La leyenda de Quetzalcoatl. Diego Rivera. Palacio Nacional México D.F.

       
 


       por Dra. Teodora ZAMUDIO

  

pueblos Mapuche y Tonocoté

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La institución del  matrimonio en los pueblos  Tonocoté y Mapuche. 

Un estudio comparativo

Alumnas:    Carla Osimani - DNI. 25.747.628 María Fernanda Ramírez - DNI 18.448.611

 

 

 

Introducción

La idea con que concebimos este trabajo no es otra que tratar de echar un poco de luz a uno de los temas del derecho de familia dentro del ámbito de los pueblos indígenas, como lo es el matrimonio.

Comenzamos por conceptualizar esta institución, mencionar la etimología de la palabra, explicar sus fines, sus caracteres, sus formas y su naturaleza jurídica para nuestro derecho. Luego, intentamos plasmar nuestra experiencia en la búsqueda de respuestas a costumbres, algunas hasta casi olvidadas, de dos pueblos indígenas: el mapuche y el tonocoté. Para ello nos valimos de entrevistas y de bibliografía. Por último, trataremos de hacer un análisis del grado de compatibilidad entre la normativa vigente en nuestro país y el alcance de matrimonio para estos pueblos.

Matrimonio

Concepto

Intentar desentrañar el concepto de matrimonio no es tarea sencilla, ya que existen distintos puntos de vista desde los cuales es posible abordar una definición. Desde el aspecto sociológico, la unión de un hombre y una mujer, dirigida al establecimiento de una plena comunidad de vida, es descriptiva del matrimonio, aunque no excluiría otras formas de unión (como podría ser la unión marital de hecho). Por eso, consideramos que el elemento esencial para poder esboza un concepto de matrimonio desde el punto de vista jurídico es, precisamente, dotarlo de las características propias del derecho.

El derecho de familia institucionaliza el reconocimiento de las dos relaciones biológicas básicas que dan origen a la familia:

-la unión intersexual, que es la que se da entre el hombre y la mujer; y la

 -procreación, a través de la cual se constituye la relación entre los padres e hijos. Ambas, a su vez, son el origen de las relaciones que determina el parentesco.

El matrimonio trasciende como una institución social, ya que está gobernado por normas institucionalizadas, en cuanto al marido, mujer y también los hijos conceptualizan posiciones sociales o roles que la sociedad reconoce, respeta, y de algún modo, organiza.

El derecho a su vez constituye una recepción de la institución al establecer las condiciones mediante las cuales ha de ser legítima la unión intersexual entre un hombre y una mujer, en el sentido de que ha de ser protegida y reconocida como tal.

El matrimonio incorpora también componentes éticos y culturales que denotan el modo en que la sociedad, en un tiempo o época dada, considera legítima la unión intersexual.

La unión entre el hombre y mujer llamada matrimonio se logra en virtud de una acto jurídico, en el cual deben coexistir las condiciones exigidas a las personas de los contrayentes, al consentimiento y demás solemnidades que establece la ley para garantizar la regularidad del acto que ejerce el oficial público encargado el registro civil, se inicia el desenvolvimiento de la  relación jurídica matrimonial.

La relación jurídica concierne al desenvolvimiento de los vínculos creados por el acto jurídico matrimonial y se traduce en deberes y derechos interdependientes y recíprocos entre los cónyuges.

El matrimonio es un acto libre y personalísimo de los contrayentes, puesto que el consentimiento de ambos asume condición de existencia del acto, conforme lo establece el art. 172 del Cód. Civil. En tanto, el estado de familia emergente del acto es indisponible, pues las relaciones jurídicas que implica el matrimonio se imponen generalmente en atención al interés familiar u orden público. Mientras el acto matrimonial es fruto de la libertad de los contrayentes, el estado matrimonial se sujeta a la imperatividad de la ley y como atribución subjetiva de las relaciones familiares, participa de los caracteres comunes del estado de familia.

Etimología

La palabra matrimonio deriva de las raíces latinas matris y munium, y significa originalmente carga o misión de la madre.

El derecho romano, en cambio, utilizado el término de justas nupcias de donde proviene el sustantivo como sinónimo de matrimonio. En este caso nupcias proviene de nubere, es decir velar o cubrir, aludiendo al velo que cubría a la novia durante la ceremonia de la confarreatio.

