La leyenda de Quetzalcoatl. Diego Rivera. Palacio Nacional México D.F.

       
 


       por Dra. Teodora ZAMUDIO

  

Antecedentes territoriales

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Poblamiento Prehistórico de América y de Patagonia

Lic. Gloria Iris Arrigoni

 

Prólogo

Poblamiento americano

Perspectivas y discusión final

Glosario

Bibliografía

 

Prólogo

   Este trabajo ha sido elaborado con el propósito de ser difundido entre educadores, estudiantes  y público en general con el convencimiento de que un número creciente de argentinos  y patagónicos deberíamos  conocer los procesos históricos de América y de nuestra región.

   Es nuestro principal interés que los docentes difundan las temáticas que hacen al conocimiento de nuestro remoto pasado, ya que en él se hunden las raíces más profundas de nuestra identidad cultural. Sabiendo quiénes somos podremos proyectar nuestro futuro con bases sólidas.

   En la medida de lo posible se han eliminado los términos técnicos y en los casos en que ellos están presentes (porque no es posible reemplazarlos), han sido explicados en el texto mismo o en el glosario. La bibliografía presentada  incluye no sólo a los autores citados en el trabajo sino a otros, cuyas investigaciones servirán de lectura complementaria. En su gran mayoría la citada bibliografía puede ser consultada en el Museo Regional de Rada Tilly, Departamento de Investigación.

 

Poblamiento americano

   Transitando por el año 2000 el estudio de la antigüedad del hombre en América provoca nuevas controversias. El punto es cuándo llegó y si llegó mucho más temprano de 13.000 años antes del presente. El hombre arribó  a las Américas  como resultado  final de la larga dispersión que tuvo sus comienzos hace millones de años,       cuando los más antiguos ancestros del género homo se aventuraron fuera de Africa. Ahora bien las preguntas que surgen son ¿ Quiénes fueron los primeros americanos? ¿Cuándo llegaron? ¡Llegaron a través de una o de varias migraciones? ¿Qué estrategias adaptativas* emplearon para desplazarse a lo largo de un medio-ambiente como el "Nuevo Mundo", con tanta diversidad y carente de rutas?

   Aunque no tengamos todas las respuestas a estos interrogantes, o no exista entre los estudiosos del tema unanimidad de criterios para las respuestas, lo que si se puede asegurar por el momento, es que los primeros americanos eran Homo sapiens.

   Estos llegaron desde el noroeste de Siberia cruzando el puente de Béring o Beringia, puente de tierra formado cuando aproximadamente el 5% de los vastos glaciares del Pleistoceno se congelaron, disminuyendo así los niveles de los mares del mundo y exponiendo las plataformas continentales entre Asia y América. Estaban en pleno período de glaciaciones. Estos primigenios hombres conformaban grupos o bandas denominadas cazadoras-recolectoras.

   Los cazadores-recolectores vivieron en este ambiente hace más de 11.500 años, fueron testigos de cambios climáticos  y ecológicos importantes incluyendo la extinción de 35 géneros de megafauna (grandes mamíferos) como por ejemplo, las distintas especies de  mamuts, en América del Norte y de camélidos en América del Sur. Las especies extintas de estos últimos nos dejaron sus descendientes, ellos son las llamas, las vicuñas y los guanacos.  Estos eventos señalaron el final del Período Pleistocénico*.(Ver tabla)

   Para interpretar estos cambios climáticos y el cruce del hombre a través de Beringia es necesario hablar brevemente acerca de las glaciaciones. En el Período Cuaternario, conocido también como período antropógeno, tiene lugar el evento más singular de la historia del mundo orgánico acaecido durante la última época geológica: la aparición sobre la faz de la tierra de la especie humana y de su cultura.

   Desde el punto de vista geológico este período se divide en Pleistoceno y Holoceno. Al primero se lo denomina la edad de las glaciaciones, con una duración aproximada de dos millones de años; y al Holoceno o Reciente (porque en él vivimos) edad  postglacial, a la que los geólogos hacen comenzar hace unos 10.000 años atrás.

   Las glaciaciones o tiempos de frío gélido son fenómenos climáticos que modificaron profundamente el relieve continental y constituyeron un factor decisivo en los sucesivos cambios del nivel del mar.

   Un glaciar o manto de hielo continental está formado por la acumulación de un copo de nieve sobre otro. El peso de esa acumulación comprime la nieve y se forma el hielo. El aire que una vez hubo entre los copos queda atrapado dentro de los mantos de hielo, este aire se convertirá en un elemento químico importante para los científicos que tratan de comprender los climas más antiguos. El  hielo glacial es como una masa uniforme cuyo peso y por gravedad la empujan hacia abajo, deslizándose por las laderas, como una cinta transportadora.  El clima de los alrededores afecta a la estructura de hielo dejando huellas de los climas pasados, ayudando así a los glaciólogos a conocer las edades de hielo

   La periodicidad de los fenómenos glaciales durante el Pleistoceno indica que entre una y otra glaciación hubo épocas de clima más templado, incluso hubo épocas en las que el clima era como el actual y hasta más cálido, durante el cual el glaciar iba retrocediendo, quedando libres grandes extensiones continentales que más tarde eran invadidas otra vez al producirse un recrudecimiento del frío y un nuevo avance glaciar.

   Fueron entonces estos factores climáticos muy marcados, que se sucedieron a través de prolongados espacios de tiempo lo que condujo a que se alterase el mundo vegetal y animal, y de allí que el hombre también tuvo que adaptarse al igual que las otras especies, a las nuevas formas de subsistencia que la naturaleza le ofrecía.

   Como antes se expresara durante las épocas de glaciaciones la masa de agua de los mares se reducía y con ello el nivel descendía en proporción a la masa de hielo sobre los continentes. A fines del Cuaternario con motivo de la última glaciación en América del Norte, hace unos 70.000 años, denominada Wisconsin en el Estrecho de Béring, el mar descendió  alrededor de 50 metros, a tal punto que el "Viejo Continente" (la Siberia asiática) y el "Nuevo Continente" (Alaska) quedaron unidos por una llanura de la que sobresalían unas montañas, que ahora son las islas Diómedes. Hace casi 40.000 años, cuando el mar alcanzó su nivel más bajo, entre 100 y 110 metros afloró una masa de tierra de casi 2000 kilómetros de norte a sur, conocida como Beringia, dándose las condiciones óptimas que permitieron el paso de animales y hombres del extremo noroeste de Siberia hacia América. Es decir que para estos momentos no se puede hablar de dos continentes separados, sino que están unidos por esta franja de tierra y hielo. Igualmente otro fenómeno sucedía a la par en el norte de América del Norte, durante esta época fría dos grandes masas de hielo formaron barreras naturales hacia el  Este y  el Oeste de este territorio, las cuales deben haber limitado o regulado la dispersión y las adaptaciones de los grupos inmigrantes al “Nuevo Mundo”. Estas grandes masas de hielo se conocen como glaciar Laurentiano y Cordillerano. El primero se expandió desde la bahía de Hudson hacia el sur y al oeste, en cambio el Cordillerano lo hizo desde las montañas Rocallosas hacia el Pacífico y por el este. Entre estos dos mantos glaciales habría quedado conformado un corredor libre de hielo al este de las Rocallosas, esta vía habría permitido el desplazamiento de las pequeñas bandas cazadoras-recolectoras integradas por hombres, mujeres y niños, en un hábitat extremadamente riguroso.

   La ubicación de los grupos humanos en estas áreas responde a que las bandas se desplazaban muy lentamente en busca de aquéllos animales que conformaban su dieta alimentaria, quienes encuentran idéntica situación en ambos lados ( Asia y América del Norte) ya que las condiciones eran semejantes porque presentaban las mismas características en cuanto al clima y recursos explotables. Por ello algunos estudiosos creen que más que una migración, su ubicación en América (el lado americano de Beringia) debería verse como un lento desplazamiento en hábitats similares, en donde estos grupos humanos se habituaron y reprodujeron por espacio de 4.000 años.

   Cuando nuevamente se produce el retiro de los hielos glaciares, debido a un aumento de la temperatura, la cual provoca el deshielo, el nivel del mar comienza su lento ascenso, cubriendo la zona de la Beringia que queda sumergida, desapareciendo así como territorio, quedando esta comunicación terrestre entre Asia y América interrumpida definitivamente entre los 12.000 y 10.000 años antes del presente.

   Numerosos autores adhieren a la tesis de que la llegada de los primeros americanos debe calcularse entre 30 y 40.000 años, edad propuesta sobre  la  base de los numerosos hallazgos culturales rescatados en la región noroccidental del continente (Estrecho de Béring, Alaska, Canadá y Estados Unidos) que además ratifican a Asia como la región de origen de estos pobladores.

   Una aproximación cronológica para ubicar en el tiempo el poblamiento del continente americano lo constituyen los siguientes datos acerca de los hallazgos efectuados por diferentes  investigadores: 1- restos óseos de mamuts enanos, que presentan indicios de haber sido sometidos al fuego, ubicados en la isla de Santa Rosa, frente a las costas del sur de California. Su fechado radiocarbónico (C.14) arrojó una antigüedad de 29.000 años. 2- Una tibia de caribú sobre la que se confeccionó un raspador*, hallada en el territorio del Yukón, Canadá, con un fechado por C.14 de 27.000 años. 3- un cráneo encontrado en la ciudad de Los Angeles, fechado a través del método de los componentes proteínicos del hueso, con una antigüedad de 23.600 años. 4- Los restos óseos correspondientes a una pelvis de bisonte que presenta evidencias de haber sido cortada por un instrumento de filo, hallada en el sitio American Falls en el estado de Idhao, con fechado aproximado de 30.000 años radiocarbónicos. 5- Otros sitios con diversos hallazgos fechados por C.14, arrojan antigüedades mayores a 38.000 años.

