La leyenda de Quetzalcoatl. Diego Rivera. Palacio Nacional México D.F.

       
 


       por Dra. Teodora ZAMUDIO

  

Dios y POP WUJ

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La idea de dios en el POP WUJ

Pedro Us S.*

 Este trabajo ha sido publicado en la Revista Religión y Cultura, Iglesia Presbiteriana, Colombia, 1995. Se reedita aquí con autorización del autor

 

Presentación[1]

Por muchos siglos, los habitantes de los pueblos y naciones originarios que conforman Abya Yala, hemos vivido de acuerdo con todo el sentimiento y creencias que están englobados en nuestra cosmovisión: sabemos que somos parte de “UN TODO” en el que todos los elementos que nos rodean son importantes: el padre sol, la abuela luna, la madre tierra y todos los que la habitamos.

A 500 años de silencio, destrucción, marginación, etc., se empiezan a escuchar innumerables voces de los Mayas en torno a su pensamiento, vivencia, esperanza, expectativas y la sistematización de su teología, con su correspondiente interpretación.

Como parte de estas voces, presentamos este trabajo, cuyo énfasis es demostrar que: “La religión Maya K’iche’ es monoteísta desde sus orígenes... apuntando algunas implicaciones de ese monoteísmo para el concepto y la práctica de la misión cristiana a los pueblos de origen Maya”.

La tarea no es fácil, como el autor indica, pero su validez radica en la urgencia del tratamiento del tema, éste y otros más, en forma amplia, seria y responsable.

Es el momento de crear plataformas de discusión sobre temas de la Nación Maya, por los mayas mismos, en tanto que a 500 años nos encontramos ante posturas y planteamientos dispersos; urge por lo tanto crear los eslabones para los consensos, las convergencias y los intercambios..

Es urgente el aporte de los mayas para buscar el equilibrio en todas las cosas, equilibrio necesario hoy como lo fue ayer al servir de base a nuestros antepasados para la construcción de sociedades acordes con sus deseos, vivencias, necesidades, aspiraciones y que los hizo crecer interiormente en el respeto mutuo, para que nada ni nadie quedara en el olvido.

Es dentro de este espíritu que me place presentar el trabajo del hermano Pedro Us S., como una muestra más de resistencia, no olvidando, sino preservando y transmitiendo esta sabiduría que enriquece nuestra vida y nos hace sentir en todo con todos.

Asimismo, reafirmo la aseveración del autor frente a la misión cristiana: ¿Misión para qué?  A 500 años, el cristianismo debe reformular su misión, su contenido, su discurso y su práctica en relación con la religión maya.  Es tiempo de irnos viendo y transformando de otra manera, desarrollar un ecumenismo desde posiciones igualitarias: ninguna religión es superior a otras, como tampoco ninguna cultura es superior a otra.

Sirva este trabajo como una llamada de atención, un momento de reflexión para quienes todavía piensan que el mundo y las cosas no han cambiado.

 

Introducción

Escribir sobre religión, entendida ésta como la natural inclinación del ser humano hacia lo sagrado, es una tarea apasionante, pero a la vez compleja.  En efecto.  Es sumamente interesante notar en cuán variadas formas se expresa esa inclinación y cuán variadas también las bases teóricas (doctrinas) sobre las que se fundamentan.  Esa variedad es la razón de la complejidad y, al mismo tiempo, de la responsabilidad que entraña su estudio.

Es hasta muy recientemente que la religión ha comenzado a ser objeto de un estudio serio, en el marco del respeto a las convicciones de quienes sustentan creencias distintas.  Esta actitud, lamentablemente, no se ha extendido lo suficiente como para valorar adecuadamente las diferentes formas de religión, especialmente en nuestros países, en los cuales la misma se ha utilizado y se sigue utilizando con frecuencia como un instrumento ideológico.  El resultado: se privilegia exclusivamente el cristianismo, sirviéndose de él para desestructurar el esquema social y cultural de los pueblos dominados, los pueblos indígenas, y con ello mantener el statu quo.

Para el caso que nos ocupa, hemos de recordar que desde su irrupción en nuestro continente, el cristianismo se ha impuesto como la única religión verdadera, deslegitimando consecuentemente la de nuestros pueblos mediante un proceso de satanización.  En Mesoamérica, los españoles tildaron las prácticas religiosas de los mayas y de otras culturas de demoníacas, en el afán de legitimar la destrucción de esculturas, monumentos y escritos indígenas e imponer la fe cristiana.  Esta situación prevalece aún hoy, colocándonos a los mayas actuales en marcada desventaja en todas las esferas de la vida, en relación con otros sectores de la sociedad guatemalteca.

Elemento fundamental de toda religión es la idea de Dios, sea ésta cualquiera que fuere.  Ninguna idea que se tenga de Dios, al igual que todas las demás ideas que conforman el conjunto de creencias de una religión cualquiera, es estática y definitiva.  Por el contrario, va configurándose de acuerdo con toda una serie de factores determinantes.  De hecho, cada uno de los componentes de la cultura inciden en mayor o menor grado en la manera en la que los seres humanos conciben a Dios.  La valoración justa de cualquier religión debe tener lo anterior por principio.  De no ser así, sólo se estará reproduciendo las actitudes discriminatorias, traducidas en acciones etnocidas, las que han caracterizado en todo tiempo a las religiones autodenominadas “reveladas”.

La religión de nuestros abuelos, insistimos, fue incomprendida desde el primer momento por los conquistadores y misioneros españoles.  A ello se debió que la misma fue y sigue siendo estigmatizada y desplazada a favor de la nueva fe traída por lo europeos.  Desde entonces se dice que la religión maya es politeísta.  Esa opinión, emitida por gente que desconoce totalmente nuestra filosofía de vida, es un verdadero estereotipo que frecuentemente funciona como arma ideológica.  La religión maya, afirmamos nosotros, no es ni politeísta, ni pagana, ni demoníaca.

Esto es lo que queremos demostrar en este ensayo, basado en un análisis de la idea de Dios en el Pop Wuj, libro mito-histórico de los k’iche’.  Junto con otras, hemos utilizado fundamentalmente la versión preparada por don Adrián Inés Chávez, la cual, entre otras, tiene las siguientes ventajas: a) es producto del trabajo de un maya-k’iche’, conocedor, por lo mismo, de la cultura y del idioma originales del libro, y b) basado en el texto k’iche’ de Francisco Jiménez, el profesor Chávez ha corregido la grafía del texto, adecuándola a la fonética correcta del idioma.  Esta corrección era necesaria para una mejor comprensión del lenguaje del libro.

Como resultado de nuestro análisis, hemos confirmado nuestra hipótesis inicial: la religión maya es y siempre ha sido monoteísta.  Valga esta afirmación,  aceptando provisionalmente que la mejor forma de religión, o la “correcta”, es el monoteísmo, cuestión ésta que no discutimos aquí.

Ha sido necesario, en primer lugar, fundamentar el valor histórico del Pop Wuj, sobre todo porque el mismo ha sido considerado siempre una mera colección de leyendas mitológicas, sin conexión alguna con la realidad histórica.  De eso nos ocupamos en el primer capítulo, recurriendo a la opinión de connotados hombres de ciencia que se han dedicado al estudio del libro.