Otros términos sinónimos han sido consorcio, de raíz latina (de cum y sors) que significa la suerte común de quienes contraen matrimonio. También se ha recordado que el término cónyuge proviene de las raíces latinas cum y yugum, aludiendo al yugo o carga común que soportaban los esposos.

Fines del matrimonio

El Código de derecho canónico del año 1917 distinguía entre los fines primarios y fines secundarios del matrimonio, considerando que los fines primarios son la procreación y la educación de la prole y los fines secundarios, la ayuda mutua y el remedio a la concupiscencia. Ello significa que los cónyuges deben, en primer lugar, realizar lo conducente a cumplir los fines primarios, es decir, la prolongación de la especie y la educación de los hijos procreados y a esta procreación y educación de los hijos estarían subordinados los llamados fines secundarios de la ayuda mutua y el remedio a la concupiscencia.

Sin embargo, esta doctrina del derecho canónico ha sido reformulada a partir de los documentos del Concilio Vaticano II, todavía vigente por entonces el Código de Derecho Canónico de 1983 considera que el matrimonio está ordenado al bien de los cónyuges, y a la procreación y educación de los hijos sin aludir a los fines primarios y secundarios.

Por eso es que las fórmulas que resumen los fines del matrimonio desde la perspectiva de la realización plena del hombre y mujer en el encuentro interhumano en el cual han de fundar una familia constituida por ellos y más tarde por los hijos que lleguen a este mundo, para educarlos y educarse, para realizarse en la vida y cumplir con lo que constituye un destino natural.

Caracteres del matrimonio

  • Unidad: Este carácter está implícito en la institucionalización de la unión intersexual monogámica. La existencia del matrimonio subsistente impide la constitución de otro vínculo matrimonial. Así lo establece claramente el Código Civil al consagrar el llamado impedimento de ligamen, es decir el del matrimonio anterior mientras subsista. (art. 166, inc. 6 Cód. Civil)

  • Permanencia: La unión matrimonial es permanente o estable en el sentido de que se contrae con la intención de que perdure y que de su estabilidad quede garantizada por la ley.
    La permanencia o estabilidad no debe confundirse con la indisolubilidad. La indisolubilidad atañe a la posibilidad  de que el vinculo matrimonial pueda extinguirse no obstante haber sido válidamente constituido, en razón de hechos naturales o circunstancias involuntarias.

  • Juridicidad: El matrimonio es la unión de hombre y mujer legalmente sancionada, lo cual implica que se perfecciona por medio de la celebración del acto jurídico revestido de las solemnidades que la ley impone a los contrayentes.

Naturaleza jurídica

El matrimonio no se trata pura y simplemente de un contrato, sino que estamos frente a una acto jurídico bilateral, en el sentido dado por el art. 946 del Cód. Civil, que se constituye por el consentimiento de los contrayentes, de acuerdo a lo dispuesto por el art. 172 del Cód. Civil, pero integrado por la actuación también constitutiva del oficial público encargado del Registro Civil o de la autoridad competente para celebrar el matrimonio, con el fin de hacer efectivo el control de legalidad o legitimidad en nombre del Estado.

La estructura del acto de celebración del matrimonio muestra un nexo concurrente de consentimiento y actuación constitutiva del oficial público: la existencia del acto importa reconocer constitutivamente no sólo el consentimiento de los contrayentes sino también, simultáneamente el acto administrativo que importa el control de legalidad. El acto jurídico matrimonial es un acto subjetivamente complejo.

Formas matrimoniales vigentes en el territorio argentino

La legitimidad de la unión matrimonial es un concepto elástico y mutable, ya que depende de las formas matrimoniales que son, concretamente, el conjunto de solemnidades requeridas por la ley para el reconocimiento jurídico del vínculo matrimonial.

El matrimonio siempre ha estado ligado estrechamente a las creencias religiosas de los pueblos. Se advierte que las creencias religiosas han transcendido con carácter normativo y han fundado todo el orden jurídico.