   Sin embargo estas fechas no son compartidas por otros investigadores, quienes argumentan la poca confiabilidad del contexto arqueológico, y plantean que los restos humanos más antiguos de Norteamérica, son los pertenecientes a la tradición de caza mayor de las praderas, fechados por radiocarbono, entre 13.000 y 11.000 años.

   Más allá de esta controversia acerca de cuándo llegaron los primeros americanos vale la pena destacar  que este proceso tardó miles de años, pues los primeros pobladores al ser cazadores-recolectores eran  de desplazamientos lentos, sobre todo cuando el ambiente les brindaba  variedad de recursos explotables, y que cuando la presión en la obtención de los alimentos se hizo  sentir, éstas bandas se vieron obligadas a iniciar su recorrido a lo largo del continente. Cuando comenzaron a penetrar hacia el sur, debió surgir ante ellos una serie de nuevos ambientes con climas, floras y faunas desconocidas, a cuya explotación debieron  ir adaptándose.

   Socialmente estaban organizados en pequeños grupos familiares (grupos de subsistencia” que en oportunidades se reunían en bandas u hordas, probablemente emparentadas entre sí y sin ninguna otra autoridad formal que la ejercida por el jefe de la familia. Mantenían una cultura material reducida a las mínimas necesidades de supervivencia debido a su continuo desplazamiento, en busca del sustento, marchando tras las manadas que huyen por la acción depredatoria y que suelen migrar con los cambios de estación o debido al clima cambiante. 

   Por su propio carácter de nómada, la gente de entonces no llegó a levantar construcciones arquitectónicas. La vivienda dependía más de lo que le ofrecía la naturaleza (por ejemplo: cuevas, abrigos rocosos) que de otra cosa.

   Las herramientas y las armas empleadas en esa época, estuvieron integradas, en cuanto a forma y función, a la modalidad económica cazadora-recolectora practicada por entonces para sustentarse. Su fabricación requería de una tecnología de talla especializada.

   Son  principalmente conocidos los instrumento de piedra  (las hachas, cuchillos, raspadores, y puntas de proyectil o “flechas” como las denominadas por los arqueólogos, como Folson, Clovis y “Cola de pescado”) encontrados con los restos de caza mayor (mamuts, camellos y bisontes). La técnica básica empleada en su elaboración era la percusión, mediante la cual se golpea con un martillo pétreo (percutor), a la roca escogida (núcleo) a fin de fragmentarla y obtener las formas base deseadas, como por ejemplo lascas grandes y anchas, a partir de las cuales se dará forma al instrumento deseado mediante retoques a percusión y también a presión, una variante de desbastar la piedra. Finalmente, los implementos eran afilados, dotándolos de una punta; o se les serraba en sus bordes. 

   Había además  mucha caza menor (venados, caballos, tortugas) y pesca; también la labor de recolección de productos silvestres, como nueces, frutas, granos, huevos, moluscos  e insectos, frecuentemente era de mayor impacto dietético para el grupo.

 

Perspectivas y discusión final

A pesar de contar con un cúmulo de información de primera mano acerca del más primigenio poblamiento americano, los debates aún ocupan los más distintos ámbitos académicos y hasta podría pensarse que se ha caído en una  continua controversia, como la suscitada entre los partidarios de la alta antigüedad del mismo y los escépticos que le otorgaban no más de 12.000 años antes del presente. No obstante, pareciera que en la actualidad dicha dicotomía estaría  superada con opiniones no extremas.

El develamiento de estas incógnitas es importante a fin de efectuar con mayor precisión el análisis de los procesos socioculturales del continente; es por ello que en el año 1982  el Center for Study of  The Early Man (  Centro para los Estudios del Hombre  Temprano) hoy Center for de Study of The First American (centro para el estudio de los primeros Americanos, de la Universidad de Maine, U.S.A., fue comisionado para estimular y focalizar el interés científico y político sobre dicho tema. Luego de la intensa labor desarrollada por su Director el Dr. Robson Bonnichsen, recabando una copiosa información tanto de carácter arqueológica como paleontológica de primera mano, desde Béring hasta Tierra del Fuego, consultando y entrevistando a todos los especialista dedicados al tema, visitando los sitios arqueológicos en China, México, América del Sur, incluyendo los más antiguos sitios de Patagonia, cuyos fechados arrojan una antigüedad de 13.000 años AP. y revisando más de cien colecciones y antigüedades mayores a los 12.000 años antes del presente, conservadas en museos de diferentes parte del continente, se pudo concretar en  mayo de 1989, la primer conferencia cumbre sobre el poblamiento de las Américas. A dicha reunión fueron convocados investigadores de opiniones  disímiles y de varios países de América y Asia para discutir en cuatro distintas áreas centrales: arqueología, antropología física, lingüística y nuevos avances metodológicos. Las conclusiones a las que arribaron aceptan en primer término volver al paradigma de la alta antigüedad del poblamiento americano en los siguientes términos:

Es altamente probable que el hombre habitara en América del Norte en algún momento cercano a los 25.000 o 20.000 años antes del presente. Asimismo es probable que el arribo de los primeros grupos a América del Sur se haya efectuado hace unos 15.000 años atrás.

Los primeros grupos humanos fueron cazadores-recolectores  de amplio espectro  procederían del este de China y de Siberia centro oriental (región de los Montes Altai, lago Baikal y cuenca del Aino. Sus tecnologías eran unifaciales (trabajaban sus utensilios en una sola de sus caras) y practicarían otros tipos de estrategia de caza  (por ejemplo: empantanamiento de grandes animales, entrampamiento, etc.) que los inferidos para los grupos posteriores (con puntas de proyectil que implican lanzas, dardos y lanzaderas).  La eficacia  adaptativa de dichos grupos que llamaremos colonizadores debe buscarse no en el tipo de proyectiles que utilizaron, sino en la alta movilidad desplegada dentro del extenso mosaico ambiental que se presentaba a fines del Pleistoceno tardío en el extremo occidental de Norteamérica, con áreas de sabanas estepáricas, refugios de bosques y cuencas lacustres.

Nuevos estímulos de gente procedente de la región austral de los Montes Urales, cazadores de animales de manada, con tecnologías bifaciales se establecieron en la región noreste de Siberia hace unos 18.000 años antes del presente, dando lugar a la tradición cultural local Diuktai.

Grupos de dichos cazadores pasaron por Beringia hacia Alaska hace unos 16.000 años atrás, cuando existía el puente terrestre y ya había comenzado el retroceso de los glaciares. Las posibilidades de tal pasaje son amplias debido a que eran personas adaptadas, igual que sus antecesores a condiciones ambientales muy rigurosas, casi extremas, típicas de la estepa y taiga siberianas durante las glaciaciones cuaternarias. En segundo término encontraron en Alaska condiciones ambientales similares a la de sus lugares de origen y en tercer  lugar América presentaba una rica biomasa animal como para atraer la atención de esos cazadores.

Esta gente impactó en los grupos preexistentes, como resultado pudieron cambiar sus tecnologías instrumentales y sistemas de relación con el medio.

Ambos grupos originaron, ya en territorio americano las diferentes tradiciones tecnológicas orientadas a la caza de grandes mamíferos extinguidos a) de puntas de proyectil acanaladas, tipo Clovis y Folsom;  b) de puntas lanceoladas, tipo Cascade (ambas en Norteamérica); c) de puntas lanceoladas hoja de sauce, d) de puntas “cola de pescado”,  e) de puntas espigadas (éstas últimas originadas localmente en Sudamérica). (Ver lámina)

La posterior diversificación cultural operada en América fue producto de la expansión de estos pioneros en los diferentes ecosistemas del “Nuevo Mundo” y las readaptaciones que en cada uno de ellos se fueron dando del juego dialéctico entre los hombres y sus entornos.  (ver concepto de adaptación en el glosario) (Miotti, L. Ms.)

POBLAMIENTO PREHISTÓRICO DE PATAGONIA

Introducción

La Patagonia, extremo sur del continente americano, comenzó su proceso poblacional, hace aproximadamente 13.000 años A. P., .

Grandes masas de hielos, o glaciares, cubrían amplias extensiones en el área de cordillera y al sur de continente, permaneciendo Tierra del Fuego, unida a éste.

Pequeños grupos humanos, o grupos de subsistencia, conocidos como cazadores-recolectores, de acuerdo a su modo de vida, comenzaron a explorar estos nuevos territorios en busca de alimentos, cazando y recolectando lo que el inhóspito suelo les brindaba.

Estas primigenias sociedades prehistóricas, eran descendientes de aquellas otras bandas, que desde Asia, en sucesivas oleadas, cruzaron por el estrecho de Béring, hace aproximadamente 35.000 años.

Aquí dejaron de ser asiáticos, para transformarse en amerindios o americanos, y algunos miles de años después, sus sucesores se convertían en los primeros Patagónicos.

Aquí como allí, fueron ocupando una variedad de espacio, a través del tiempo.  Primero “explorando”, luego “colonizando”, y finalmente “colonizando efectivamente”, de manera multidireccional, la mayoría de los distintos ambientes de esta aún hoy misteriosa región.