Seguidamente, en el capítulo segundo, entramos en materia en el análisis semántico, necesario para encontrarnos con el verdadero significado de los distintos “nombres” (que no lo son en sentido estricto) aplicados a la divinidad a lo largo del escrito.  Todos esos “nombres” se refieren a un solo y mismo Dios y representan o la manera de comprenderle en la vida o diferentes denominaciones derivadas de la diferencia de los idiomas de nuestros pueblos.

Finalmente, proponemos algunas cuestiones que deben tomarse en cuenta para una reformulación del papel misionero de la iglesia cristiana hacia los pueblos mayas, a partir de la pregunta: ¿Misión, para qué?  Esta propuesta la hacemos sobre la base de que ninguna religión es superior a otra, porque cada una responde, con una lógica muy particular, a la peculiaridad de la cultura a la cual cada una pertenece.

Una aclaración necesaria: utilizamos el concepto “Dios” en un sentido genérico, referido a la divinidad o al “fondo del ser”, y no en su sentido limitado, aplicado al concepto cristiano de la divinidad.

 

I. El valor histórico del POP WUJ

El pensamiento religioso de la civilización maya, como la de cualquier civilización, puede conocerse mediante el estudio de sus ritos, sus celebraciones y, en general, de toda su cotidianidad.  Para este propósito, el valor de la práctica cotidiana, dentro de la cual se insertan los ritos y celebraciones religiosos, estriba en que la vida toda de los mayas se desarrolla dentro del marco de relaciones entre el hombre y la divinidad, relaciones éstas que son determinantes para su existencia.

Esa cotidianidad no puede ser comprendida en toda su magnitud si no se conoce y comprende su fundamentación conceptual.  Aplicada a la religión maya, particularmente a su concepción de Dios, esta afirmación implica la necesidad de recurrir a los escritos en los cuales se plasma esa fundamentación conceptual y teológica.

En este sentido, sin embargo, la destrucción sistemática de que fue objeto la producción literaria de las culturas mesoamericanas, a raíz de la invasión española, es la principal limitante que afrontamos.

Ejemplo de esa depredación que forma parte del etnocidio al que fueron (y siguen siendo) sometidos los pueblos de Abya Yala, es la destrucción de una gran cantidad de documentos mayas de Chichén Itzá por fray Diego de Landa, tal como él mismo consigna en su Relación de las cosas de Yucatán:

“Hallámosles gran número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosa que no hubiese superstición y cosas del demonio, se los quemamos todos, lo cual sintieron a maravilla y les dio mucha pena”.[2]

La cita habla por sí misma de manera muy elocuente.  Para fortuna nuestra, la destrucción de documentos no fue absoluta.  Se conservan en la actualidad algunos de incalculable valor, como: el Chilam Balam, el Rabinal Achi, el Pop Wuj, y otros.

El Pop Wuj, mito e historia del pueblo k’iche’

De los citados, el Pop Wuj es con toda certeza “la fuente indígena americana mejor conocida” (Rivera Dorado) y seguramente la que ha sido objeto de los más acuciosos estudios y sujeta a diversas interpretaciones.

No obstante las diferentes apreciaciones, concuerdan varios estudiosos en que el Pop Wuj tiene un carácter mítico e histórico.  Tal el caso del Dr. Ricardo Falla, el profesor Adrián Inés Chávez y el Dr. Raphael Girard, entre otros.

Ciertamente esa apreciación no es la única posible.  Como señala el Dr. Carlos Guzmán Böckler, en su prólogo a la obra de Chávez, al trabajo de F. Jiménez, de Brasseur de Bourbourg y de A. Recinos, subyace la convicción de que el pensamiento k’iche’ expresado en el Pop Wuj, “por mucha que sea su originalidad, su profundidad o su elegancia, no deja de ser la manifestación ingenua de un pueblo conceptuado por ellos (sus detractores) como primitivo y, por ende, inferior a la civilización occidental... (o) la expresión de un pasado que cortó sus ataduras con el pensamiento y con el pueblo al que pertenece”.[3]

Esta es la razón principal por la que, además de su condición de extraños al pensamiento, a la lengua y a la idiosincrasia del indígena, Guzmán Böckler los considera los menos indicados para hacer una justa valoración del Pop Wuj.

Catalogar los escritos prehispánicos de América, incluido el Pop Wuj, como producto de la ingenuidad de un pueblo primitivo, o como la expresión de supersticiones y falsedades demoníacas, y no como la manifestación del pensamiento y de la historia de ese pueblo, implica la supresión de cualquier tipo de memoria escrita y la afirmación de que América es un continente sin historia.

América, ¿un continente sin historia?

Esta es la convicción prevaleciente aún hoy en muchos ámbitos.  Y ha sido la base ideológica y religiosa para legitimar la implantación de la cultura y la religión occidentales sobre los pueblos indígenas.

En efecto.  Creer por ejemplo que el Pop Wuj prueba el politeísmo maya, justifica la sustitución de su pensamiento religioso por la cosmogonía y el sistema de creencias del cristianismo que, dicho sea de paso, han sido moldeados de acuerdo con el dualismo helénico.

Frente a este desplazamiento y negación de la historia de los pueblos indígenas por la historia oficial “escrita y enseñada por el invasor... útil para justificar la dominación... (y) en consecuencia, falsa”[4], conviene escuchar la apreciación de hombres de ciencia más objetivos y menos sujetos a tendencia ideológica alguna.

Entre otros, es de reconocida trayectoria el Dr. Raphael Girard, antropólogo suizo, gran conocedor de las culturas indoamericanas, de la cultura maya en especial, gracias a muchos años dedicados a la investigación en todo el continente.

Uno de sus aportes más significativos, es el haber demostrado “la falsedad de que América es el continente sin historia”.[5]

Fundamental para su trabajo ha sido la utilización del método interdisciplinario, basado en tres fuentes directas: la Mito-historia, la Etnografía y la Arqueología.  Este método ha dado consistencia a sus postulados fundamentales, de modo que ninguna crítica científica los ha logrado refutar.[6]

Para su trabajo, el Pop Wuj ha ocupado particularmente la atención del Dr. Girard, como fuente mito-histórica.

Efectivamente.  En su obra Historia de las Civilizaciones antiguas de América, de tres tomos, Girard afirma categóricamente que el Pop Wuj es un documento fidedigno como fuente etnológica e histórica[7], por cuanto que refiere “la real historia de los mayas kichés... mediante una increíble síntesis de la cosmovisión y el proceso de desarrollo cultural histórico de los maravillosos mayas”.[8]  Por lo mismo, lo utiliza ampliamente a lo largo de los tres tomos de dicha obra.

Así, y puesto que el pensamiento mítico es el vehículo por el que se conduce la historia de los pueblos americanos, el Pop Wuj, como mito-historia, puede ser sometido a la disciplina de la investigación y de la crítica.  Ya A. Toynbee había afirmado que en América la Mitología es fuente de historia.[9]

Guillermo Bónfil Batalla lo diría de esta otra manera: “El mito vale tanto como el documento, la inferencia o la tradición oral”.[10]

No queremos abundar en más detalles a este respecto.  Quien se interese por conocer mejor los estudios hechos sobre la validez histórica del Pop Wuj, podrá consultar éstas y otras obras.  Lo dicho, creemos, es suficiente para fundamentar la siguiente parte de nuestro trabajo.

