartas de   Frontera, los documentos del conflicto inter-étnico, UNRC, 1994, pp.43-44, énfasis nuestro).

Es interesante el que Namuncurá, con más énfasis que su padre, al tomar la estrategia de la soberanía, haya intentado expresarse en términos como “nación india”, “estado”, “gobierno de las tribus”, “...convocando conceptos abstractos o formales de legitimación que no correspondían a la organización segmental en que estaban endentados”,( M. Bechis, “La `organización nacional´ y las tribus pampeanas en Argentina durante el siglo XIX”. En Pueblos, comunidades y municipios frente a los proyectos modernizadores en América Latina, siglo XIX. El Colegio de San Luis,México y el CEDLA, Países Bajos; A. Ohmstede, R.Falcón y R. Buve compiladores, 2002, p. 96)

El Cacique Calfucurá (Piedra Azul) creador de la Confederación de Salinas Grandes

Del cacique Juan Calfucurá no se ha encontrado, hasta ahora, ninguna fotografía ni pintura que intentara un retrato del cacique. Sí contamos con un excelente dibujo de Lamela en la p.66 del libro Bahía Blanca en Imágenes, 1828-1928   que compusieran Ana Luisa Dozo y María Elena Ginóbili, Editorial de la UNS, 1999.

Juan Lamela se ha destacado por sus dibujos, oleos y murales en los que expresa magníficamente su visión del gaucho argentino y su entorno. Dice el Diccionario de Artistas Plásticos de la Argentina:
“... sus trabajos costumbristas tienen un gran mérito artístico y documental”.

Un becario de la Universidad de Princeton, John Hughes, quien visitó sus obras, dijo que Lamela, como pintor del gaucho “..es de la casta de los grandes pintores españoles de antaño, de Velásquez y de Goya”.  (www://clasificadosafull.com.ar/ARTE/arte.htm. El dibujo que les presento no intenta ser un retrato si no una imagen expresiva del personaje genialmente traducida por la mano del artista en finos trazos.

Cuando “Calfucurá” no es Calfucurá.

La necesidad de tener imágenes de los héroes vencidos -de lo que ya hablamos en el capítulo anterior- o simplemente imágenes para presentar en obras o capítulos dedicados a la historia indígena, es cada vez más intensa por lo que es importante contribuir a que esa necesidad se satisfaga con la mayor responsabilidad posible.

Ya mostramos lo que ha ocurrido con las imágenes de ranqueles. En este capítulo le toca el turno a la imagen del Cacique Calfucurá.

Caso I

Bernardo González Arrili escribió para La Prensa un artículo titulado “Las luchas en las Fronteras, comentarios de la Batalla de San Carlos, Bolívar”. Fue publicado el 5 de marzo de 1972- primer centenario de la famosa batalla -, en la 2ª página de la 1ª sección ilustrada.

Es un artículo bien escrito, con un marcado sesgo estatista. El autor habla de la “guerra civil” desatada después de Caceros, “...en la que participaron elementos que ya no se conocen aunque tuvieron entonces una preponderancia extraordinaria; los indios y sus caciques..”. Agrega luego muy maniqueamente: “La formación definitiva de la Nación bajo la Constitución republicana no convenía a los caudillos provinciales ni a los caciques indígenas, pues ella significaba obedecer a la ley”.

Luego se centra en la figura de Calfucurá quien fue el que dirigió las fuerzas indígenas opositoras integradas por salineros, chilenos, patagones, cordilleranos y ranqueles.

En un momento de su escrito González Arrili, dirigiéndose a Calfucurá expresa:   “...aquél Napoleón que montaba en pelo y usaba lanza...”

Pero, Arrili, en ninguna parte alude a ninguna de las cuatro imágenes intercaladas en el escrito: Zeballos, Catríel, Namuncurá y... “Calfucurá” en el centro de la página.

El problema es que, que en estas fotografías, en vez de haber una de cada uno, hay dos “namuncuraes”: Namuncurá viejito en 1908 con el pié de foto “Namuncurá”y el mismo  Namuncurá fotografiado en Buenos Aires cuando llega para confirmar su rendición a las autoridades del país en 1884, con el pié de foto “Calfucurá”.