A la luz de lo anteriormente dicho  acerca del primigenio poblamiento de América vale la pena insistir que para conocer y comprender  el Poblamiento Prehistórico de Patagonia es necesario identificar  al tipo de sociedades que produjo tal poblamiento. Estas sociedades fueron las denominadas cazadoras-recolectoras.                       

Dichas sociedades se caracterizan por ser "no- productoras de alimento", es decir que su economía se basa fundamentalmente en las actividades de matanza y/o apresamiento de animales, y recolección  de frutos silvestres ya sean éstos de origen tanto animal como vegetal , tanto marinos como terrestres.   

El cazar y recolectar implica desarrollar actividades extractivas: se explotan los frutos de los ecosistemas marino y terrestre, sin generar otras acciones por las cuales se efectúe la devolución de lo extraído. Dicho de otra manera, no se produce ni devuelve lo que se extrae o explota para la subsistencia humana.

Numerosas son las causas de que ello sea así. Sería imposible en el marco de este trabajo, evaluar la totalidad de ellas. Simplemente diremos que el ambiente patagónico con el cual interactuaban nuestras sociedades cazadoras- recolectoras, les presentaba fuertes limitantes al no brindarles la posibilidad de que pudieran practicar la producción de los productos explotables, por lo cual continuaron toda su existencia llevando a cabo acciones predadoras.

La economía de caza y recolección implica también contar con una explotación caracterizada por  un amplio conjunto de recursos y con una movilidad de tipo estacional, lo cual significa que de acuerdo con estación del año se trasladan de un ambiente a otro (Borrero, 1994-95: Nami, 1994)

Los recursos de origen silvestre es decir, no producidos por la mano del hombre, se constituían en proveedores de materia prima. Otra limitante a este sistema consistía, en que si bien es cierto que la localización en el espacio geográfico de los recursos podía y de hecho, era predecida por el aborigen, no así su abundancia. Pues no debemos olvidar  que estos hombres interactuaban con ambientes muy variables a corto plazo. (Nami, 1994) La Patagonia, en gran parte de su extensión constituye un desierto, por ende en él se producen sequías no predecibles. Estas afectan la disponibilidad de los recursos. Por lo tanto las fluctuaciones imprevisibles en las condiciones ecológicas y económicas llevaban a que estos grupos debieran explotar diferentes ecosistemas ambientales. Ello debió suceder con cada cambio ambiental de relevancia acaecido en la Patagonia.

John Woodburn ha definido a las sociedades cazadoras - recolectoras desde un punto de vista antropológico  “... aquéllas en las cuales la gente obtiene su comida de productos silvestre por caza de animales, por pesca y recolección de raíces, frutos y la miel de abejas silvestres” ( Woodburn, 1982: 432, en Nami, 1994:90)

Resumiendo podemos decir que no existen en el mundo dos sociedades cazadoras-recolectoras iguales, existen más diferencias que semejanzas entre ellas, aunque en líneas generales todas basen su subsistencia en la caza y la recolección. (ver concepto de subsistencia en el glosario)

El modelo o paradigma mayormente aceptado en nuestros días acerca del poblamiento prehistórico de Patagonia ha sido presentado por el Dr. Luis A. Borrero y es el que seguiremos en líneas generales de aquí en adelante a fin de presentar un panorama más detallado de la Prehistoria de la región patagónica.

Borrero (1994-1995) plantea un modelo de movilidad de flujo lento, en el que no se considera una migración (poblaciones humanas moviéndose en un mismo sentido), sino a poblaciones  que  se  mueven  en distintas direcciones, momentos y condiciones (Lanata 1993). Así considera que el poblamiento de una región de un espacio deshabitado se debe “...a un grupo cultural homogéneo moviéndose a través de distintas áreas ecológicas. El avance opera por la lenta ampliación de los terrenos de caza, la lenta ocupación de nuevos sectores del espacio, por la formación de nuevas bandas y sobre todo por un proceso de saturación del espacio circundante disponible”.   

Este proceso de saturación, si se toma en cuenta a nivel regional, se va produciendo en diferentes direcciones, y no necesariamente ni sólo hacia el sur, aunque si podría haber un vector hacia el sur a escala macro es decir continental.

Más adelante Borrero expresa que el poblamiento puede verse como un proceso en el cual habría que tratar de... “percibir los cambios entre diferentes sistemas adaptativos que serán el resultado de diferentes niveles de interacción, con el espacio, los recursos de subsistencia y con otros sistemas adaptativos” Así el análisis de la adaptación humana debe ser flexible y se debe dar prioridad al estudio de las estrategias adaptativas” * (Borrero 1988 :250-251 ; y ver 1983 :18-19). La elección de los asentamientos se basaba en la jerarquía de los espacios, la cual debió “...relacionarse con la productividad de los ambientes y, sobre esta base, puede postularse que entre las zonas habitadas quedaron  varios sectores vacíos” (Borrero 1989-90 : y cf Butzer 1988). Concretamente en este modelo Borrero propone la existencia de tres fases, para la ocupación de un determinado espacio deshabitado. Ellas son : 1- Exploración; 2- Colonización; y 3- Ocupación efectiva o Estabilización (Ver Borrero 1994-95) Cada una de las nombradas fases implica diferentes pautas de movilidad y de estrategias adaptativas, lo que a su vez va a permitir determinar distintas visibilidades y resoluciones en el registro arqueológico. Debido a ello cada fase puede ser investigada con diferentes metodologías.

Desarrollo del modelo de  Luis A. Borrero

(Por las características del presente trabajo, el cual está destinado fundamentalmente a educadores no especialistas en arqueología, el citado modelo de poblamiento patagónico ha sido resumido y se han obviado las  cuantiosas citas de autores que presenta el original. Asimismo cualquier error de interpretación en el que even-tualmente  pudiere haber incurrido es de entera responsabilidad de la autora de esta publicación.)

Concepto de Exploración:

De acuerdo a Borrero, op cit., “exploración” se refiere a la llegada inicial de los grupos humanos a una zona deshabitada. Implica movimientos de individuos o de grupos de ellos utilizando las rutas naturales que presentan menores dificultades en su tránsito. Estas personas y /o grupos efectuarían sucesivas reinstalaciones en las zonas elegidas, pero muy separadas en el tiempo. Debido a estas características no resulta fácil a los investigadores reconocer a primera vista los sitios arqueológicos correspondientes a esta etapa. 

 

ETAPA DE EXPLORACIÓN

De acuerdo a Borrero, (op cit.) no es esperable que el registro arqueológico de una etapa de exploración, para la cual se espera una escasa redundancia en el uso del espacio, esté seguido inmediatamente por evidencias de colonización. Hay sectores de la Patagonia  que fueron tempranamente explorados por poblaciones humanas, y otros se exploraron muy tardíamente, ya  que enormes  extensiones permanecieron desconocidas durante mucho tiempo.

Es probable que se evitaran las zonas de alta exposición a presiones naturales, como los macroambientes muy secos, los de alta exposición a enfermedades, o los expuestos a estacionalidad muy extrema, como los cordilleranos. Por otra  parte,  también es defendible que ciertos ambientes pudieran ser explorados sin llegar a ser colonizados, lo cual implica que se trata de distribuciones humanas periféricas con respecto a los centros poblados, con extensas zonas probablemente vacías entre poblaciones.  Estas  condiciones propician el llamado “efecto fundador”, creador de cambio no direccional.

Este cambio puede ser exitoso, y hacer crecer una  población, o puede incluir la extinción, sin dejar mayores trazas arqueológicas. Pero aún en el caso exitoso la  etapa de  exploración   puede ser irreconocible en el registro arqueológico, y sólo puede ser detectable la etapa de colonización que se representará como una  aparición súbita de materiales.

Debe pensarse en procesos de exploración a largo plazo y no en eventos ocurridos  en el lapso de  una generación o poco más. Este es el modo de dispersión más conocido para cazadores-recolectores. Por supuesto que las actividades de  subsistencia  básicas - abastecimiento de agua, leña, alimentos, rocas - se pueden resolver dentro del lapso de una generación, pero el conocimiento de los ciclos de un territorio requiere mucho más tiempo; lo cual implica manejar las fluctuaciones  periódicas en la disponibilidad de recursos, en la  aparición de eventos catastróficos  (vulcanismos, inundaciones, etc.) y en los ciclos climáticos, para tener una medida  de los riesgos a que normalmente se puede ver expuesta  una  población.

 

La  exploración temprana  

Exploración de la estepa

Continuando con el modelo propuesto por el citado autor, los paisajes esteparios son muy variados, y fueron explotados con poca intensidad  desde el Pleistoceno superior, cuando una  estepa fría sin arboles  dominaba entre los  50º y los 54º S con presencia de bosque en latitudes más sureñas. La retirada de los hielos pleistocénicos se remonta a unos 14.000 años A.P., aunque hace 10.000 años todavía había hielo presente en el Estrecho de Magallanes. Entre los 9.000 y 6.500 años A.P. hubo algo más de humedad, y eso aumentó las posibilidades para la instalación humana en ambientes esteparios.