El Código Civil de 1871 mantuvo la tradición del derecho hispánico. El Fuero Real, las Partidas y finalmente, la Real Cédula de Felipe II de 1564, sólo reconocían el matrimonio in facie ecclesia. Por ello, el art. 167 del Cód. Civil disponía que “el matrimonio  entre personas católicas debe celebrarse según los cánones y solemnidades prescriptas por la Iglesia Católica. Y quedaba regido también por el derecho canónico todo lo relativo a los impedimentos y dispensas, divorcios, disolución del vínculo y nulidad del matrimonio entre católicos, quedando comprendidos los matrimonios mixtos (los celebrados entre católicos y cristianos no católicos) con dispensa de la Iglesia Católica. Los matrimonios celebrados en ministerios disidentes eran nulos.

En cuanto al matrimonio entre no católicos, se debían celebrar de acuerdo con los ritos de la Iglesia a la que los contrayentes pertenecieran, pero, en este caso, las causas de divorcio y nulidad de matrimonio eran de competencia de los tribunales civiles.

Las disposiciones de Código Civil resultaron de todas luces insuficientes, ya que no preveían forma matrimonial alguna para los contrayentes que no profesaran religión o cuya religión no contase con ministros hábiles para casarlos.

A poco más de quince años de la vigencia del Código Civil, el Poder Ejecutivo Nacional remitió al Congreso, en 1887, un proyecto de ley de matrimonio civil. La ley de matrimonio civil sólo reconoció, a partir de entonces, el matrimonio celebrado ante el oficial público encargado del registro civil. Sin perjuicio de ello el oficial no podrá oponerse a que los esposos, después de prestar el consentimiento ante él, hagan bendecir su unión en el mismo acto por un ministro de su culto”.

Formas matrimoniales en el pueblo  Tonocoté

En el territorio del Estado Argentino,  se dividieron en dos linajes: uno ubicado en el noroeste (los Chané) influidos lingüísticamente por los Pueblos Guaraníes y el otro, entre los paralelos 26 y 29 de latitud sur: los Tonocotés, que ante el avance del Imperio Inca, adoptaron el quichua como su lengua nativa.

El origen del pueblo es arawak,  actualmente habitan la ciudad de Santiago del Estero.

Su  denominación de Tonocoté significa hombre colorado en su lengua originaria. Provienen de Brasil. Hoy los miembros de la Nación Tonocoté hablan un dialecto propio derivado del quichua.

Los clanes de aborígenes poseían brujos, que hacía de intermediario ante la divinidad, a uno de ellos lo llamaban CACANCHIG (el cual para los colonizadores representaba al demonio), poseían oráculos donde se realizaban ofrendas. Tenían mucho respeto por el nacimiento, la vida y la muerte. 

Sus ídolos eran La Lechuza y La Víbora. La Lechuza representa lo elevado, lo que está por sobre de ellos: el agua; la lluvia y el aire. La Víbora representa la tierra y la fertilidad en la cosecha. Ambos animales significan la fertilidad y fecundidad. 

Su rito funerario era muy sofisticado, primero enterraban a los muertos hasta que las partes blandas desaparecieran. Una vez descarnado el cuerpo se lo colocaba en urnas de barro decoradas que eran enterradas debajo de las viviendas.

Entre sus principales actividades se encontraban  el cultivo de maíz, quínoa, porotos, zapallos. Criaban llamas y ñandúes, también cazaban animales silvestres y recolectaban algarroba, chañar, frutos de tunas y miel silvestre.

Desarrollaron el tejido en telar, los adornos de plumas, la cestería, la cerámica y una metalurgia primitiva. Las mujeres eran grandes hilanderas, sobresalieron en la alfarería, hicieron grandes urnas funerarias y pucos, con motivos muy elaborados.

Los integrantes del pueblo Tonocoté tienen la propiedad común de la tierra; deben participar en las tareas comunitarias 

Actualmente existe una Ley del Pueblo Tonocoté  para el desarrollo de su identidad y la gestión de sus recursos, donde se establece en que forma se organizan, las funciones que posee cada órgano que integra la comunidad, sus derechos y obligaciones.

Hasta aquí una muy escueta presentación del pueblo. Respecto del tema que nos ocupa, el matrimonio, la información que expondremos ha sido ha sido proporcionada por la Tinkina, Solita Pereyra, quien es la delegada del Consejo Llutqui.

Este Consejo dirige al Pueblo Tonocoté, y lo representa ante las autoridades nacionales, provinciales y municipales, antes los restantes Pueblos o Naciones Aborígenes y ante terceros. 

Dentro del pueblo Tonocoté las parejas se eligen libremente de acuerdo a sus simpatías o amor. Esta elección no está supeditada a la decisión de sus padres o de los miembros de la comunidad, ni de los Consejos.