¡¡Los veinticuatro años de diferencia entre las dos fotos habían transformado al Namuncurá maduro de 1884 en su propio padre!! Por lo menos, en este caso, ¡todo quedó en casa! ¿Quién cometió este acto de magia? No lo sabemos.

Caso II

Otro error de la misma naturaleza que el anterior está presente en la obra de la Biblioteca Clarín Historia Visual de la Argentina, 1999, capítulo 65, p.859 “Los `Imperios´ del Desierto”.

Como puede verse, es la fotografía del cacique Namuncur de 1884 otra vez exhibida como una foto de Calfucurá.

Por un intermediario casual pude ponerme en comunicación con la fotógrafa que trabajó especialmente en ese capítulo quien afirmó que ella no había incluido esa imagen en su trabajo.

¿Quién pegó esa foto en ese capítulo de la Historia Visual? No lo sabemos.

Caso III

Otro de los equívocos que circuló hace algunos años en los medios museísticos y bibliográficos y que, aunque agonizante, aun está vivo, es el de confundir un cuadro que se exhibe en el Museo de La Plata bajo el título de “Criollo”, 65×47,5 cms, 1888, dibujado y pintado por Martorell, con un cuadro-retrato del Cacique Calfucurá.

En relación con este cuadro y el personaje retratado, M.Vignati nos dice en “Iconografía Aborigen” (op.cit.:66): “Sospecho que Mariano [Currumanqué- Curá uno de los hijos del Cacique Juan Calfucurá “desheredado” por Namuncurá después de la muerte de su padre] radicado en La Plata, fue el padre de otro Callvucurá, ebrio consuetudinario, mísero y andrajoso, que en momentos de lucidez posó ante el artista Martorell que le hizo un excelente retrato a la carbonilla, actualmente propiedad del Museo de La Plata”.

Al parecer este nieto del cacique también se llamaba Juan Calfucurá y así está nombrado el cuadro que el destacado primer director del Museo Histórico de Bahía Blanca, Antonio Crespi Valls, publicara en su obra La Invasión del 19 de mayo de 1859, en ocasión de cumplirse en primer centenario de esa invasión. (Municipalidad de Bahía Blanca, Museo Histórico, 1959).

El Señor Crespi Valls anota que extrajo la imagen con la denominación “Juan Calfucurá” del archivo de la Editorial “Sopensa” de Buenos Aires. No he logrado poder saber si este nombre correspondió a una editorial real en 1959, o si, con un error tipográfico, se está hablando de la    Editorial Sopena ya desaparecida.

Que “el sospechado equívoco sigue vivo” lo vemos en una 2ª edición de noviembre de 1995 del libro El “Rey” de Araucanía y la Patagonia escrito por François Lepot, (Editorial Corregidor, www.lepot.com.ar/fotos.htm ). En este libro, cuyo texto no he tenido oportunidad de leer, el cuadro que les he presentado de Martorell sigue siendo referido al “Cacique Juan Calfucurá”. No sé si el autor del libro tiene conocimiento de este error.

Pero no sólo autores y editoriales reprodujeron este equívoco. Y les diré por qué digo esto. Hace ya algo más de siete años, con motivo de unas jornadas que tuvieron lugar en el Museo Roca de Buenos Aires, nuestros amables anfitriones nos mostraron una    pintura (¿copia?) muy buena -que ya no está en el museo– la que resultó ser la misma que muestra Crespi Valls- agregando inmediatamente: “ Esta pintura se decía referirse al cacique Calfucurá, aunque ya se sabe muy bien que no es así”... y así es, y es hermosa. El cuadro de Martorell es una carbonilla y aguada de acuarela que se la puede encontrar en  http://fcnym.unlp.edu.ar/museo >arte en el museo >galería de artistas> Martorell, con el título de “Criollo”. Es la que aquí les presento. José Gabriel en su libro Martorel [sic], Monografías de Arte, Bs. As. 1926, nos dice : “Con criterio muy sagaz sobre la función material y significativa del color en la pintura, José Martorel se aparta de la tradición renacentista y restituye al dibujo el papel preponderante; el color vuelve a ser en él un elemento adjetivo... Martorel construye en Última instancia con el dibujo y luego ilumina el todo o zonas determinadas con colores aguados sin otro objeto que atenuar la crudeza del carbón, entonar la tela o el papel o calentar las futuras; otras veces deja el dibujo sin iluminar”.