Grandes  porciones de la  zona  de estepa patagónica se encuentran a una altura de 1.000 msnm. Se  trata de los ambientes de meseta, que desde un punto de vista ecológico  son semidesiertos. Fueron poco habitados, excepto en tiempos más benignos que el actual, y casi exclusivamente  en verano. Las evidencias arqueológicas se refieren casi exclusivamente a tiempos tardíos, y siempre se trata de ocupaciones  que parecen funcionalmente específicas. Probablemente la  forma más eficiente de explotar estos ambientes  implica una instalación planificada  en la región, que permita el movimiento hacia y desde zonas  de alto riesgo. Las zonas  no son homogéneas, y las variaciones se correlacionan con la  altitud.

Las evidencias de ocupación humana antigua  se concentran en los  bajos, valles y cañadones, a veces muy separados  entre sí, lo cual implica que esos  ambientes de meseta, aunque no habitados, eran habitualmente  circulados por grupos humanos.

La Cueva de las Manos, (Gradin et al. 1979) es  uno de los sitios mejor trabajados. Se ubica en la cuenca superior del  Deseado, en la precordillera, a  88 m sobre el nivel del río.  Su primera ocupación está fechada en unos  9.300 años A.P. Allí hay cabezales líticos  triangulares  y artefactos con retoque  marginal asociados principalmente con huesos de guanaco. De acuerdo a los análisis de una serie de variables, como dispersión vertical de materiales y de  fechados radiocarbónicos, más la  baja  frecuencia de hallazgos, se pudo determinar cortos eventos de uso de la cueva, no demasiado separados en el tiempo, entre  sí.

También en la región noroeste de Santa Cruz se encuentra la  Cueva Grande de Arroyo Feo, (Aguerre 1981-1982) donde se distinguen evidencias  de por lo menos tres ocupaciones difíciles de separar entre sí,  por lo cual se las  trató  globalmente. Su ocupación pudo relacionarse con episodios  de  trozamiento de guanaco y con otras  funciones - no contemporáneas entre sí -. A diferencia de otros sitios de la región, se localiza en un lugar de fácil acceso a  la meseta, sin perder las condiciones de abrigo ofrecidas por los cañadones, las evidencias de ocupación de las capas más antiguas muestran una asociación de huesos de guanaco, ñandú, roedores y aves.

Asimismo, en la Cueva 3 de Los Toldos, (ubicada en la meseta central, a 40 km. hacia el sur  del curso medio del río Deseado), en el nivel 11, fue recuperado un conjunto de materiales líticos  y óseos  asociados, que incluyen fauna extinta  y moderna, con datación radiocarbónica  de 12.600+/- 600 A.P.  En depósitos de por encima del nivel 11, en la  Cueva 3 y en la base de la  Cueva 2 se hallaron cabezales líticos  triangulares (posibles puntas de proyectil) y artefactos de lasca, de gran tamaño, junto con restos de Lama (Vicugna) gracilis, Hippidion sp., Rheidae y guanaco. Estas cuevas, alineadas  en un cañadón, varían de tamaño y exposición. Allí fueron identificadas  cenizas volcánicas  procedentes de una antigua erupción del volcán  Hudson, depositadas después del 4.850 A.P.  

No todas las cuevas  presentan evidencias  de ocupación en el Holoceno temprano, lo que avalaría la hipótesis de la  poca intensidad en el uso de la zona.

Con excepción de los materiales atribuidos al denominado “Nivel 11” los restantes   depósitos comentados se incluyen dentro de la unidad cultural más comúnmente conocida como “Toldense”, que se caracteriza  por una tecnología de lascas que produce artefactos con escasa estandarización, en la que predomina el retoque marginal  incluyendo muy pocos  artefactos  líticos de talla bifacial y  pinturas rupestres que representan negativos  de manos y siluetas  de guanacos.    

 La multiplicación de los sitios atribuidos a esta unidad, es posterior a  una mejora climática, a la que las poblaciones humanas pudieron  haber respondido. En todos los casos es difícil separar “exploración” de  “colonización.” 

Las ocupaciones de la estepa  siempre son poco intensas, y se traducen en  tasas de depositación de artefactos sumamente bajas, lo que implica que los sitios estuvieron desocupados  casi todo el tiempo.

Más al sur, también inmerso en un paisaje de altiplanicies áridas se ubica la Laguna  Blanca, donde hay varios aleros que en su mayoría,  contenían material arqueológico redepositado. Allí se encuentra el sitio de Cañadón Leona, que de acuerdo a la historia glacial, la cueva estuvo disponible para ser ocupada después de una recesión de la laguna, durante el Holoceno temprano. Por lo tanto, los investigadores opinan que los primeros habitantes  de la región no tuvieron acceso a la  cueva, la que estaría en formación por la acción del oleaje de la laguna.  En este sitio, se recuperaron 579 bolas de boleadoras,  que pueden relacionarse con una estrategia de caza de aves en lagunas.

En el curso medio del Río Chico se encuentra la zona de Pali Aike. Allí la cueva homónima se ubica en el interior de un cráter, donde la ocupación se registra por encima de cenizas volcánicas. En este sitio se recuperaron huesos rotos y quemados de Hippidion sp. y de Mylodon darwinii (megafauna extinta) junto con algunos artefactos líticos. El fechado radiocarbónico efectuado sobre huesos de caballo y mylodon arrojó una antigüedad de 8.639 +/-450 años antes del presente. Se rescataron también restos humanos cremados, probablemente asociados a fauna extinta.  

En la zona arriba nombrada se halla ubicada la cueva Fell sitio que suministró la información básica sobre la que el investigador norteamericano Junius Bird en 1956, construyó la secuencia cultural más utilizada en Patagonia para comprender los materiales arqueológicos del extremo sur de Sudamérica. La ocupación más antigua de esta cueva se caracteriza por una asociación entre mylodon, Hippidion sp. (caballo americano extinto) y guanaco, y puntas de proyectiles conocidas como “cola de pescado”, litos o rocas discoidales de lava y gran número de raederas. Dichas ocupaciones han sido fechadas por radiocarbono (C14), entre 11.000 y 10.000 años atrás. 

A 50 km. al norte de Pali Aike, en la cuenca del río Gallegos se encuentra la cueva Las Buitreras, donde en la capa 7 se recuperaron escasos materiales líticos  con muy poca  formatización, asociados con huesos de Mylodon listai, guanaco, zorro extinto y dos molares de Hippidion. También se hallaron  excrementos humanos que contenían restos digeridos de plantas, lo cual informa acerca de un componente vegetal en la dieta humana. La ocupación de esta cueva  es anterior a 7.000 años. A.P.

En el istmo fueguino se localizan los sitios Marazzi y Tres Arroyos, en las actuales zonas de estepa graminosa, desarrolladas sobre acarreos fluvio-glaciales.  La primera ocupación de Marazzi está fechada alrededor de 9.500 años A.P.

El sitio Tres Arroyos está a 30 km. al noroeste de Marazzi, con dataciones más antiguas. En el nivel VI hay restos óseos acumulados en una matriz de origen fluvial, que incluyen una rótula de Hippidion sp., sin claro significado cultural. El nivel V, más arriba fue datado en 11.880 +/- 250 y 10.280 +/- 110 años AP. Este nivel presenta algunos  restos de fauna asociados a variadas lascas líticas, un fragmento de raspador en basalto y un probable cuchillo. La fauna incluye aves, roedores (algunos quemados), zorro extinto, caballo fósil, y camélido. Los dos últimos casos presentan  huellas de acción humana sobre ellos.

Los ambientes costeros, en general,  debieron ser fuertemente atractivos en los primeros tiempos del poblamiento patagónico, pero existen pocas evidencias de su uso en tiempos tempranos. En Tierra del Fuego, el sitio de Marazzi, junto con otros que no están muy lejos de la costa, no muestra ninguna evidencia de explotación intensiva del mar, aunque es poco clara la distancia a que pudo estar  el mar en tiempos de la ocupación, cuando aún no existía el estrecho de Magallanes. Por otro lado, no se tiene un conocimiento más profundo de la explotación de los recursos marítimos en el límite Pleistoceno/Holoceno porque esas fajas costeras están actualmente cubiertas por las aguas.    

Exploración de ambientes boscosos

El poblamiento humano en los ambientes boscosos es relativamente antiguo. Por ejemplo el borde boscoso occidental de la Patagonia fue explotado regularmente desde los primeros tiempos. Aquí la explotación estacional fue uno de los mecanismos más utilizados, lo cual posibilitó procesos de expansión y contracción en todas las zonas limítrofes con territorios de marcada estacionalidad.

En los ambientes boscosos, a diferencia de la estepa, el agua no es un limitante tan importante; lo que permitió que los bosques productivos, como los del norte, hayan sido recurrentemente explotados, sin necesidad de reiteración específica en el uso de espacios limitados. Se trata de ambientes sedimentarios, donde los asentamientos son más difíciles de reconocer. Ejemplos de explotación de ambientes de bosque en épocas temprana lo constituyen Cueva del Medio ( sur de Santa Cruz) donde se registraron ocupaciones centralizadas en la explotación del caballo fósil, mylodon y guanaco, utilizando cabezales líticos (puntas de proyectil?)  La Cueva del Mylodon presenta también ocupaciones humanas poco intensas fechadas alrededor de los 8.000 años atrás. La cueva Lago Sofía 1, ubicada al norte de la anterior, presenta una asociación de mylodon, caballo fósil, guanacos y artefactos cuyos fechados rondan los 11.000 años AP.

 

Patagonia en el marco continental de  Sudamérica

Según Borrero (op cit.), en Sudamérica, los ritmos de poblamiento fueron muy variados, en concordancia con las diferentes facilidades de inserción para poblaciones humanas ofrecidas por distintos ambientes.