Terminamos, pues, esta primera parte, citando del Dr. Girard las siguientes palabras:

“En el plano del análisis científico, la mitología del Popol Vuh es susceptible de múltiples aprehensiones.  Historia, etnografía, religión, cosmología, teología, ritualismo, ciencia, sociedad, economía, símbolos, cultura material, etc., aparecen inextricablemente entrelazados”.[11]

De toda esa amplia gama de posibilidades, nos ocupamos seguidamente de una: la aprehensión religiosa y teológica, particularmente de la idea de Dios que se manifiesta en el Pop Wuj.

 

II. La idea de dios en el POP WUJ

Desde los textos de historia utilizados en la escuela primaria, hasta tratados escritos por prominentes investigadores de las culturas americanas precolombinas, enseñan que estas culturas tenían religiones politeístas.  Se ha dicho en el caso de los mayas, por ejemplo, que tenían un Dios para cada uno de los aspectos de la vida: un dios del maíz, un dios de la lluvia, un dios de las tormentas, un dios de la guerra, etc.

¿Es eso cierto?  ¿Eran politeístas los mayas?

Bregando contra toda la corriente que, con raras excepciones, afirma que sí, nos proponemos demostrar lo contrario y afirmar el monoteísmo maya.  Lo haremos tomando como base el Pop Wuj, documento que registra el pensamiento religioso de los mismos, un pensamiento incomprendido desde el primer momento del encuentro por la mentalidad occidental.

¿Dios o dioses en el Pop Wuj?

Casi al comienzo de su preámbulo, dice el Pop Wuj:

“Y aquí traeremos la manifestación, la publicación y la narración de lo que estaba oculto, la revelación por Tzacol, Bitol, Alom Qaholom, que se llaman Hunahpú Vuch, Hunajpú Utiú, Zaqui-Nima-Tziís, Tepeu, Gucumatz, u Qux Cho, u Qux Paló, Ah Raxá Tzael, así llamados”. (Recinos)

Adrián Recinos, estudioso de este escrito, añade al texto citado el siguiente comentario:

“Estos son los nombres de la divinidad ordenados en parejas creadoras de acuerdo con la concepción dualística de los quichés, como sigue:

Tzacol y Bitol, el Creador y el Formador...

Alom, la diosa madre...

Qaholom, el dios padre...”

Dos cosas llaman especialmente nuestra atención del comentario de Recinos.  En primer término, su afirmación de una “concepción dualística de los quichés”, idea sobre la cual volveremos más adelante.

En segundo lugar, el hecho de que aun cuando Recinos comienza su comentario hablando de la divinidad, en singular, no tarda mucho en referirse a Tzacol, Bitol, Alom, Qaholom y los otros nombres que aparecen en el texto como nombres de distintos dioses, cada uno con una función determinada que lo distingue de los demás.

Nada más lejos de la verdad.

En efecto.  Un análisis detenido del Pop Wuj, sobre la base del conocimiento del modo de ser del pueblo maya, especialmente de la profunda expresividad de sus idiomas, pone de relieve una cosmogonía afincada en una teología que gira alrededor de un Dios único.

Encontramos suficiente base para sustentar esta afirmación, ateniéndonos al Pop Wuj, no sólo en pasajes aislados, sino a lo largo de todo el libro, desde los relatos anteriores a aquellos que refieren la creación, hasta las plegarias que el pueblo dirige a Uk’u’x kaj Uk’u’x ulew.  Es el caso de los siguientes ejemplos:

Antes de la creación, se dice que: “... el cielo estaba etéreo, pero estaba Corazón del cielo...” (Chávez)

Esta es la primera designación con que el Pop Wuj se refiere a la divinidad.  El mismo Recinos traduce de una manera más explícita:; “Esta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio.  Todo inmóvil, callado y vacía la extensión del cielo... No había nada dotado de existencia...  De esta manera existía el cielo y también el Corazón del cielo, que este es el nombre de Dios”. (Subrayado nuestro)

Estas dos citas que nos remontan a los orígenes no dejan espacio para deducir creencia politeísta alguna.  Más bien acentúan la idea de un solo Dios, cuya realidad es presupuesto fundamental para la existencia del Universo.

Esta misma idea se ve corroborada en otras partes del Pop Wuj.  Cuando Corazón del Cielo se dirige a sus criaturas, lo hace en términos como los siguientes:

Recién creados los animales, “El Arquitecto, Formador (Tzacol y Bitol)... les dijo en seguida: -Hablad, llamadme!, no estéis encogidos, ambulando”...

Más adelante: “Decid ahora mis nombres, invocadme, soy vuestra madre, soy vuestro padre y dueño; hablad pues a Jun Raqan, Chipi Caculhá, Raxá Caculhá, el Corazón del cielo, Corazón de la Tierra, el Arquitecto, Formador”... (Chávez)

Aún más, después de haber creado a los seres humanos de barro, que resultaron inútiles, “dijo el Arquitecto, Formador: -resultó agachado, no camina... Se lo contaremos a Shmukané, Shpiyakok... dijo para sí el Arquitecto, Formador”. (Chávez)

Estos textos son particularmente iluminadores, por su uso de pronombres y formas verbales en primera persona del singular.

Del significado de los nombres que se mencionan nos ocuparemos en breve.  Preciso es aún insistir en el hecho de que la conciencia monoteísta formó parte de la religión maya desde sus orígenes.  De ahí que el Pop Wuj repite constantemente la idea a lo largo de todos sus relatos.  He aquí algunos ejemplos más.

Es Corazón del cielo quien ordena la destrucción de Wuqub’ qak’ix y sus hijos Sipakna’ y Kab’raqan (Chávez, 15; Recinos, 269.

Es Corazón del cielo quien acude a restaurar a Jun Ajpu cuando éste aparenta estar vencido por los Señores de Xib’alba’.

En las plegarias de los Señores y sacerdotes, hacia el final del libro (he aquí un dato de suma importancia para la cuestión que nos ocupa), se revela particularmente esa fe monoteísta.  Una de las plegarias dice así: “He aquí sus peticiones a su dios, cuando oraban; y esta era la súplica de sus corazones: ¡Oh tú, hermosura del día!  ¡Tú, Jun Rakán; tú Corazón del cielo y de la tierra!  ¡Tú, dador de la riqueza, y dador de las hijas y de los hijos! Vuelve hacia acá tu gloria y tu riqueza... Concédeles la vida... Dales sus hijas y sus hijos... Concédeles buenos caminos...  Corazón del cielo, Corazón de la tierra, Envoltorio de la Majestad... Tú, Tojil; Tú, Avilix;Tú, Hacavitz... Que sólo haya paz y tranquilidad ante tu boca, en tu presencia, oh dios!” (Recinos)

Plegarias como esta, por medio de las cuales los sacerdotes y el pueblo se dirigían a Dios, a Corazón del cielo, con denominaciones distintas, eran las habituales cuando los españoles llegaron a estas tierras.  Y perviven aún hoy.

Es evidente, por los pronombres y las formas verbales, todos en singular, que las plegarias van dirigidas a un solo y mismo Dios, sobre la base de una fe monoteísta.  No a muchos dioses.

En consecuencia, tanto las traducciones del Pop Wuj que presentan esas denominaciones como nombres propios de varios y distintos dioses, así como el calificativo de politeístas aplicado a los mayas por los españoles, es un grave error cuya causa se encuentra en el desconocimiento del idioma y de la mentalidad del hombre y la mujer mayas y en el intento por justificar la invasión religiosa que sufrieron, y siguen sufriendo, los pueblos indígenas de Guatemala y de América en general.