Así, con hermosas obras de arte ante nuestros ojos, concluyo este episodio sobre “quien no es el Cacique Calfucurá”.

Los retratos hablados de Calfucurá

Son muchos los autores que se han interesado, y aun se interesan, directa o indirectamente por lo significó el Cacique Calfucurá en la historia argentina y en la historia indígena en particular. Pasaré a repasar lo que algunos de los que conocieron a Calfucurá dijeron de él en lo relativo a su fisonomía, su porte, su carácter y ambiciones. Así podremos ir construyendo en nuestra imaginación la imagen que no encontramos en lienzos o en papel.

Santiago Avendaño fue tomado cautivo por los ranqueles cuando tenía meses más de siete años de edad, en marzo de 1842. Perteneció a los ranqueles durante otros siete años hasta que pudo fugarse en 1849. Vivió su cautiverio en el sur-este del dominio ranquelino, bastante cerca de los dominios salineros. En sus escritos editados por M. Hux como Memorias del ex cautivo Santiago Avendaño, (El Elefante Blanco, Buenos Aires, 1999), tal vez escrito a principios de la década de 1860, consta un capítulo titulado “Origen de la hegemonía de Calfucurá en la pampa” de riquísimo contenido histórico.

En este capítulo, Avendaño nos dice: “ Calfucurá...era dotado de esa fibra y osadía, que era necesaria para conquistar grandes fines; y de un mozo que corría por aquí y por allá en busca de juegos y diversiones, resultó un héroe” (p.29). Ya más adelante nos lleva más cerca del biografiado: “...su poder usurpado tomó una solidez que hasta hoy es el coloso temido de las indiadas vecinas aunque formen naciones independientes. Su carácter embustero, supersticioso y salamero lo hace más temible aun, tanto que sus mismos subordinados, no dejando de quejarse de él, se guardan bien de pronunciar una palabra, porque lo creen adivino. Y él mismo blasona de tener esa ciencia. He oído decir que Calfucurá es afortunado en todo porque sus obras le son sugeridas por Dios, con quien tiene sus entrevistas....la franqueza con que se brinda a quienes lo tratan, jamás ha sido motivo para que le falten el respeto; por el contrario hay indios quienes haciéndose los humildes, se excusan de ser vistos por el caudillo, porque el respeto hacia él raya en el temor.....El jamás es indolente a la miseria ajena. Trata a todos bien y con amabilidad. Por eso se sostiene, gobierna y se le respeta. Si no fuese así, lo habrían arrastrado ya a la cincha..” (p. 46)

Por otro lado, Micaela Correa, una cautiva de un malón en el que participaba gente salinera, chilena y ranquel en 1872 al sur de Rosario de Santa Fe, relató sus peripecias al diario La Capital de Rosario una vez rescatada después de dos meses de cautiverio.(Roberto Landaburu, El Gran Brujo Kalfucurá, s/f). Según el artículo aparecido en ese periódico el 13 de agosto del mismo año, M. Correa viajó con su captor, perteneciente al grupo de Baigorrita, unos 15 días hasta llegar a los toldos de Calfucurá. El artículo relata lo siguiente: “.......hasta llegar a la residencia del Gran Caimacán del desierto, iban pasando por tolderías interiores y diseminadas.....El indio Kalfucurá recibió a la puerta de su harén a la legión de ladrones. Es un indio negro, muy corpulento y de aspecto imponente. Tomó lo que le daban o dio lo que pedían del botín venido a sus puertas. Los expedicionarios se esparcieron por sus toldos con el fruto de su rapiña.......” [9]

Arce escribió su novela muchos años después que se escribiera el relato de la cautiva pero el episodio de la novela tiene lugar en tierras salineras y durante el cacicato de Namuncurá . Por lo tanto, tenemos dos autores- ¿o tres?- que refiriéndose casi al mismo período histórico y al mismo pueblo usan palabras árabes incorporadas al castellano, para designar algunos integrantes de esa “burocracia bárbara”.