En el caso de Patagonia no se trató de un proceso continuo, ya que la estructura de los recursos de subsistencia, asociada con la escasez de redes hidrográficas, no lo hubiera permitido. Esto posibilitó que algunas poblaciones se hayan extinguido o no hayan continuado con el proceso luego de intentos fracasados de colonización.

Según modelos computarizados se sugeriría que la continuidad biológica de una población dependería de la instauración de una red interconectada de por lo menos 400 individuos. Por lo que una población que funcionara alrededor de esta cifra, estaría  expuesta  a la extinción.

A fines del Pleistoceno, con la retirada de los hielos iniciada alrededor del 14.000 A.P., se producen una serie de mejoras climáticas. En este período se pudo realizar un proceso de "exploración" condicionado por una geografía en acelerado proceso de cambio. Así se pudieron haber producido dos stocks genéticos, uno sobre la vertiente del Pacífico y el otro sobre la Atlántica. A partir de los 51º de latitud S, la cordillera deja de funcionar como una barrera, siendo allí donde ambos stocks pudieron estar en contacto. (Cocilobo y Guichón 1991).

De acuerdo con los análisis biológicos, el modelo de poblamiento para esta época sería de flujo lento. En esta etapa de exploración, se alterna la ocupación humana de los espacios, con carnívoros y otros animales, dada la baja redundancia ocupacional . Se demostró que las cuevas con evidencias humanas más antiguas fueron ocupadas antes, durante o después por carnívoros, incluyendo tanto especies extinguidas como la pantera patagónica y el zorro extinto, y modernas como zorro gris, zorro colorado, puma etc.

Por otro lado, el paso del Pleistoceno al Holoceno, implicó un proceso de extinción de un conjunto faunístico, el cual incluía a varios animales cuyos restos se han registrado en asociación con artefactos en distintas cuevas patagónicas. Esto sugiere que los pobladores humanos constituyeron otra de las causales que unidas a las ambientales ocasionaron  la extinción de estas especies.

                  

La exploración tardía

Exploración de los límites occidentales de la estepa: el bosque, las montañas y los mares interiores

Continuando con el modelo de Borrero (1994-19959 según los registros analizados, la secuencia climática del Holoceno en Patagonia es relativamente monótona, con total tendencia hacia la aridez, que se manifiesta en un incremento del porcentaje de polen de Ephedra sp. a partir del 6.000 A.P. En contraste con este dato, se manifiesta una historia de fluctuaciones climáticas de grado más marcado en las zonas cercanas a la Cordillera. Pero en general, después de 5.000 AP. se fijan los límites de los ecotonos bosque-estepa.

Algunos sectores de los lagos cordilleranos pudieron ser explorados tardíamente debido a cierta disponibilidad en algunas zonas que habían quedado libres de hielo. Se opina también que estas  ocupaciones  no fueron exclusivamente estacionales. La cuenca del río Ibañez ( Lago general Carreras / Buenos Aires) por ejemplo, con su flujo oeste-este es una vía de circulación a las pampas, en una región con un ambiente en  mosaico.  Esta zona se pudo haber usado en invierno para cazar huemul durante los períodos más benignos del Holoceno, asimismo las ocupaciones del sitio Cerro Casa de Piedra 5, cerca del Lago Posadas fueron invernales dentro de condiciones climáticas más benignas. En general, la poca intensidad de las ocupaciones sugiere un cierto uso marginal de la región, sin continuidad en el uso de esos espacios.

La cueva Las Guanacas, ( chilena) localizada en el ecotono bosque-estepa sirvió para explotar el bosque que se ubicaba por encima de la cueva, y la estepa que se desarrollaba en los pisos más bajos. Allí se han hallado artefactos en asociación con huesos de guanaco y huemul. La dispersión vertical de los materiales dentro de esos depósitos habla de usos pocos intensivos.

Otro sitio que también debe relacionarse con una etapa de exploración tardía del ambiente, es el Cerro Casa de Piedra 5, donde hay evidencias de explotación de huemul pero con el predominio del guanaco. De igual manera, el caso del Alero Dirección Obligatoria implica la explotación de guanaco y huemul, por ubicarse en una zona de tránsito de animales hacia la Meseta del Águila. Otros ejemplos los constituyen los sitios ubicados al occidente del Lago Argentino y otros Lagos cordilleranos.

En general, la utilización de los espacios periféricos con respecto al bosque apunta hacia el 3.000 A.P. 

Por otro lado, existe un reconocimiento de zonas altas como la región de Torres del Paine, donde hubo hallazgos en Río Serrano y en Lago del Toro, lo cual sugiere que las primeras ocupaciones han sido estacionales.  

Respecto a la exploración de la costa, es importante destacar su antigüedad, ya que los reconocimientos se han dado al menos desde el 8.000 A.P., según los hallazgos relativamente aislados, de moluscos o de huesos de lobos marinos en sitios del interior. Las investigaciones efectuadas en el Canal del Beagle demuestran también una antigua ocupación de la costa que se iniciaría hace unos 7.000 ó 6700 años. (Orquera y Piana, 1999)

En el oriente del Estrecho de Magallanes se dieron los primeros asentamientos, que implica a Cañadón Cóndor ( 3.725 +_ 100. A.P.), Bahía Munición (3.200 +- 450 A.P.) y San Gregorio (2.830 +_150 A.P.). Más al norte de la costa Atlántica, los datos están fechados en 3.200 años A.P. en Bahía Bustamante  y en 3.000 A.P. en Bahía Solano y 2.770 AP en "Playa Cantera de Petroquímica", todos ubicados en  la costa del golfo San Jorge.  Por otro lado, sobre la margen sur del Estrecho no hay sitios fechados, pero en la costa Atlántica de la Isla Grande  las ocupaciones   más antiguas de Punta María 2 tienen cerca de 3.000 años, y en la Isla De Los Estados hay evidencias ubicadas entre 2.700 y 1.000 A.P. Aquí, las  características de estas ocupaciones  no indican necesariamente “exploración”.

ETAPA DE COLONIZACIÓN

La etapa de colonización según el modelo arriba citado, considera un espacio que está siendo utilizado de acuerdo con principios regulares de interacción  entre poblaciones y recursos. Para que pueda efectuarse el asentamiento deben existir requisitos que hagan posible la continuidad biológica de la población. Por lo tanto, se evitan las zonas de alta exposición a catástrofes naturales, que pudieron ser exploradas, pero no seleccionadas para colonizar. (Por ejemplo zonas muy cercanas a volcanes o factibles de periódicas y grandes inundaciones)

Por otro lado, las zonas también pudieron ser explotadas marginalmente sobre una base estacional o plurianual, siendo usadas como reservorio para exploración.

En esta etapa se espera registrar un incremento con respecto a la etapa anterior sobre la variabilidad de la cultura material de estas sociedades como así también dichas poblaciones van generando procesos de cambios más rápidos debido a las adaptaciones que van efectuando sobre las condiciones locales donde se asientan.

Los indicadores más claros de esta etapa lo constituyen la mayor redundancia en la ocupación, una mayor reiteración en el uso de ciertas estrategias de subsistencia (estrategias adaptativas*), y una diferencia marcada con respecto a las ocupaciones de la etapa anterior.

Cabe destacar que en el registro arqueológico, muchas veces es la “colonización” lo primero en manifestarse, debido a la escasa evidencia arqueológica de la etapa de exploración, como sucede por ejemplo en la costa del Golfo San Jorge, donde el registro arqueológico muestra una aparición súbita de poblaciones, ya que las correspondientes a la etapa de exploración, si existieron quedaron sepultadas bajo agua.

La colonización de la estepa

En el área del Río Pinturas (Santa Cruz) ha quedado claramente demostrada la etapa de colonización mediante el registro de ocupaciones más intensivas. Allí se definieron      dos grandes unidades culturales, más comúnmente conocidas como "Toldense" y "Casapedrense" Ambos tienden a mostrar una mayor intensidad de ocupación humana. Otros sitios que demuestran ocupaciones correspondientes a  esta etapa son los registrados en la meseta central  de Santa Cruz fechadas en el 2.150 A.P., el nivel 5 de Cuevas de las Manos, Las Cuevas 2, niveles 3 y 4. Asimismo, las ocupaciones de la capa 4 del Alero Cárdenas y las del Lago Posadas.

Por otro lado, hay regiones con sitios que muestran sólo asentamientos tardíos como ocurre en el curso medio de la cuenca del Río Chubut. Allí el sitio Campo Moncada II exhibe tecnología lítica laminar en sus ocupaciones más antiguas; lo cual puede demostrar una ocupación relativamente tardía del Casapedrense, en el centro de la región. 

En los niveles inferiores de Chacra Briones, como en las capas inferiores del Alero de las Manos Pintadas (Sarmiento, Pcia. del Chubut) se registran materiales culturales de extracción "Casapedrense”. Estos lugares presentan  ciertas ocupaciones intensas con arreglos organizados del espacio interno de los sitios, característica típica en una región colonizada.  

Colonización del bosque

Las condiciones adecuadas para un proceso de colonización en las regiones boscosas se dieron a partir del 8.500 A.P., cuando hubo un notable mejoramiento climático, y cuando había transcurrido un tiempo necesario de exploración previa en algunas regiones.