No existe promesa anterior al matrimonio, la disolución del noviazgo no produce ninguna consecuencia.

El acto de unión en matrimonio tiene lugar cuando la pareja elige el lugar donde va a vivir y levantan una sencilla y pobre vivienda donde comenzarán la vida juntos

En la mayoría de los casos el matrimonio no debe ser aprobado por ningún integrante de la comunidad o familia, salvo en los casos de mal comportamiento de alguno de los dos donde sí necesitarán de la aprobación del matrimonio.

Las principales finalidades del matrimonio Tonocoté son estar juntos y tener hijos, especialmente varones mayores, para proseguir con  el linaje interno de la familia, pero no del apellido, por cuanto esto es una imposición de la sociedad no Tonocoté.

Los miembros de la comunidad pueden casarse libremente. En el caso de que una Tonocoté contraiga matrimonio con una persona no perteneciente a la comunidad, él la llevará a su lugar, pero ella seguirá perteneciendo a su pueblo, salvo que él, por ejemplo, solicite pertenecer por adopción al Pueblo o Comunidad de que se trate.

Antiguamente no existían impedimentos para contraer matrimonio, actualmente no pueden casarse los hermanos y primos entre sí, porque se convertirían en “almamulas”, pero esto se debe a una marcada influencia de la Evangelización que puso su marca de fuego.

No hay una edad determinada para que los cónyuges puedan casarse, su capacidad para hacerlo está dada por la posibilidad de que el varón pueda satisfacer las necesidades de la familia.

Los hijos del matrimonio pertenecen a la Comunidad y tienen su lugar en ella.

No hay para el Pueblo Tonocoté un matrimonio ceremonial, nadie puede oponerse salvo que exista un impedimento, por ejemplo, que sean hermanos.

En cuanto a las obligaciones, el varón debe proveer a las necesidades principales, hacer el cerco para sembrar maíz, zapallo, etc. Como principal obligación de la mujer se encuentra la de cuidar de los hijos, hacer la comida, traer agua, a veces buscar la leña para el fuego si el varón no lo hace, tejer en el telar, buscar las medicina de las plantas.

Los hijos son educados por ambos, pero más por la madre, en el respeto a los mayores, el cuidado de los menores, la ayuda de las tareas, como ser la majadita, dar de comer a las gallinas, etc. Nunca se los castiga corporalmente ni psicológicamente, todo se da naturalmente como se observa en la naturaleza, hasta el destete es natural y sin traumas.

No pierden ningún derecho al casarse. En cuanto al uso del apellido del marido por parte de la mujer, el opcional para ellos utilizarlo.

Al contraer matrimonio los Tonocoté forman una nueva familia, pero sin cortar lazos con cada una de sus respectivas familias de origen.

Los bienes que producen u obtienen pertenecen a ambos, ellos los administran y disponen.

Pueden divorciarse o separarse, cuando la unión no funciona por decisión de los dos  y cada uno puede volver a su respectiva casa paterna o materna, o quedar la mujer en la vivienda que iniciaron juntos. Las causas de desunión entre otras pueden ser la falta de armonía en la convivencia,  haberse enamorado de otra persona.

La unión o matrimonio finaliza, de no mediar causas de desunión, con la desaparición física de uno de ellos. No se producen efectos respecto de los cónyuges, los hijos o los bienes, sencillamente la vida continúa, y los bienes siguen siendo usufructuados por los que perviven.

Los cónyuges pueden volver a casarse cuantas veces quieran, es más, pueden no unirse y solo tener hijos que les manda la vida, y ellos viven con la madre, quien continúa la vida sola con sus hijos. En la mayoría de estos casos, los hijos llevan el apellido materno.

Generalmente no llevan registros de los matrimonios, sólo en algunas ocasiones, por influencia de la vida urbana o por haber trabajado en la ciudad.

Formas matrimoniales vigentes en el pueblo Mapuche

Aquel que no conozca las costumbres mapuches, quedará asombrado por el orden y limpieza que reina en el hogar, la educación y obediencia de los pequeños y Ia manera fácil y tranquila en que transcurre la vida familiar.