Indio negro, muy corpulento y de aspecto imponente, generoso, seguro, respetado, adjetivos que acompañan las descripciones de Calfucurá en todas las fuentes...aunque también se agregan otros adjetivos.

Otro cautivo, Augusto Guinnard, en Tres años de esclavitud entre los patagones, (edición de 1941, pp 106-107) publicado por primera vez en Francia en 1862 en Le Tour de Monde, (1º semestre de 1862, cuadro en p. 264), fue cautivo finalmente refugiado en los toldos de Calfucurá a quien describe así : “ Nada al llegar me hizo adivinar cuál entre los indios que tenía por delante podría ser el gran cacique, porque ninguna seña lo distinguía de sus súbditos”.

“Sólo cuando dirigió la palabra a los otros para darles órdenes reconocí al jefe por el sonido de su aire imperioso......su cabellera negra todavía hacía marco a una vasta f rente sin arrugas, que los ojos vivos y escrutadores hacían muy inteligente.

El conjunto de la fisonomía de este jefe, aunque con cierta dignidad, recordaba perfectamente, sin embargo, al tipo de los patagones occidentales, a quienes remontaban su origen. Como ellos, era de alta estatura, tenía los hombros muy anchos, el pecho arqueado; la espalda estaba un poco agobiada; el paso pesado, casi dificultoso, pero gozaba todavía de todas sus facultades; con la excepción de dos dientes perdidos en un combate en que le habían partido el labio superior, este viejo los poseía casi intactos todavía......este hombre, en realidad más humano que sus semejantes, me trató casi con dulzura y me prometió su apoyo....”

Comparando la composición del cuadro con las palabras del cautivo “...Nada al llegar me hizo adivinar....” podemos apreciar el poderde la necesidad de impresionar al lector a costa de inventar una realidad impactante...aunque falsa.

Uno de aquellos observadores o contemporáneos de Calfucurá, fue él mismo. En realidad Calfucurá fue el mejor constructor de su imagen, imagen tal vez solamente para los otros, pero es la única a la que podemos acceder.

Veamos ésto. En abril de 1861 Calfucurá escribió a Urquiza: “ Cuando era joven, era diablo; ahora soy hombre de edad con experiencia: no hablo mal de ningún cacique, ni de ningún infeliz...”   (AGN; Archivo Urquiza t. 225, p.110)

Ramón R. Capdevilla, en su libro Pedro Rosas y Belgrano, el hijo del general. (Tapalqué, Edición Patria, 1973, p. 89) transcribe una carta de su biografiado del 30/4/1849 que detalla la que un Juez de Paz le enviara a él con el fin de que su contenido llegase al General Rosas. En esta carta el juez le comunica a Rosas y Belgrano el relato de un informante indio que había ido a buscar sal a Salinas Grandes y se había encontrado con un pariente, el capitanejo Caxaman, quien le comentó que “él no estaba conforme con el Corazón Dañado del Cacique Callfucurá, pero que él era un infeliz y que no tenía sino que seguir sus malos pasos”.   Esto venía al caso de la intención de Calfucurá de unirse a Coliqueo para hacer una invasión   “... porque no está conforme con la marcha del gobierno que está formando cantones en sus campos y estancias, y que donde ellos tenían para hacer sus correrías [ caza] se le va quitando por los cristianos. Que [ Calfucurá dice que] conoce que ha nacido para morir y que con la gran fuerza con que cuenta, el Gobierno no ha de poder por su guerra hacerle nada en mucho tiempo.....” (¿El comienzo del plan de Urquiza de invadir Uruguay?)

¿Aprovechaba Calfucurá la debilidad del gobierno para “devolverle mal por bien” a Rosas? No lo creo, el cacique estaba enojado, y tenía sus razones ya que era verdad que Rosas iba armando cantones en la frontera, en tierras que el cacique aseguraba que pertenecían a su territorio. Por eso el juez agrega en la misma carta “[ que el informante le transmitió que] dice también el Cacique Callfucurá que la ración y regalos que se le hacen todos los meses no tiene que agradecerlos, pues es pago de arrendamientos por sus tierras ocupadas.”
Observe el lector que Calfucurá revirtió así el sentido de “ los regalos”.