Ahora bien, si esos “nombres” por medio de los cuales los mayas se dirigían y se dirigen a Dios no pueden considerarse como verdaderos nombres propios,  stricto sensu, ¿cómo entonces deben interpretarse?

¿Nombres propios o denominaciones simbólicas?

Responder a esta cuestión de manera adecuada requiere el previo conocimiento de dos características fundamentales del pensamiento maya y de sus idiomas.

En lo que respecta a su pensamiento, coincidimos con la antropóloga Laura Sotelo Santos, de la UNAM, quien en su artículo El inframundo maya: una descripción a través de las fuentes escritas, dice que existe entre los pueblos mayas la convicción de que: “hay un vínculo entre el nombre y el objeto denominado, de tal manera que se puede actuar sobre la persona y objeto mediante el conocimiento de su nombre”.

Por otra parte, todos los idiomas mayas se caracterizan por su profunda expresividad, lo que los hace distintos del español y otros idiomas occidentales, cuya nota característica es la fría conceptualización.  Cada vocablo de las lenguas de origen maya (lo mismo puede decirse de todos los idiomas indígenas de América) no es un concepto abstracto, sino un verdadero signo que expresa en su totalidad la vivencia de las personas y del pueblo en su relación con su propia realidad y con la trascendencia.

De modo que los “nombres” aplicados a Dios en el Pop Wuj no pueden en ningún momento ser considerados nombres propios, a la usanza occidental, ni menos que sean nombres de varios dioses individuales.  En realidad, son palabras mediante las cuales los mayas expresan su manera de percibir las diferentes manifestaciones y el accionar (la revelación) de la divinidad en su existencia personal y comunitaria .

De hecho, la misma conciencia de su finitud y su condición limitada frente a la divinidad imposibilita toda pretensión de nombrar a Dios.  Según el Pop Wuj, la limitación y la finitud del ser humano deriva de su misma condición de ser creado.  Eso es precisamente lo que se nos dice en el relato de la creación de los primeros cuatro hombres, los cuales habían sido dotados de facultades extraordinarias, pero luego sujetos a limitaciones por obra del Creador mismo.

Dice así el relato: “En seguida fueron preguntados por el Arquitecto, el Formador: -¿Cómo sentís vuestra existencia?  ¿Miráis?  ¿Es buena vuestra habla, vuestra caminata?  Mirad ahora, ved lo que está debajo del cielo.  ¿Se ven las montañas y costas?  Haced esfuerzo- les dijeron”.

Pero en realidad nada había que se interpusiera a su capacidad de ver: “no tenían que caminar primero cuando querían ver lo de abajo del cielo, sólo se estaban en el mismo lugar cuando miraban.  Mucha fue la sabiduría que tenían; su mirada atravesaba los árboles, piedras, lagos, mares, montañas, costas”.... “terminaron de saber todo: cúspide del cielo, lados del cielo, el interior del cielo y de la tierra.  Pero esto no le pareció bien al Arquitecto, Formador”.

De modo que Corazón del cielo “les empañó el globo de los ojos (y) ya sólo de cerca miraron... Así fue como les perdieron la sabiduría a los cuatro primeros hombres”...

¿Por qué?  Porque dijo el Arquitecto, Formador:... “no está bueno lo que dicen, ¿acaso no son sólo construidos, formados sus nombres? ”

(Chávez)

Así pues que, limitado como es, el ser humano está totalmente incapacitado para nombrar a la divinidad, porque no puede tener ninguna posibilidad de actuar sobre ella, en tanto que Dios sí puede formar los nombres de sus criaturas.

Dicho lo anterior, nos queda la tarea de, intentar por lo menos, explicar lo que en el Pop Wuj significan algunas de las diferentes denominaciones aplicadas a Dios.

Corazón del cielo Corazón de la tierra

Casi todos los traductores vierten de esa manera la expresión Uk’u’x kaj, Uk’u’x ulew.  El vocablo k’iche’ k’u’x tiene varias acepciones.  Puede significar: centro, corazón, espíritu y, para emplear un término filosófico, ser.

Así, cuando el Pop Wuj dice que Dios es el Corazón del cielo Corazón de la tierra, significa ni más ni menos que: El es el punto de referencia en torno al cual gravita el universo total (cielo y tierra), en el sentido de permanente dependencia; que Él es la fuente de donde se nutre vitalmente todo cuanto existe, es decir, la fuente de donde mana la vida, y el Ser que hace posible la subsistencia de todos los seres.[12]

Un detalle importante: el Pop Wuj no relaciona a Dios exclusivamente con el cielo, de modo que aleja la religión maya de un puro fideísmo que cree en un Dios ausente totalmente del mundo (Él es el Corazón de la tierra).  Tampoco le atribuye un carácter meramente terrenal o que esté absolutamente ligado con la naturaleza (Él es el Corazón del cielo), de modo que tampoco puede calificársela de panteísta.

De hecho, la religión maya, tal como se expresa en el Pop Wuj, no cree en ningún dios de la naturaleza, o que la naturaleza sea Dios, como ocurre en muchas otras religiones de la antigüedad.  Las acciones que los españoles confundieron, y muchos confunden hoy, como culto religioso a la naturaleza, es más bien un sentimiento de respeto profundo arraigado en el ser mismo de nuestro pueblo, basado en la convicción de que de ella depende su propia subsistencia y de que es responsable de su cuidado.

 

Kab’awil

En tanto que punto de referencia, fuente de vitalidad y Ser en el que subsisten todos los seres, Corazón del cielo Corazón de la tierra es algo más que el Absoluto de los filósofos occidentales, o que los dioses personales-finitos de las culturas grecorromanas. Dice el Pop Wuj: “Así es pues que el cielo estaba etéreo, pero estaba el Corazón del cielo, a quien se le dice Kabawil ”.

Kab’awil significa literalmente Doble mirada.  Es decir, que mira de noche y de día, de cerca y en el infinito, como escribe A. Inés Chávez; o, como traduce don José Antonio Villacorta: El que ve en lo oculto.

Este nombre expresa la convicción del maya de que Dios no está sujeto en ningún momento a la limitaciones espacio-temporales de los seres humanos, que sólo pueden ver a la luz del día y sólo alcanzan a ver las cosas que están cerca.  Del mismo modo, mientras que el conocimiento humano adolece de una natural deficiencia, la capacidad de conocimiento que Dios posee trasciende lo fáctico, de tal manera que es capaz de conocer tanto lo que es como lo que no es.

 

Jun raqan

En todas las traducciones, con excepción de la de Chávez, aparece como “Huracán”.  No hace falta ser muy inteligente para percatarse de cómo transcrito de esa manera el concepto pierde totalmente su verdadero significado.  Debe ser Jun raqan, y literalmente significa Un pie.  Esta denominación aparece por primera vez en el contexto de la creación de la humanidad y de la vida en general.

 “De una vez pensaron crear la humanidad y su subsistencia; crearon el árbol y el bejuco, la subsistencia de la vida y de la humanidad, esto fue en la obscuridad, en la noche por Corazón del cielo, llamado Jun raqan”.

¿Cuál es el significado de Jun raqan? Según Adrián Inés Chávez, quiere decir: Un pie; es decir, “el que tiene una sola extremidad inferior”, como nos indica J. A. Villacorta.