En el alero Dos Herraduras Este, en Ultima Esperanza se registraron evidencias de ocupaciones relacionadas con la explotación conjunta de guanaco y huemul. Esto se relaciona con una etapa de “colonización”,  ya que la distribución del huemul se asocia principalmente con el bosque de lenga en regiones periglaciares. El cual debe haber requerido un tiempo para que las poblaciones de huemules colonizaran espacios donde el bosque se estaba instalando lentamente.

OCUPACIÓN EFECTIVA DEL ESPACIO

Borrero, plantea  que para la etapa de "ocupación efectiva del espacio" debe ser factible distinguir dos estrategias diferentes, “Ocupación estable” y “Saturación del espacio”.

La “Ocupación estable”, puede implicar un cierto grado de territorialidad. Por otro lado se observa que la distribución poblacional no fluctúa demasiado a lo largo de generaciones. Estas poblaciones se ubican bastante por debajo de la capacidad de sustento local.  El registro arqueológico de una etapa de "ocupación estable" debe constar de una sucesión de ocupaciones continuas  o separadas por hiatos pequeños y de amplitud comparable.

En cambio la “saturación del espacio” está caracterizada por situaciones muy competitivas entre poblaciones, donde se pueden incluir la posibilidad de guerras, reajustes territoriales, etc. Supone la proliferación de materiales arqueológicos, tanto agrupados en los sitios  como aislados.

La ocupación estable del espacio

La ocupación estable o de saturación del espacio, en ciertos sectores debe corresponderse con la de exploración o  colonización en otros sectores con menor capacidad de sustento. Generalmente es a partir del 6000 antes del presente cuando puede observarse algún efecto de estabilidad poblacional en algunas regiones de Patagonia. Ahora los hombres ocupan ambientes archipielágicos, boscosos y de altura.

Respecto al ambiente, no debe pensarse que este  se presente estable como el carácter que se atribuye a las ocupaciones, de hecho no existe una relación causal tan lineal entre poblaciones y variables climáticas. El clima patagónico tuvo oscilaciones constantes. El glaciarismo del Holoceno debió afectar directamente la habitabilidad de ciertos espacios cordilleranos, o de la meseta.

Es difícil pensar que en Patagonia, pueda registrarse algo parecido a un “boom demográfico”, ya que la etapa de ocupación estable es resultado de un proceso gradual. En tanto, la disponibilidad de los recursos es una variable sensible a la  densidad demográfica, por lo cual, un  proceso de ocupación gradual hace variar los valores de la misma y provoca respuestas en la estructura de la población humana. Se asocia con un posible incremento de las precipitaciones en el sur de la Patagonia con respecto al norte en el Holoceno tardío. En Patagonia, ciertos casos extremos que han ocurrido en tiempos muy tardíos, parecen provocar la saturación del espacio; pero en forma sincrónica con el uso poco intensivo de otros grandes sectores.

En ambientes secos, por ejemplo, pequeñas variaciones en la disponibilidad del agua pueden producir grandes cambios.

Las isohietas de Patagonia varían desde mínimos de menos de 200 mm al este  o en la margen norte del estrecho de Magallanes, hasta valores de más de 2.000 al oeste, en las zonas boscosas. La transición es muy abrupta , y existen localidades ubicadas muy al  oeste, como Río Pinturas que  reciben, menos de 200 mm anuales. No obstante se piensa que por lo general las zonas con disponibilidad  anual de agua han operado como concentradoras de poblaciones.

Las ocupaciones aunadas en el complejo Patagoniense,  como La Martita 4, Los Toldos 2, Alero de las Manos Pintadas, Chacras Briones, El Verano, Alero del Búho, Campo Moncada 2, Campo Nassif 1 y  Los Toldos 3, que según Aschero,1983 “no representan una única cultura sino un conjunto de rasgos compartidos por varias culturas regionales que interactúan entre sí, pero que  presentan variaciones significativas”, estarían demostrando una alta intensidad ocupacional del Patagoniense.

Respecto a la  Patagonia meridional, se observa  un panorama de gran variabilidad, relacionado con la ocupación estable de grandes sectores del espacio, que en tiempos muy tardíos pudieron llevar a: 1-  producir pequeños desequilibrios por saturación de los lugares más requeridos, los cuales en tiempos históricos llevaron a desplazamientos poblacionales. 2- a divergencias en los rasgos que constituyen las distintas agrupaciones sobre la base de barreras biogeográficas o fronteras establecidas. 3- a la aparición de rasgos independientemente de los contactos, como resultado de azar o de la selección “circunstancial”.

Así alrededor del 4.500 antes del presente se observan cambios en el registro arqueológico de la Patagonia centro – meridional.   Éstos  junto a los observados a partir de 2.000 años A.P, para sitios ubicados más al norte, estarían demostrando una unidad étnica y una continuidad poblacional , aunque seguramente el panorama debió ser mucha más complejo.  En resumen se puede afirmar que a nivel regional la Patagonia presenta  una ocupación estable, apreciada a través de la proliferación de  los sitios que han sido registrados. Dichos sitios muestran además una notoria variabilidad funcional. En  general, las concentraciones de materiales se dan al reparo de los vientos y de las lluvias, con una tendencia a que los asentamientos se ubiquen al este de paredones, en cuevas abiertas hacia el este, o en costas occidentales de las lagunas. Los sitios carecen de arreglos internos y muestran alta fragmentación de huesos de guanaco y escasa variedad  de restos faunísticos.

En el área del Río Pinturas, por ejemplo, aparece la tecnología del arco y la flecha, lo cual motivó redes de intercambio para la búsqueda de madera para arcos y de rocas especiales para proyectiles.

Se observa una marcada redundancia ocupacional, con los repositorios de agua fija o temporaria, marcando el ritmo de los asentamientos. También se registran utilización de bordes de laguna y en cráteres.

En  los sitios que van desde el Alero Entrada Baker  y Lago Argentino hasta Los Toldos y el Río Chico, se encuentran moluscos marinos que dan cuenta de los contactos con la costa.   Por otra parte, en el oriente del estrecho de Magallanes y en la Cueva Fell hay restos de huemul, que demuestra contactos con el bosque.

Respecto a los sitios de la costa, como los del Golfo San Jorge o en Punta María 2 (Tierra del Fuego), se han usado en forma independiente de la estación y el interior no se ha ocupado exclusivamente en verano.

La costa se incorpora definitivamente a los territorios usualmente explotados, y parece utilizarse independientemente de la estación, como ocurre en el Golfo San Jorge, donde  las variaciones relacionadas con la explotación de distintos ambientes eran muy grandes incluyendo lobos marinos, ballenas, moluscos fluviales y marítimos, roedores, aves, peces y plantas.

En Patagonia, otro aspecto de destacar es la introducción de la cerámica. Los estudios acerca de las vías de penetración de la misma son escasos. Por ahora  se ha observado que no existiría  ningún momento en el que la cerámica aparezca en la mayoría de los sitios, y demás está escasamente representada. En consecuencia,  se podría opinar que no  fue adaptativa y solamente se la utilizó en forma irregular para cumplir una variedad de roles como almacenamiento, transporte, prestigio, decoración, ritual etc. ; pero ninguno se utilizó para producir un incremento en la frecuencia  relacionado con un uso particular. Lo cual significa que la cerámica no ha mejorado las condiciones de alimentación entre las poblaciones que la utilizaron.

La saturación del espacio

Como ya lo mencionamos, la saturación del espacio se caracteriza por situaciones   muy competitivas entre poblaciones. Este proceso ocurrió en el norte de Tierra del Fuego a partir de 1880, cuando la introducción de las estancias comprimió a las poblaciones Selk’nam  (Onas) en el centro de la Isla Grande. Pero fue precisamente la guerra interna y las epidemias que precipitaron la extinción Selk’nam.

La alta densidad crea una serie de condiciones para la instauración de competencia, guerra y difusión de enfermedades infecciosas; y ante todo significa que la toma de decisiones debe tener en cuenta la presencia de vecinos.  

En la costa de la Patagonia se observan densidades altas de individuos en sectores de la costa del Estrecho durante el Siglo XVIII, dentro de un panorama de nomadismo. En cambio en el interior, hacia las mesetas este proceso nunca tuvo lugar.

Una de las estrategias para resolver problemas de saturación en ciertas regiones ha sido la diversificación dietética. Además, cuando resultó exitosa, sirvió para reordenar la distribución de los grupos humanos.

Esta solución requirió de zonas de refugio accesibles para que se produjera una ampliación de los rangos de acción humana que implica la diversificación.

De esta manera, concluye el autor, se puede pensar que en lapsos relativamente cortos, y con ciertas ampliaciones espaciales de diversa magnitud, una región pudo variar su capacidad de sustento en relación a la tecnología portada por los grupos humanos. Así una región pudo alternar entre etapas de “ocupación estable” y de “saturación”.

Hasta aquí el resumen del modelo de Borrero, a continuación nos parece interesan-te brindar algunos aportes al conocimiento del Poblamiento prehistórico de la costa central del Golfo San Jorge

Poblamiento prehistórico de la costa central del Golfo San Jorge

1- A los efectos de presentar en este trabajo algunas evidencias del asentamiento de grupos cazadores - recolectores en la costa central del golfo de San Jorge ( Chubut y Santa Cruz),  es necesario realizar una breve síntesis de la dinámica costera durante el Holoceno.

Alrededor del 18.000 AP se produce el máximo avance de los glaciares, debido a ello el nivel del mar se hallaba entre 100 y 120 m. por debajo del nivel actual. (Fairbrige 1961, Fray y Edwing 1963).