En mi trabajo : “La vida social de las biografías: Juan Calfucurá `lider total´ de una sociedad sin estado” ( en El método biográfico. La reconstrucción de la sociedad a partir del testimonio de los actores. Ruth Sautu, comp., Editorial de Belgrano, Universidad de Belgrano, 1999, p. 200) concluyo lo siguiente : “ Así, mientras en Buenos Aires se discutía y se seguiría discutiendo si era honorable `comprar´ la paz del indio con vacas y otros regalos, el cacique da vuelta el significado de ese envío y lo convierte en un pago por el arrendamiento de tierra indígena”. ¡¡Por fin alguien le da el verdadero significado que habría tenido que tener esta parte del “Negocio Pacífico con el Indígena”!!!

En una carta de 1861 dirigida a Urquiza, el cacique dice: “ Bartolomé Mitre y Buenos Aires quieren agarrarme y Rivas y Machado dicen que cuando me agarren, Calfucurá verá a dónde irá a parar. Pueden venir a ver si me agarran. Nunca me han de agarrar; nunca... A mi también querían embromar como chiquito: ellos creen que yo soy un zonzo: pero soy más fino que ellos: que no me agarrarán así no más....el coronel Rivas, bajo sus tratados de paz, me quiere engañar para poder agarrarme o correrme; pero es más fácil que yo lo engañe y lo corra” (Meinrado Hux, Caciques Huilliches y Salineros, Marymar, 1991, p. 73).

En enero de 1973 le escribía al presidente Sarmiento: “..nada sacamos matándonos unos a otros...Es mejor que vivamos como hermanos en una misma tierra. Pido a Usía que lo piense lo mismo, que Usía nada saca si nos hacen la guerra....Exc[entisi] m[o] Señor, si tocante a la población de la que dicen que es por sus órdenes: en eso pido que se resuelvan. Nosotros que somos los dueños de esta América, no es justo que nos dejen sin campo..” (ibidem:100, cursivas nuestras).

Pero volvamos a los años del despliegue del poder y la sensatez de Calfucurá. En octubre de 1859 los salineros están resueltos a malonear el pueblo fronterizo de Mulitas, hoy 25 de Mayo. Al ser alertado sobre la inmediatez de las fuerzas indígenas, el pueblo alteró su tranquilidad la que se convirtió en desesperación. El Padre Francisco Bibolini, italiano “impulsivo de espíritu arrebatado y desbordante” resolvió salir al encuentro de los amenazantes y dialogar con el jefe indio.

No sabemos qué hablaron pero sí es cierto que las fuerzas indígenas entraron al pueblo en paz, fueron regalados con extensa largueza, pernoctaron en el pueblo y salieron tan en paz como habían entrado. De ese encuentro, nos ha quedado la litografía que presento en esta fotocopia de la lámina XV del libro Loncahué de John Magüire .

Un artículo titulado“Un homenaje al cura Bibolini”aparecido en un periódico “Argentino” de La Plata, en 23 de noviembre de 1930, presenta el cuadro con el siguiente epígrafe : “Esta lámina es reproducción de un cuadro existente en el Club Social de 25 de Mayo, obra de Verneiz Riverieux, representando la escena del pacto del cura Bibolini con el emperador de las pampas, el cacique Calloncurá [sic], que dio pié a la fama del primero” ( atención personal del Lic. Miguel José Ruffo, Jefe del Departamento de Investigación del Museo de Historia Nacional).

El respetable artículo de Horacio Guido en Todo es Historia, Nº 5, 1967, 56-61, “Calvucurá y el cura”   dice que Bibolini salió al encuentro de Calfucurá “montado en un tordillo bichoco, sin apuro y sin miedo”. El autor del artículo no da la fuente de su referencia pero es indudable que el autor del cuadro no pensó lo mismo. No sólo montó al sacerdote en un regio caballo sino también vistió a Calfucurá con un uniforme que nunca usó. Y es más, el caballo del sacerdote es blanco y el del jefe indio es negro, el sacerdote sin ninguna defensa más que su fe y el cacique armado con instrumentos mundanos ¿Quiso el dibujante representar el encuentro de “ El Bien y el Mal” según el imaginario cristiano?