La mujer está en constante movimiento cuidando de sus hijos, preparando alimentos y en otras labores domésticas. Cuida la pequeña huerta, los animales menores y aves. En sus horas más apacibles se sienta con su huso y tortera a hilar la lana de la esquila con la cual después tejerá coloridos ponchos, frazadas, cobertores, fajas y otros textiles.

La cerámica y cestería son, asimismo, labores femeninas que se realizarían dentro de la casa en invierno y fuera de ella en las estaciones cálidas. En todas estas labores, la dueña de casa es ayudada por sus hijos menores e hijas solteras, que de esta manera reciben un adiestramiento de primera calidad para cuando llegue el momento de su matrimonio, en que abandonarán su hogar y formarán una nueva familia en la residencia de su mando.

El jefe del hogar es el hombre, que realiza sus labores cotidianas fuera de la casa. Estas se relacionan con la agricultura y el cuidado del ganado mayor y caballares. El mapuche, además, es un gran tallador de madera y poseedor de muy buenas técnicas para la industria del cuero.

En el verano, la vida familiar se desarrolla al aire libre, los pequeños juegan cerca de la ruka, los adolescentes cuidan de los animales y el padre y la madre están dedicados a sus diarias tareas. En el invierno, mientras la lluvia cae incesantemente sobre el techo de paja, la familia se reúne en torno al fogón y, haciendo caso omiso del humo que inunda el recinto y ennegrece las paredes, se lleva a cabo, en la intimidad de la casa, un proceso cultural de fundamental importancia: mientras las mujeres trabajan afanosamente en las labores domésticas, los miembros mayores se entretienen en largas conversaciones y discursos acerca de sus recuerdos, sus antepasados y las hazañas que se les atribuyen.

Los niños, que observan silenciosa y atentamente esta escena cotidiana, van absorbiendo, de esta forma, la cultura de su pueblo. Se aprovecha de estos momentos para instruir a los pequeños en las normas de etiqueta, moral y buenas costumbres.

Para una familia mapuche, los hijos varones representan su perpetuidad. Se casarán y establecerán su hogar en las tierras paternas donde ayudarán a sus padres hasta el fin de sus días, heredando, entonces, las tierras. Las mujeres, en cambio, sólo vivirán con sus padres mientras permanezcan solteras.

Al contraer matrimonio, abandonarán su sitio natal y establecerán residencia en casa de su marido. Sus hijos pertenecerán al grupo de éste y perderán vinculación con las tierras maternas.

El parentesco corre por línea varonil. Es así como un joven, llamará "hermano" o "hermana" a los hijos del hermano de su padre, y le estará vedado el matrimonio, con esta última, a riesgo de incurrir en una relación incestuosa. Por el contrario, el matrimonio entre primos cruzados (la hija del hermano con el hijo de la hermana) es un vínculo preferido por el sistema familiar y seguramente constituyó un matrimonio obligatorio en tiempos pretéritos.

Como los miembros solteros de un grupo de residencia están ligados entre sí por vínculos patrilineales, los jóvenes deben buscar pareja fuera de la comunidad. Esta forma de matrimonio es calificada como exogámica.

Tradicionalmente, incluso en los tiempos de mayor predominio matriarcal, la familia mapuche tenía un régimen de poligamia, es decir, el varón mapuche solía tomar tantas esposas como su fortuna personal le permitiera y dando preferencia a las hermanas de la primera esposa, la cual mantenía un rango superior y cierta autoridad sobre las demás. De hecho, con frecuencia era la primera esposa la que requería a su marido que tomase más esposas a fin de repartir y alivianar las tareas domésticas y también para hacer gala de bienestar y jerarquía social.

En el seno de la familia se seguía un régimen de modales de gran cortesía y etiqueta rigurosa que evitaba el surgimiento de roces o malquerencias entre las mujeres y preservaba el tono familiar de reserva y buenas maneras.

Dentro de la casa o ruca, cada mujer disponía de un ámbito propio que incluía un fogón en el que preparaba separadamente sus comidas y las de sus hijos; además poseía su propia parcela de tierra de cultivo y sus propios animales domésticos.

Debido a esa vasta organización familiar, las antiguas rucas mapuches eran construcciones de gran tamaño, llegando algunas a medir treinta metros de frente por ocho de fondo.

La poligamia actualmente está en desuso no por transformaciones culturales o legales sino simplemente por el empobrecimiento de las familias y, en parte, por influencia de las costumbres de los blancos o wingkas y los misioneros cristianos.