Durante la transición del Pleistoceno tardío al Holoceno temprano, hace alrededor de 11-10.000 AP, comenzaba también a producirse el primer poblamiento prehistórico de la Patagonia. El nivel del mar había avanzado un poco hacia el continente, pero aún presentaba cota negativas (-10 a - 20 m sensu Weiler, 1998). Es decir entonces que la línea de costa se hallaba varias decenas de metros mar adentro, y lo que hoy apreciamos como costa continental, en la zona del golfo San Jorge, formaba parte del ambiente de mesetas. La  deglaciación  del  hemisferio  Sur  produjo  una paulatina elevación del nivel del mar. Hacia el 6.500-4000AP (Codignotto et.al.1992, Radtke 1989) las aguas superaron el nivel actual, penetrando hacia el interior, de forma variable con la latitud y con  la topografía del terreno, para volver a iniciar un descenso y lograr una relativa estabilidad, hacia ca. 3000AP, en la cota actual. Los depósitos correspondientes a esta transgresión fueron identificados por Feruglio (1950), a 10 msnm, correspondiendo a la Terraza VI de su clasificación, de 6 a 12 m de altura y un máximo de 19 m. (Codignotto, et. Al. 1992; Rutter et. Al. 1989, Weiler 1998; en Otero, Lanata y Prieto, 1999).

En línea general, la costa atlántica de Patagonia estuvo expuesta a comportamientos erosivos y de ascenso terrestre relativo, durante el Holoceno. (Codignotto,1960)

Si tenemos en cuenta la dinámica del Holoceno, arriba descripta, podríamos afirmar que si la ocupación temprana (13.000-9.000) se produjo, no quedarían evidencias de ella, ya que habrían quedado bajo el nivel de las aguas. No olvidemos que en esa época el mar se hallaba a varias decenas de metros por debajo del nivel actual. (ver Orquera 1979 y Ortíz Troncoso 1980-1981).

Los fechados más antiguos conocidos para la costa central del golfo San Jorge, fueron datados en 2954+/-195 AP, para la ocupación de la capa III, del sitio Bahía Solano 16 (Caviglia et.al. 1982).

Más recientemente nuestros estudios en el área de Playa Alsina y Cerro Pan de Azúcar (zonas aledañas a la reserva de Punta del Marqués), han arrojado una antigüedad equivalente a la anterior, ya que el fechado del sitio 1 PCP, ha sido datado en 2.350-2755 años Cal. BP.( Arrigoni,1999. MS.)

Ahora bien, si analizamos la rica oferta del área de costa ( considerada como un ambiente de ecotono, entre uno marítimo y uno o más terrestres, resulta poco creíble que recién a partir de las fechas antes citadas, el hombre se haya percatado de los beneficios que este ambiente les brindaba. La suma de recursos de origen terrestre y marino, tanto faunísticos como vegetales, debió de ser siempre un atractivo difícil de soslayar. Máxime teniendo en cuenta que algunos recursos de mayor rinde, como por ejemplo el lobo marino eran  altamente predictible, y fijos como los moluscos y los peces. Borrero, (1994-95) considera que la costa debió constituir un fuerte atractivo para el cazador-recolector desde los primeros momentos del poblamiento de Patagonia.       

Los asentamientos de los grupos prehistóricos de la costa central del golfo San Jorge han sido interpretados por Borrero y Caviglia 1978; Caviglia y Borrero, 1978) como campamentos pequeños, de corta estancia, tanto de verano como de invierno, donde la dieta prevaleciente consistía fundamentalmente de mamíferos marinos, guanacos y secundariamente mariscos.  Nuestras propias investigaciones avalan de alguna manera estas posturas, sin embargo no descartamos que la costa haya sido utilizada todo el año.

El recurso crítico explotado en el sitio Restinga Alí, (Arrigoni, et al. 1991) se halla representado por el lobo marino de un pelo (Otaria flavescens) en un 56,3 %. Se destaca también el insumo de aves: Phalacrocorax sp., Spheniscus, Lama guanicoe, y otras especies de aves y mamíferos menores. Asimismo consideramos que la ingesta de moluscos y peces debió constituir algo así como "el pan nuestro de cada día".

Caracterizamos a estos grupos como bandas con alta movilidad, las cuales se fisionarían conformando "grupos de subsistencia" en invierno-otoño, fusionándose en grupos algo mayores en primavera verano (Arrigoni, et. Al, 1991; Arrigoni, et. al.1995.Ms.) Practicarían una economía mixta, explotando de forma alternativa los productos que el ambiente les brindaba, sin más restricciones que las propias de la estacionalidad de los mismos.

Autores como Menghin (1952), Caviglia y Borrero (1878), Arrigoni, et.al (1991), Castro y Moreno (1988), concuerdan en señalar la ausencia de rasgos que identifiquen una adaptación de estos grupos cazadores - recolectores, al ambiente costero. Sin embargo  hoy pensamos que si aplicamos el concepto de adaptación, arriba mencionada (Mithen,1989) y la definición de costa propuesta, podemos pensar entonces, que estos grupos se adaptaban al ambiente costero que explotaban.  Creemos que con el avance de las investigaciones de la costa, muchos interrogantes se irán develando, y tendremos una idea más clara  si se trata de asentamiento del interior que explotan el litoral marítimo estacionalmente, o si se trata de grupos que vivían en forma permanente en la costa.

Los sitios fechados desde 770.AP (Restinga Alí) (Arrigoni, et al.1991)al 205+/-95 años AP, demuestran la presencia de fragmentos de cerámica, por lo que inferimos que estos grupos eran portadores de las técnicas de fabricación de cerámica tanto  reductora como oxidante, tanto sin decoración como con decoración incisa.

El trabajo en hueso, ha sido otro rasgo importante de destacar, para los asentamientos más tardíos de la franja de costa que nos ocupa. Perforadores, agujas, leznas, retocadores, punzones, etc., han sido confeccionados a partir de restos de aves, guanacos (Lama guanicoe) y lobo marino ( Otaria flavescens).

Puntas de proyectiles, raspadores, denticulados, muescas, raederas, cuchillos, lascas con filos naturales, percutores, etc. constituyen algunos de los artefactos del bagaje cultural fabricado sobre piedra.

En la mencionada industria lítica fueron utilizadas preferentemente las rocas de origen local. (rodados tehuelchense) y madera petrificada.

Podemos decir entonces que la costa central del Golfo San Jorge, presenta evidencias de asentamientos de grupos cazadores-recolectores, en un rango temporal que abarca desde el 2954+/- 195 AP. (Bahía Solano) (Caviglia et al.,1982) ; 2755+/-años Cal.  BP, para el sitio Cantera Petroquímica 1 (en las cercanías de Punta del Marqués, Rada Tilly), (Arrigoni, G. 1999), hasta una fecha mínima de 205+/-95.AP, para Bahía Solano 13. Chubut. (Caviglia et al.,1982).      

Ya en la provincia de Santa Cruz, en el sector sur de la costa del Golfo San Jorge, se han registrado antigüedades algo mayores: Sitio Moreno (componente 3) fue datado en 3290 +/-90 AP. (Castro y  Moreno, 1996)

Asimismo cabe destacar que en Cabo Tres Puntas (Sur del golfo San Jorge), para el Sitio Cabo Tres Puntas 1 existe un fechado de 6060+/- 70 AP (calibración 5200-4850 AC. (Castro y  Moreno,1998).

Teniendo en cuenta que el área de costa que nos ocupa, en cuanto a nuestras investigaciones y  a los resultados que se van obteniendo con la intensificación de los distintos trabajos en dicha área, se torna sumamente indispensable, rescatar de manera urgente, los escasos sitios que quedan susceptibles de ser analizados. El avance de la apertura de canteras de áridos, y la ininterrumpida acción antrópica moderna, sumada a los agentes naturales, hacen que día a día, más sitios arqueológico se deterioren.

Si no se ponen en marcha proyectos de rescate arqueológico en el área arriba mencionada, muy pronto no quedará vestigio alguno de los asentamientos del hombre prehistórico en nuestra región. Se habrá perdido entonces un importante capítulo de nuestra historia, de nuestra ciencia, y un valioso patrimonio cultural - natural para las futuras generaciones.

Glosario

Adaptación: Según Mithen,1989: 485, cit. por Nami,1994:95) "...adaptación en arqueología puede ser usado cuando se refiere a rasgos morfológicos, conductuales y cognitivos de un individuo que sirven para incrementar su supervivencia y reproducción, o el de su familia biológica"

Existe una gran variabilidad de sociedades cazadoras - recolectoras (Borrero,1989-90; Kelly,1995), variabilidad analizada a través de diferentes grupos etnográficos, dicha variabilidad pueda estar relacionada en parte al ambiente y a la demografía. (Kelly, op cit.)

Podemos pensar entonces que a nivel de grupos cazadores - recolectores prehistóricos, cada vez que se adaptan a un nuevo ambiente, dando lugar a  distintas estrategias de subsistencia, se están recreando a si mismos, produciéndose el  surgimiento de un nuevo grupo cazador - recolector. Por lo tanto ha habido en el mundo innumerables y variadas formas de vida cazadora recolectora, tantas como número de adaptaciones estos grupos hayan producido. 