No puedo dejar de citar un párrafo de Guido en el que graciosamente comenta : “Sólo con imaginación se podría suplir el contenido del parlamente realizado por personajes tan dispares y estrafalarios. Es de suponer que ambos parlanchines ilustres habrán mezclado sin recato y hasta con crueldad el araucano con el español acocolichado y a Dios, con las vacas, la pampa, el infierno y la ginebra...”

En 1773 murió Calfucurá. Aun en su agonía cumplió con su palabra - aunque se puede pensar que sólo haya sido para salvar a su gente de un conflicto con los blancos- porque, agonizante llamó al capitán Solano, quien estaba en sus tolderías para llevarse algunas cautivas rescatadas, y le dijo que huyera con las cautivas inmediatamente, antes de que muriera para que no las maten...y dio sus órdenes al respecto. La orden fue muy oportuna porque apenas su gente confirmó la muerte del cacique, salieron guerreros a parar la salida de Soriano y las ex –cautivas a las que no pudieron alcanzar.

En sus funerales, ninguna de sus 32 esposas fue sacrificada, sólo cautivas y los mejores caballos ofrecidos por los caciques y jefes subalternos como suprema manifestación de duelo. ¿Por qué no se sacrificaron las esposas como corresponde a lo que en Antropología llamamos el sutee, una manifestación cultural tan importante? No lo sabemos....tal vez el mismo Calfucurá intervino también es este cambio el que ya había anticipado al pedirle a Soriano que salga rápido con las cautivas rescatadas; tal vez el sutee   ya habría cambiado en su contenido básico comparado con el de Painé en 1844.

Pero....¿Murió Calfucurá?

Al comienzo del artículo sostuve que iba a citar a personas que hayan conocido a Calfucurá o hayan coexistido cercanamente en su tiempo. Ahora citaré a indígenas de 1940 ¿Estoy saliéndome de lo prometido? No, me sostengo en lo que anuncié porque los indígenas de 1940 lo conocen personalmente ¿Personalmente? Sí, y es más. Tienen una concepción histórica de él no como leída en documentos o hablada en leyendas sino como presencia real y de ahora. Ahora, todavía, Calfucurá está presente ¿Cómo? Veamos.

Mapuches argentinos, en esos años, le decían a Berta Koessler-Ilg folklorista alemana a quien los indígenas llamaban “la araucana blanca”, residente en San Martín de Los Andes, lo siguiente:

“ Cuando murió Calfucurá en 1873 sus amigos juntos, llenos de temor, abrieron su cuerpo. Hallaron dos corazones que seguían latiendo alegremente, que no podían morir y que seguramente laten debajo de la tierra, llenos de vida y fuerzas eternas y que, tal vez por eso, la tierra tiembla a veces...los corazones siguen latiendo bajo la tierra para volver en ayuda de los araucanos, a conducirnos a la victoria final” ( Tradiciones araucanas, Instituto de Filología, Facultad de Humanidades, UNLP, 1962, p 239)

Como digo en mi trabajo citado(1999): “Algunas biografías no tienen final...y eso es como un silencio que lo dice casi todo”.

 

 


NOTAS:


[1] Espero que nuestros visitantes hayan visto en esta presentación tanto las obras de arte que yo vi como las obras de manipulación periodística que, tal vez con buena voluntad, guían al lector a conocimientos definitivamente erróneos. Todas y cada una son dependientes y a su vez contribuyen a formar imaginarios que al parecer están muy relacionados con las épocas históricas por las que ha pasado nuestro país.