Obviamente esta designación no intenta una descripción física.  Es más bien un antropomorfismo, mediante el cual se expresa de alguna manera el carácter asexual del Corazón del cielo, quien por trascender la condición natural no participa de la característica fundamental de la especie humana que tiene dos pies, es decir: es hombre y mujer.

Agrega Chávez que esto permite concebir a Dios como padre y madre al mismo tiempo.  Esta es una idea que se repite en todos los pueblos originarios del continente americano, tal el caso, por ejemplo, de Pacha Mama de los quechuas, o de Paba Nana de la nación kuna de Panamá.

Lejos está la concepción maya de Dios de la idea de un Dios masculino, como se ha dado a lo largo de su historia dentro del cristianismo, tanto que hablar de una dimensión maternal de dios suena a sacrilegio al oído de los cristianos quienes, consciente o inconscientemente, participan de una concepción de Dios producida en culturas que rinden tributo a la masculinidad o al machismo.

Es sumamente significativo el hecho de esta denominación, la de Jun raqan, se ubica en el contexto de la creación.  Se descarta, así, toda posible creencia de que los seres creados sean el producto de la cópula entre dioses y diosas.

Se explica también, en consecuencia, la ausencia de prácticas como la prostitución sagrada en la religión maya, práctica tan común en muchas religiones antiguas, fundada en la idea de que la revitalización de la naturaleza es el resultado de la cópula de los dioses con sus respectivos consortes, tarea para la cual sus adoradores debían prestarles su auxilio.  Igual se descarta la consagración de mujeres vírgenes para el servicio de los templos.

Queda claro, pues, que tanto Kab’awil como Jun raqan, son distintos “nombres” aplicados a Uk’u’x kaj Uk’u’x ulew, para expresar la manera en que los mayas percibían a Dios en relación con los seres humanos y con el mundo.

 

Los otros  “nombres” de  Uk’u’x kaj Uk’u’x ulew

Al principio de esta segunda parte, citamos del preámbulo del Pop Wuj, en la versión de A. Recinos, quien considera las expresiones “Tzacol”, “Bitol”, “Alom”, “Qaholom”, “Hunahpú Vuch”, “Hunahpú Utiú”, “Zaquí-Nima-Tziís”, “Tepeu”, “Gucumatz”, “u Qux Cho”, “u Qux Paló”, “Ah Raxá Lac” y “Ah Raxá Tzael”, como nombres propios de varios dioses (“dioses creadores”).            Al respecto, hemos de hacer dos puntualizaciones:

En primer lugar, debemos señalar que todos los nombres que aparecen en la lista se refieren sólo a dos realidades: el creador y la criatura.  Los dos primeros, Tz’aqol y B’itol, se refieren a Dios.  Y hacen referencia a su condición de creador del universo y de todo lo que hay en él, no por azar ni improvisación alguna, sino de acuerdo con un plan previamente meditado.

Tz’aqol y B’itol son dos conceptos complementarios.  Literalmente significan: Arquitecto, Formador.   En tanto que Arquitecto, es el diseñador o “ideador de todo” (como se le llama también en el Pop Wuj), de modo que su creación no resulta en un caos, sino en un universo cuidadosamente ordenado, con una forma precisa, y no en un mundo sin forma o deforme.  Por eso es el Formador.

Del resto de nombres, sólo Uk’u’x Cho (Corazón del lago) y Uk’u’x palo (Corazón del mar) dicen relación con la divinidad.  Sirven para complementar lo dicho con respecto a Corazón del cielo Corazón de la tierra, y enfatizan la idea de que no hay esfera de la realidad que no sea penetrada por Él.

Todos los demás nombres se refieren a su primera creación.  Así, Alom significa “creado”, no “diosa madre”, como afirma Recinos, y Qajolom puede significar dos cosas: a) “Varón creado”, o b) “Nuestra cabeza”, en el sentido de “el primero de la raza humana” o “los primeros hombres”.  Estas dos traducciones son posibles, con una pequeña variante en la fonética del vocablo.

Los demás nombres no son sino alusiones a las diferentes ocupaciones a las que se dedicaron los primeros seres humanos.

 

Tojil, Awilix, Jacawitz

 

Estos tres nombres y algunos otros, aparecen por primera vez asociados con la dispersión original de la humanidad sobre la faz de la tierra, desde Tulán, un lugar difícil de ubicar.[13]

El Pop Wuj, establece una estrecha relación entre la confusión de lenguas que sufre la humanidad en Tulán con la aparición de los distintos nombres aplicados a la divinidad entre los pueblos de origen maya y otros que se asentaron en Mesoamérica. Dice así el Pop Wuj: “Fue entonces la salida de sus dioses... El primero fue Tohil, llevado por Balam Quitzé... En seguida... Avilix, llevado por Balam Acab... y Hacavitz lo llevaba Mahucutah”...

El pasaje en el que se inserta la cita anterior, señala que Tojil fue el nombre de Dios para el pueblo K’iche’, los de Tamub’ y los de Ilocab’, quienes no se separaron porque el nombre de su Dios era el mismo, lo cual se debió precisamente a que su idioma también continuó siendo el mismo. A este dato debe agregarse otro: el Pop Wuj dice explícitamente que Tojil es el mismo Yolkuat-Kitzalkuat de los Yakis, o el mismo que los Kaqchikeles denominaron con un nombre distinto, Tzotzija-Ch’imalkan, porque “la lengua de los cakchiqueles (sic) es diferente” (Recinos).

 

Sin necesidad de abundar en más detalles, que pueden encontrarse en el Pop Wuj, concluimos en que éstos son diferentes nombres aplicados a Dios, como producto de la diferencia de idiomas; no de una presunta proliferación de dioses.

 

Uk’u’x kaj Uk’u’x ulew y el problema del mal

En sus notas al Pop Wuj, don Adrián Recinos señala la existencia de una “concepción dualística” en el pensamiento maya-k’iche’.  Obviamente, esta opinión se debe a que él leyó el Pop Wuj con una óptica muy occidental, que no hace justicia a su verdadero sentido.

Una cosa es la dualidad, concepto que en opinión de algunos marca la cosmovisión maya.  Otra muy distinta es el dualismo, concepto filosófico occidental, según el cual coexisten en el Universo dos fuerzas antagónicas en lucha constante por lograr la supremacía: el bien y el mal.  Esta idea es típicamente helénica, heredada por los griegos en parte de las culturas orientales, y que el cristianismo adoptó por intermedio de Plotino y algunos Padres de la iglesia.

En este entendido, no existe en el Pop Wuj dualismo alguno.  Ciertamente Uk’u’x kaj Uk’u’x ulew adversa el mal.  Pero el mal que adversa no es una entidad personal o una substancia que existe fuera de la realidad humana y del mundo y que induce a la maldad.  El mal que Uk’u’x kaj Uk’u’x ulew adversa se encuentra en el ser humano mismo y dentro del mundo, en la forma de actitudes y acciones y de realidades a las cuales los seres humanos se enfrentan día a día y que afectan directamente su existencia.

El mal se ve en el Pop Wuj desde tres perspectivas diferentes.

El mal religioso-existencial

Este es el primer tipo de mal, que encuentra sus más frecuentes expresiones en la irracionalidad, la disolución y la insensibilidad.  Esto es lo que inferimos de los siguientes tres relatos del Pop Wuj.