Concentración: conjunto de 2 a 24 artefactos, dentro de un círculo de 20 m. de diámetro. (Borrero, Lanata y Ventura, 1992:10

Costa: Desde el punto de vista descriptivo ambiental, la costa atlántica patagónica abarca una longitud de aproximadamente 3000 km , desde el río Colorado, por el norte hasta el Archipiélago Fueguino por el sur. Dicha extensión cubre 15° de latitud, entre los 40° S y los 55° 3´S.

La mayor parte de esta franja litoral se halla comprendida por el sector continental, mientras que el extremo sur presenta la característica de ser exclusivamente insular. Al ser la costa atlántica patagónica muy irregular en toda su longitud, para ser analizada desde la óptica del primigenio poblamiento humano, se torna necesario definirla de acuerdo a la región particular que se halla bajo estudio. Así en el marco del Proyecto de Investigación: Estudio del Aprovechamiento del Litoral Marítimo por Parte de los Cazadores - Recolectores de la Costa del Golfo San Jorge. (Rocas Coloradas - Bahía Laura), definimos costa al territorio comprendido entre el límite de las más bajas mareas y el borde de los pedimentos mesetiformes. Delimitada de esta manera, la zona costera abarca el litoral marítimo propiamente dicho o zona de playa que se extiende desde la línea de más baja marea a la más alta. Este litoral marítimo es considerado como ambiente ecotonal, entre uno marítimo y uno o más terrestre.

Aquí se diferencian tres partes: a) restinga; b) arena y duna, y c) la zonas de pedimentos mesetiformes.

a- Zona de restinga o Planicies de mareas: estrato rocoso que permanece descubierto durante la bajamar, en donde proliferan variedad de moluscos, peces, algas, etc., con depósitos arenosos en sus cabeceras o playas acantiladas. (Rodríguez, 1993)

b- Zona de arena y / o pedregullo y/o duna: (playa propiamente dicha) franja de arena, pedregullo y/o duna, ubicada por lo general, inmediatamente detrás de la zona de restinga. Las playas han sido clasificadas en tres categorías: 1- cordón litoral o de pedregullo; 2- extendida de arena y/o duna y 3- acantilada.

b1- cordón litoral de pedregullo: estos cordones tienen una litología gruesa, de arena y grava, con estratificación grosera y escasos restos fósiles, se encuentra cubierta por arcillas de origen aluvial que enmascara el paleorelieve, en sectores se desarrolla el suelo (Rodríguez,1993). Ejemplos: Bahía solano, Cerro Pan de Azúcar)

b2- extendida de arena, y/o duna: se ubican por lo general, por detrás de las restingas. Conformadas por la desembocadura de los cañadones, los cuales se abren hacia el mar, formando bahías amplias, de varios kilómetros de extensión. (Rada Tilly, Playa Velvedere, Playa Alsina)

b3- acantilada: las zonas expuestas al embate de las olas sufren erosión y configuran acantilados que en algunos lugares llegan a medir  desde167 m (Punta del Marqués, Punta Maqueda), hasta 2 ó  3 m. de altura.

c- Zona de pedimentos mesetiformes: ubicada por lo general por detrás de la zona de playa y/o dunas. El substrato presenta también cantos rodados, de diferente granulometría, limos arenosos y sedimentos marinos ricos en carbonatos de calcio y cloruro de sodio.

El área de costa, desde esta perspectiva, brinda una importante variabilidad ambiental, pues se evidencian caracteres fitogeográficos, geológicos y ecológicos diferentes.

En su zonación continental, la mencionada costa ofrece, a lo largo de algunos extensos tramos, mesetas que llegan al mar en forma de acantilados activos con alturas que oscilan entre los 30 y 160 m, en otros van descendiendo de manera escalonada y suave , y a menudo presentan abanicos aluviales. Puede observarse entonces, que esta costa contempla rangos variables de ancho, desde unos pocos metros hasta cerca de 25 km en algunos sectores del golfo San Jorge con amplitudes variables de mareas. (Beeskow et. Al. 1978)

Frecuentemente las mesetas se hallan disectadas por cañadones o cárcavas de régimen transitorios

Cuyas cabeceras pueden encontrarse a varios kilómetros hacia el interior. Serie de cordones litorales, paleoacantilados  y antiguas planicies de mareas (restingas) reflejan las oscilaciones isostáticas, eustáticas y la tectónica durante el Pleistoceno y el Holoceno. (Codignotto, et.al. 1992 y 93; González y Weiler, 1994; Monte 1997; Rutter et.al. 1989; Trebino,1987; en Otero, Lanata y Prieto,1999. MS.)

La costa continental se caracteriza también por una alta dinámica ambiental. En el sector continental, arriba mencionado, se pueden observar diferentes procesos, como la formación de distintos niveles de pedimentación y de abanicos aluviales, la remoción en masa en las zonas de acantilados vivos, y la acreción de cordones litorales y de espiga de barrera. (Zúnico 1997) 

El proceso de desertificación produjo asimismo la deflación y reactivación de los relieves dunarios, dando lugar a grandes colonias de dunas vivas. Cabe destacar que esta dinámica ambiental impacta frecuentemente sobre el registro arqueológico, a lo que se le suma la acción antrópica moderna, todo ello pone en riego su existencia.

Hallazgo aislado: se halla rodeado por un círculo de 20 m. de diámetro sin otros hallazgos.(Borrero, Lanata, y Ventura,1992:10) Denominado "no-sitio" por Thomas. (1975)

Ecofacto : Se entiende por ecofacto a los restos materiales que no son producto de la actividad creativa del hombre y que sin embargo tienen importancia cultural, ya que proveen significativa información sobre el comportamiento humano en el pasado, al indicarnos las condiciones ambientales y las clases diferenciales de comida y otros recursos que se usaban. Estos pueden ser de origen vegetal, animal o mineral.

Paradigma o Modelo: En términos generales entiendo por paradigma a los problemas y a las técnicas consideradas relevantes por una o varias comunidades científicas en un período de tiempo.  Kuhn define a un paradigma desde dos perspectivas complementarias: la sociológica y la filosófica. En el primer caso como "...toda la constelación de creencias, valores, técnicas, etc., que comparten los miembros de una comunidad dada..." (Kuhn 1991:269). Filosóficamente como:  "...las concretas soluciones, de problemas que, empleadas como modelos o ejemplos, pueden reemplazar reglas explícitas como base de la solución de los restantes problemas de la ciencia normal" (Kuhn 1991:269)

Perforador: Artefacto o herramienta de piedra o de hueso utilizado para efectuar perforaciones en el cuero o la madera.

Punzón: (ver perforador)

Raedera: Artefacto o herramienta de piedra, presenta un borde con  filo  no agudo  o semi-cortante , utilizada generalmente para el trabajo del cuero.

Raspador:  Artefacto o herramienta de piedra apto para raspar, utilizado por el aborigen para trabajar sobre cuero y madera.

Registro arqueológico: conjunto integrado por artefactos y ecofactos, pero también por información relevante sobre procesos de formación de los sitios. (Yacobaccio,1988)

Dicho de otra manera es el conjunto de ítems de energía invertida, fragmentos de piedra, hueso, cerámica, y otras poblaciones materiales tanto artefactuales como ecofactuales. También incluye poblaciones o estructuras tales como hoyos, agujeros para postes, hogares o fogones, estructuras de combustión , cantos rodados, y abrigos rocosos, etc. y a una escala mayor de análisis, incluye los acontecimientos y procesos de la geología del cuaternario.

Entonces podemos decir que "el registro arqueológico es una estructura de relaciones entre la distribución y la forma de la materia, como la causada por las fuentes de energía que en el pasado actuaron sobre la materia" (Binford, 1981:26).

Nada es obvio en el registro arqueológico, los restos materiales tienen que ser decodificados, mediante una precisa metodología, a fin de lograr la comprensión de su significado en términos de conductas del pasado. (Gamble, 1990).

Sitio: conjunto de 25 o más artefactos dentro de un círculo de 20 m. de diámetro. (Borrero, Lanata y Ventura,1992:10)

Técnica: procedimiento o conjunto de procedimientos exigidos para el empleo de un instrumento, para el uso de un material, para el manejo de una determinada situación en un proceso dado. La  técnica se refiere siempre a una acción. Incluye necesariamente una cierta experiencia previa para poderla  aplicar. Son elaboradas por el hombre es decir que la técnica se inventa, se transmite, se aprende de diferentes maneras, oral, manual, escrita, o a través de la propia demostración. (Nami, 1994:90).

Tecnología:  "es el conjunto de artefactos, conductas y conocimiento que es transmitida intergeneracionalmente para crear y usar productos" (por eso es empírico y tradicional). (Traducción de Nami). Los arqueólogos trabajan con restos  de tecnologías tradicionales , en las que para ponerlas en práctica deben emplearse técnicas artesanales( Amaya,1984,Cremonte1988-89, Pérez de Micou1984, en Nami,1990).

Variabilidad:  se emplea el término, para analizar las diferentes formas en que los grupos cazadores - recolectores organizan su tecnología para llevar a cabo diferentes tareas: (Binford, en Gamble, 1990:25-26) las tareas o actividades se llevarían a cabo en "localidades claramente diferenciadas" , por ejemplo campamentos base y de trabajo respectivamente.

En este esquema ciertas “propiedades estructurales” del ambiente serían determinantes de uno u otro sistema de  subsistencia-asentamiento. Las mencionadas propiedades son básicamente las incongruencias en la distribución espacial y temporal de los recursos, las que dependerían de la variación anual de la temperatura y duración de la estación de floración (Binford op.cit)

 

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 Dra. Teodora ZAMUDIO