[2] Agradecimientos: A varias personas les debo algo en la confección de este capítulo. Quisiera nombrarlas a todas pero seguro que me olvido de alguien. De todas maneras mi agradecimiento está. Recuerdo el amable servicio de Documentación del Museo de Bellas Artes; a la señora Sandra Miguel, directora de la biblioteca del Museo de La Plata ; a los solícitos empleados de la biblioteca del Museo Etnográfico de la FFYL- UBA ; a la referencista Rosa Bloto del Museo Histórico Nacional; a la fotógrafa Graciela García Romero frustrada porque no pudo hacer su trabajo con las láminas coloreadas de Bouchet porque el libro se extravió mientras yo lo estaba trabajando y la profesora Norma Sosa con quien, entre e-mail y e-mail, fui argumentando sobre mi trabajo.

[3] El dibujo de Baigorrita, también de Capdevila pero algo retocado, lo extraje de la página web Especiales de Historia Regional, Indios Ranqueles por Carlos.Mayol Laferrere : www.ranqueles.com/historia_regional/indios_ranqueles.html

[4] En alguna bibliografía se dice que hay un dibujo de Baigorrita en el Museo Histórico Nacional hecho por Ignacio Paez. No sólo no es un dibujo de Baigorrita sino del coronel Baigorria, sino también que es propiedad del Museo de Bellas Artes y su autor es Ignacio Baz.

[5] Sabemos que Zeballos contaba con un manuscrito de unas 150 páginas, de autor anónimo que cubría la historia de la "nación Llaimache" ( la parcialidad de Calfucurá llamada así porque el cacique había nacido cerca del volcán Llaima, en Chile) entre 1833 y 1861. Aun ahora no se sabe a ciencia cierta quién fue el autor aunque se opina que es Avendaño, cautivo entre los ranqueles entre 1842 y 1849. Yo me atrevo a pensar que por el estilo de la prosa y por el hecho que narra este párrafo de Zeballos, no fue extraído de Avendaño.

[6] Fíjese bien el lector que el dibujo responde a las palabras de Mansilla. En la próxima sección necesitaré de su memoria.

[7] Creo haber cumplido, en alguna forma algo particular, con presentar a los lectores “Los rostros de los últimos jefes salineros”. Vimos que con el afán de ilustrar páginas de periódicos y libros, se cometen algunas faltas que, a la postre, no sólo “desenseñan” lo que pretenden enseñar sino también ensombrecen la confianza que ponemos en aquellos medios de comunicación. Pero también podemos contemplar algunas buenas obras de arte, repasar alguna bibliografía confiable...hasta lo que yo sé, y leer algunas cartas muy significativas del poder, la determinación y las esperanzas de aquellos dos grandes caciques cordilleranos instalados en las pampas argentinas.

[8] Agradecimientos: A mi amiga, la profesora M.E.Ginóbili por su libro y los datos de Crespi Vals; al Lic.Ruffo por su comunicación personal; a la fotógrafa Graciela García Romero por su trabajo profesional lo mismo que a la Profesora de Arte Ana María Oliveiro quien me señaló posibles lugares donde husmear la obra de Martorell en mis primeras etapas de la búsqueda y a la Lic. Inés Rodríguez, empleada del Museo Roca con quien confirmé mis recuerdos sobre la identidad atribuida en el pasado al cuadro de Martorell. Al Lic. R.Pando de la misma institución quien me describió por teléfono la reproducción de aquel cuadro que tiene sobre su escritorio. A todos ellos, muchas gracias por aguantar a una investigadora tan ... ¿persistente?

[9] Aclaramos que “caimacán” es una voz árabe cuyo significado coloquial en castellano es : “persona de autoridad”. No sabemos si fue Micaela o el periodista o ambos quienes haya introducido esta palabra en el relato pero me llama la atención que Elías Arce Bastidas, en su novela histórica Señores de la Tierra, rastrillada de bárbaros, (Santiago de Chile, 1953, p 210) haya usado otra palabra árabe “trujamán”, que quiere decir “ intérprete; el que aconseja o media en el modo de ejecutar una cosa” para designar al “secretario” de Namuncurá cuando Alejandro, el personaje principal de la novela, fue atado de pies y manos y tirado en una “ruca inmunda” hasta que llegara la “sentencia” del cacique.

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 Dra. Teodora ZAMUDIO