El primero se refiere al descontento del Arquitecto Formador frente a la irracionalidad, representada aquí por la especie animal.  Dice el Pop Wuj: “El Arquitecto, Formador... les dijo enseguida: -Hablad, llamadme!, no estéis encogidos, ambulando... Hablad, llamadnos, invocadnos-, les dijeron.  Pero no hablaron bien como gente; sólo tonteaban, cacaraqueaban, sólo gritaban... Al instante lo oyeron el Arquitecto, Formador... Y les dijeron: -Os cambiaremos porque no fuisteis buenos, no hablasteis... Así vuestro destino es el barranco, la selva, porque no fue buena vuestra invocación”.

Este es, con toda seguridad, un relato etiológico que explica la naturaleza animal, su utilidad para el hombre y su hábitat.  Puede interpretarse también el relato en el sentido de que el Arquitecto Formador espera de su criatura, del ser humano particularmente, no una reducción a la irracionalidad, esto es: a la animalidad, sino que manifieste plenamente su humanidad a través de una actitud de búsqueda constante de la existencia auténtica.

Esto último se echa de ver en las siguientes palabras del Arquitecto Formador: “luchemos para hacer al grande (al ser humano), al averiguador, al buscador de la existencia”. (Chávez, el subrayado es nuestro)

El segundo relato refiere el descontento del Arquitecto Formador frente a la disolución de la persona:

Hecho el hombre de barro, se percató de que “no resultó bien, porque era flojo, se mantenía estirado, aplastado, agachado; y se aguaba, es decir, se disolvía... no era macizo... se desleía entre el agua”. (Chávez)

La imagen utilizada en el relato es sumamente sugestiva y posee una gran riqueza de significado.  Una de las ideas que nos sugiere tiene que ver con el simbolismo religioso del agua.  Según Miguel Rivera Dorado, el agua simboliza en todas la religiones la nada primordial.  Así, la resistencia nula del hombre de barro en su contacto con el agua, puede interpretarse como la tendencia a la disolución frente a la amenaza de la nada, es decir, frente a todas aquellas instancias desintegradoras de la personalidad humana.

El valor para existir auténticamente frente a esas instancias sólo puede obtenerse en una comunión constante con Uk’u’x kaj Uk’u’x ulew.  Por tanto, abandonarse a las mismas, no resistir los efectos desintegradores que resultan de la amenaza de la nada, es correr el riesgo de perder la complacencia del Arquitecto Formador.

El último relato que nos interesa, tiene que ver con los hombres de madera, de quienes el Pop Wuj nos dice que: “hablaron, se reprodujeron, tuvieron descendencia como gentes ”, pero (he aquí una característica fuertemente negativa) “carecían de sentimientos, de ideas, de capacidad de pensar y de alguna inclinación hacia su creador”. (Chávez)

Esta humanidad fue destruida por un diluvio de trementina, precisamente por su insensibilidad.

Un detalle importante: estas tendencias en la criatura pueden catalogarse como males, pero no males personales que pueden colocarse en el mismo nivel que Uk’u’x kaj Uk’u’x ulew, sino males que se derivan de o que se expresan en la poca o ninguna disposición de invocar al creador: son males de carácter religioso-existencial.

La autosuficiencia

En esta segunda perspectiva se contempla el mal en su sentido radical: la autosuficiencia, que termina en la propia destrucción.  Y se halla simbolizado en tres personajes de la mitología del Pop Wuj: Wuqub’ qak’ix y sus hijos Sipakna’  y Kab’raqan.

El rasgo característico de los tres es el mismo.  Dicho según el relato del Pop Wuj: “De esta manera proclamaban su orgullo (Vucub Caquix y sus hijos): -¡Oíd!  ¡Yo soy el sol!-, decía Vucub Caquix.  -¡Yo soy el que hizo la tierra!-, decía Zipacná.  -¡Yo soy el que sacudo el cielo y conmuevo la tierra!-, decía Cabracán”. (Recinos)

Esta apreciación de sí mismo es censurable, según el Pop Wuj, por varias razones.

En primer lugar, porque es una apreciación falsa, producto de la “soberbia”: “Yo seré ahora grande sobre todos los seres creados y formados.  Yo soy el sol, soy la claridad, la luna, exclamó (Vucub Caquix)... Pero en realidad... solamente se vanagloriaba de sus plumas y riquezas (y) su vista alcanzaba solamente el horizonte y no se extendía sobre todo el mundo... Su única ambición era engrandecerse y dominar”.

La falsedad de la apreciación de sí mismo es posible en tanto no se manifiesta “la claridad del sol y de la luna”.  Y ésta es la tragedia de la autosuficiencia: fundar las pretensiones sobre lo que no es.

En segundo lugar, porque da a luz realidades (“hijos”) que se convierten en elementos que trastornan el orden cósmico establecido por Uk’u’x kaj Uk’u’x ulew.  Eso es lo que vemos en el relato citado: Sipakna’  que “hace” la tierra y Kab’raqan que “sacude” el cielo y “conmueve” la tierra.  Y producen también la muerte: Sipakna’ es el autor de la muerte de los cuatrocientos muchachos.

En último lugar, porque esa autosuficiencia es un claro desafío a Uk’u’x kaj Uk’u’x ulew.  Así lo interpretó Jun Ajpu Ixb’alamke, quien se dijo: “No está bien que esto sea así.  Acabaremos (con los motivos de su orgullo).  Y así lo harán todos los hombres, porque no deben envanecerse por el poder ni por la riqueza”.

Y cuando Jun raqan le ordenó la destrucción de Kab’raqan, respondió Jun Ajpu Ixb’alamke: “Muy bien, respetable Señor... porque no es justo lo que vemos.  ¿Acaso no existes tú, tú que eres la paz, tú, Corazón del cielo?”

Resulta evidente, pues, que el mal personificado en Wuqub’ qak’ix y sus hijos, y que acarrea la propia destrucción, es el sentimiento de autosuficiencia que invade a los seres humanos no pocas veces.  Es un mal que se encuentra en el ser humano mismo y no fuera de él.  De modo que Wuqub’ qak’ix, Sipakna’ y Kab’raqan son figuras que se utilizan para expresar también la concepción maya del mal.

Esto queda aún más claro cuando atendemos más de cerca a Wuqub’ qak’ix, figura enigmática que para Recinos es enteramente fabulosa, sin ninguna correspondencia con la realidad ni con la historia, y que para Jiménez e Imbelloni corresponde al Satanás del cristianismo.

Ni uno ni otros aciertan.  La fonética correcta del nombre, puesta de relieve por Adrián Inés Chávez, nos lleva a una interpretación más adecuada de quién es este personaje.  En idioma k’iche’, Wuqub’ qak’ix (no Vucub Caquix, que en el texto de Francisco Jiménez aparece como Vucub ca quix) significa: nuestras siete vergüenzas.  Estas siete vergüenzas son: el orgullo –raíz de las seis restantes-, la ambición, la envidia, la mentira, el crimen, la ingratitud y la ignorancia.

Estos comportamientos, según el Pop Wuj, son un verdadero mal, de los cuales toda persona debe rehuir, porque constituyen un desafío a Uk’u’x kaj Uk’u’x ulew y porque sus consecuencias para la vida humana son nefastas: terminan en la autodestrucción o en la destrucción causada a otros.

La caducidad del ser humano y los desórdenes naturales

Esta última perspectiva desde la que se contempla el mal en el Pop Wuj, corresponde a la natural caducidad de la vida humana y a los desórdenes que ocurren en el mundo, situaciones que no por ser naturales son menos anómalas.  La personificación: los señores de Xib’alba’, cuyo jefe supremo es Jun kame Wuqub’ kame: la muerte absoluta.

Bajo el señorío de la muerte, una realidad cuya presencia ha experimentado el ser humano en todos los momentos de su existencia, los mayas han colocado una serie de instancias que actualizan constantemente para los seres humanos su ineludible fin: las enfermedades, los accidentes y la miseria, consignados en el Pop Wuj bajo “nombres” sumamente significativos.

Debemos decir que los que han visto en Xib’alba’ una correspondencia con la idea del infierno (en su sentido cristiano), están muy distantes de su verdadero significado.  Xib’alba’ es el reino de la Muerte en su máxima expresión (Wuqub’ kame), cuyos agentes provocan en el ser humano enfermedades y males que lo conducen a una existencia de miseria y temor, esto es: una existencia alienada o enajenada.

Xib’alba’ y los señores de Xib’alba’ representan las enfermedades, los accidentes y la miseria que agobian a los seres humanos con frecuencia, como parte de la realidad y que desembocan finalmente en la muerte.

Llegados a este punto, tenemos claro que el mal, en el pensamiento maya, no es un antidiós que se coloque al mismo nivel que Uk’u’x kaj Uk’u’x ulew.  El mal es producto de la condición natural del mundo y de la humanidad y de la tendencia de los seres humanos a la autosuficiencia, a colocarse en oposición a Uk’u’x kaj Uk’u’x ulew, con lo cual provocan su propia destrucción.

Los tres tipos de mal que hemos considerado son, en última instancia, condenados, asumidos y superados dialécticamente por Uk’u’x kaj Uk’u’x ulew, por intermedio de su “enviado”, Jun Ajpu Ixb’alamke.  De donde colegimos que en el Pop Wuj Uk’u’x kaj Uk’u’x ulew aparece como el creador y conservador de la vida y de la paz. ¡Es el Dios de la vida![14]

 

III. Implicaciones para la práctica misionera de la iglesia cristiana

Resultado de lo dicho hasta aquí, es la deslegitimación del desplazamiento de la religión maya por la imposición del cristianismo.  Efectivamente.  Si la idea de Dios en la religión maya, tal como aparece en el Pop Wuj, es evidentemente tan válida como cualquiera otra concepción de Dios (admitiendo el criterio cristiano para valorarla, aun cuando todo concepto debe entenderse de acuerdo con su propia lógica y dentro de su propio contexto) y, por tanto, no “pagana”; ¿qué sentido tiene la misión de la iglesia hacia los pueblos mayas?  En otras palabras, ¿misión, para qué?

Obviamente, ésta no es la única implicación de la parte precedente de nuestro discurso.  Trae consigo implicaciones dogmáticas, pastorales y otras.  Pero nos interesa, en el marco de cinco siglos de incomprensión e irrespeto hacia las culturas preamericanas y de la actual corriente de interculturalidad, el papel que ha jugado la manera de misionar de la iglesia en nuestras tierras.

La teología de la misión cristiana

Además de que se ha servido de una teología de dominación, fundamental para el concepto y la práctica de la misión de la iglesia a todos los pueblos es su idea de universalidad.  Una universalidad que, según Joseph Comblin, se concibe de tres maneras: la universalidad apocalíptica, la universalidad de la cristiandad y la universalidad de la cultura grecorromana.

A la actual práctica misionera de un grueso sector de la iglesia cristiana subyace, en efecto, un concepto de universalidad de corte apocalipticista.

De todos es sabido que el apocalipticismo se fundamenta sobre una concepción dualista del hombre, del mundo y de la historia.  Producto de su dualismo antropológico, es la idea de que “la tarea de la iglesia y de la misión es «salvar almas», el mayor número posible de almas”.[15]

Desde esa perspectiva, encuentra una explicación el tipo de evangelización que acompañó a la invasión de tierras americanas desde 1492, y la defensa de este tipo de evangelización (citada por Comblin) que asegura que “las mayores atrocidades de los conquistadores tuvieron la consecuencia «favorable» de que salvaran su alma muchos millones de hombres que la habrían perdido si no hubiesen sido conquistados... (por lo que) los sufrimientos de los indios era poca cosa (considerados a la vista del) incomparable beneficio de su eterna salvación”.[16]

Sobre la base de esa “sed de almas”, el apocalipticismo ha desempeñado un papel de primera importancia en la expansión misionera del cristianismo.  Y, como dice Comblin, el esquema apocalíptico “no sólo se adapta a la conquista, sino que es por sí mismo conquistador”.[17]  Ello explica el uso casi exclusivo de expresiones como “conquistar almas”, “arrebatar almas al diablo”, etc., como sinónimos de evangelización.[18]

Decisiva también ha sido la idea de universalidad de la cristiandad.  Supone generalmente, salvando las excepciones, que la iglesia cristiana es el Reino de Dios y que quien está fuera de la iglesia está, por definición, fuera del reino.  Además, tiende a la sacralización de las fórmulas dogmáticas y litúrgicas que se han ido elaborando a lo largo de la historia.  De donde “hacerse cristiano es aceptar toda esa herencia histórica”[19], independientemente de a qué cultura se pertenezca y en qué tiempo se viva.

La última forma de universalidad señalada por Comblin, atañe más directamente a nuestro tema: la derivada de la relación de la cristiandad con la cultura grecorromana.

La universalidad del cristianismo implicó ineludiblemente la universalidad de la cultura grecorromana, sobre todo después de que el Emperador Constantino el Grande, de Roma, hizo del cristianismo la religión oficial del Imperio.  Así, implantar el cristianismo en otras culturas, ha conllevado la imposición de la cultura occidental (enraizada en la grecorromana), con lo cual la misión evangelizadora de la iglesia va acompañada de un proceso de aculturación, violentando el derecho de los pueblos a la diferencia.

Misión cristiana: contribución a la plenificación de las culturas

Cabe a estas alturas preguntarnos: ¿en qué consiste realmente la misión de la Iglesia Cristiana?  ¿Es un proceso de aculturación o de transculturación?  ¿No debe ser más bien la contribución de una de las grandes religiones mundiales a la plenificación de las culturas de la humanidad, en un ambiente de respeto a las diferencias?

Entendemos por plenificación de las culturas el desarrollo de todo el potencial material y espiritual de las mismas, incluyendo la religión, de modo que se conviertan en terreno fecundo para la realización plena de las personas y los pueblos (criterio último para valorar incluso la moral y la religión, además de otros fenómenos humanos y sociales).  Esa realización plena de los seres humanos es, obviamente, lo que Jesús procuró siempre, al punto que relativizó aun las normas religioso-culturales más sagradas del judaísmo a favor especialmente de los desheredados y marginados.

Esa es, a nuestro modesto entender, la “buena noticia” (evangelium) de Jesús.

De manera que, si las iglesias cristianas han de dejar de ser instrumentos para la dominación y el etnocidio, deberán revisar su concepto y su práctica de misión, tomando como punto de partida un correcto sentido de su universalidad y, al mismo tiempo, el valor intrínseco de la cultura de cada uno de los grupos humanos que pueblan nuestro planeta.

Deberán, por lo mismo, desechar la falsa idea de universalidad y aceptar el reto de la historia, del carácter pluricultural de la humanidad y de las corrientes de interculturalidad que buscan la construcción de relaciones realmente fraternas entre los pueblos y las culturas.

 

Conclusión

Durante varios siglos, el cristianismo se ha considerado a sí misma la única religión verdadera; la que, recurriendo a cualquier medio, debía establecerse en todo el mundo.  Por lo mismo, la Biblia, su libro sagrado, ha sido tenido como el “único” que es producto de la revelación de Dios.  Todas las demás religiones, con sus respectivas creencias y prácticas rituales, han sido vistas a priori como falsas, idolátricas, paganas o demoníacas.

Esta manera de ver las cosas, y sin tomarse la más mínima molestia para entenderlas en su conexión íntima con su contexto histórico-cultural, propició la llamada conquista espiritual de nuestros pueblos por parte de los misioneros cristianos (y de otros pueblos del mundo) junto con la invasión, depredación y colonización de nuestro continente.

Esta invasión religiosa -que continúa hoy con otros mecanismos- se caracterizó por la imposición -a sangre y fuego- del cristianismo a nuestros abuelos y la destrucción sistemática de sus escritos, como lo hizo en México fray Diego de Landa, pretextando que los mismos estaban llenos de “supersticiones del demonio”.

La desvalorización de los escritos precolombinos se da también hoy, afirmando que no son sino simples expresiones mitológicas, carentes de toda confiabilidad histórica.

Contra esa tendencia, sin embargo, hay hombres de ciencia que opinan de otra manera, tal en caso de grandes figuras, como Adrián Inés Chávez, Raphael Girard, Ricardo Falla y otros, quienes sostienen que el Pop Wuj posee una invaluable confiabilidad histórica, de tal modo que podemos remitirnos a él para conocer, con alto grado de aproximación, la vida del pueblo maya, de su cultura, de sus concepciones de la vida, de su concepción de Dios.

Sobre la base de un estudio exegético del Pop Wuj, concluimos que la religión maya no es politeísta, sino monoteísta.  Su estigmatización como politeísta tuvo su origen en la incomprensión de la cultura maya por parte de conquistadores y misioneros españoles, o en la necesidad de deslegitimar la religión de nuestros abuelos para justificar la imposición del cristianismo y facilitar la colonización.

Queda claro que los diferentes “nombres” aplicados a la divinidad en la religión maya, no son nombres a la usanza occidental, ni se refieren a diferentes dioses.  Expresan de alguna manera, con pleno sentido para los mayas, la forma en que percibían el accionar (la revelación) de Dios, de Uk’u’x kaj Uk’u’x ulew, en los diferentes momentos de su historia personal y comunitaria.

Esta comprensión sólo puede ser posible mediante el conocimiento de las particularidades de la cultura maya y de la profunda expresividad de sus idiomas.

Si esto es así, cae por su propio peso la justificación de que se ha servido la misión de las iglesias cristianas, tal como han venido practicándola hasta hoy.  Se impone en consecuencia, la urgente necesidad de que las mismas revisen su concepto y su práctica de misión, especialmente al dirigirse a los pueblos mayas, cuya religión es tan válida como cualquiera otra, puesto que responde a una lógica coherente con su cultura.

De no hacerlo así, sólo estarán perpetuándose como agentes de dominación y propiciadoras del etnocidio que los pueblos mayas vienen sufriendo desde el siglo XVI.

Elementos importantes para esa revisión, además de los que quedan mencionados arriba, son: redescubrir la verdadera universalidad del cristianismo y reconocer el carácter pluricultural de la humanidad, respetando lo particular de cada cultura, para poder convertirse en instrumentos de una auténtica interculturalidad.

 

Bibliografía

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CHÁVEZ, Adrián Inés, Pop Wuj, poema mito-histórico kiché, Edición guatemalteca, México, Centro Editorial “Vile”, 1978.

GIRARD, Raphael, La civilización maya y sus epigonales, Guatemala, Imprenta Latina, (s/f).

________, Historia de las antiguas civilizaciones de América, 3 Tomos, España, Hyspamérica Ediciones, (2ª Ed.) 1978.

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MEGGED, Nahum, Los héroes gemelos del Popol Vuh, anatomía de un mito indígena, Guatemala, Editorial “José de Pineda Ibarra”, 1979.

MORLEY, Sylvanus G., La civilización maya, México, Fondo de Cultura Económica, 1987.

RECINOS, Adrián, Popol Vuh, las antiguas historias del Quiché, Traducción y notas, Colombia, Editorial Oveja Negra, 1985.

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THOMPSON, J. y ERIC, S., Historia y religión de los mayas, México, Siglo Veintiuno, (8ª Ed.) 1987.

VARIOS, La antropología americanista en la actualidad, 2 Tomos, México, Editores Mexicanos Unidos, (1ª Ed) 1980.

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NOTAS:


* Asesor Técnico de Educación Bilingüe Intercultural, en el Viceministerio de Educación Bilingüe Intercultural de Guatemala.

[1] Rev. Vitalino Similox Salazar, Secretario Ejecutivo de CIEDEG, Guatemala, enero de 1992. 

[2] Cit. en A. I. Chávez, Pop Wuj, p. 4.  El subrayado es nuestro.

[3] Ibid, pp. 3-4.  Prólogo.

[4] Guillermo Bónfil Batalla, Utopía y Revolución, p. 38.

[5] José Castañeda, “Raphael Girard, insigne americanista”, La antropología americanista en la actualidad, p. 57.

[6] Cf. Castañeda,  Ibid, p. 58.

[7] Cf. Historia de las civilizaciones..., p. 2.  Introducción.

[8] Castañeda, Op. Cit., p. 58.

[9] Cf. Girard, Op. Cit., p. 2.  Introducción.

[10] Op. Cit., p. 38.

[11] Op. Cit., p. 3.  Introducción.

[12] Es interesante notar como la concepción teológica de Dios, en la teología occidental, especialmente en la  protestante, ha ido evolucionando en esta dirección en los últimos años.  Así, Paul Tillich habla de Dios como el fondo del ser.

[13] Adrián Recinos ubica Tulán en la región oriental de México, mientras que Adrián Inés Chávez sugiere la interesante idea de que se refiere a alguna región del antiguo Egipto, desde donde se presume vinieron los primeros habitantes de América.

[14] ¡Qué gratificante resulta este pensamiento en la actualidad, frente a todo un sistema de muerte como el que hemos vivido los guatemaltecos, especialmente los mayas, en estas últimas décadas!  Basados en él, tanto las personas, como las organizaciones y el pueblo maya en general, podemos abrigar la esperanza alentadora de que Uk’u’x kaj Uk’u’x ulew encontrará al Jun Ajpu Ixb’alamke que libere a su pueblo del mal.

[15] J. Comblin, “El debate actual sobre la universalidad cristiana”, en Concilium, revista internacional de teología, p. 250.

[16] Comblín, Ibid.

[17] Ibid.

[18] Basta leer los anuncios de “Campañas evangelísticas” impulsadas por las iglesias, especialmente protestantes, para corroborar estas afirmaciones.  Es muy común el uso de términos como: Cruzada evangelística, Invasión... etc.

[19] Comblín, Op. Cit., p. 252.

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 Dra. Teodora ZAMUDIO