El noviazgo entre jóvenes se basaba desde épocas muy antiguas en el conocimiento y afecto recíproco. El joven visitaba a su novia con frecuencia y se reunía también con ella en ocasiones de fiestas, reuniones sociales y ritos religiosos. El novio solicitaba el permiso de su padre para formalizar la unión, y éste entonces enviaba a un huerkén o embajador formal a casa de los padres de la novia, para solicitarla en matrimonio y acordar la fecha y la dote que el esposo debía entregar a los padres de ella.

Llegado el momento, el novio se presentaba en casa de sus futuros suegros acompañado de su padre y un séquito de otros parientes y amigos, llevando consigo la dote en dinero, animales, productos agrícolas, piezas de tela, platería y adornos. Sólo después de entregada la dote, el novio, ayudado por sus familiares y amigos, construía la nueva ruca a cierta distancia de la de sus padres. Una vez terminada ésta, se realizaba una fiesta en la cual la novia se trasladaba a su nueva casa.

Según algunas versiones, desde la pubertad existía gran libertad sexual entre los mapuches y los varones no tenían como causa de menosprecio el que la novia hubiese tenido ya algún hijo fuera de matrimonio. Alonso de Ercilla, refiere en La Araucana, cómo la joven Guacolda convivía con Lautaro y lo acompañaba en sus campañas sin estar casados y mientras aún mantenían una relación muy juvenil, más de amantes que de esposos.

Hasta mediados del siglo XIX todavía solía producirse como alternativa el matrimonio por “rapto”, que generalmente era simulado. El novio, acompañado de otros jóvenes escogidos entre sus familiares y amigos, secuestraba a la novia que normalmente estaba de acuerdo. Una vez consumada la unión sexual de la pareja, los padres del novio se presentaban en casa de la novia llevando la dote para formalizar el matrimonio. Sin embargo, con cierta frecuencia el rapto era verdadero y contra la voluntad de la joven, lo que traía consigo recias contiendas con muertos y heridos entre los cuales más de una vez el novio se contaba entre los caídos.

Cada familia vive en su casa o ruka y en su derredor tiene los corrales, la chacra y tierras que utiliza. Al parecer esta forma de ocupar la tierra, o patrón de asentamiento, es de raigambre prehispánica, pues los primeros conquistadores la describen como característica de esta región.

Relaciones de parentesco, proximidad espacial y lazos de cooperación y lealtad mantienen unidas a las familias que forman un grupo local. Son de vital importancia también para relacionar a los miembros de una comunidad, las creencias religiosas, que elevan a categorías divinas a los ascendientes y fundadores de los linajes a los que se les rinde un culto que es compartido estrechamente por todas las familias de cada agrupación.

El intercambio de mujeres, dentro del sistema de matrimonio exógamo, es uno de los vehículos más importantes para integrar a varias comunidades mapuches entre sí y forma un elemento de básica importancia para comprender la sociedad mapuche. Las relaciones matrilaterales dan origen a vínculos de orden económico, como trabajos agrícolas, construcción de casas, eventos de tipo lúdico o deportivo. También dentro de este nivel de integración social y cultural de la sociedad mapuche se debe destacar la vital importancia que desempeñan las instituciones religiosas, las normas y valores, que mantienen la cohesión social.

Cuando nos propusimos conocer un poco más sobre las relaciones de familia dentro del pueblo mapuche en la actualidad, contamos con  la ayuda de un miembro de la comunidad, Sergio Marihuan, que colaboró con nosotras contándonos parte de sus prácticas y costumbres. Algunas, nos aclaraba, se perdieron y están tratando de recuperarlas.

Actualmente no existe otra forma de pareja que no sea a través de la libre elección de sus miembros. Ya cayó en desuso la posibilidad de que un anciano, a través de revelaciones, estipule la formación de un matrimonio.

Existe un tipo de promesa matrimonial, que es el momento del compromiso de la pareja, cuando se le informa a los padres de la existencia del noviazgo. En ese momento, se los instruye a ambos sobre los alcances y responsabilidades que significa conformar una familia, tarea que reposa sobre los ancianos del pueblo. Una vez formalizado este compromiso, habiendo comprendido la pareja el alcance del mismo, comenzarán a transitar un período que terminará, salvo alguna excepción, en matrimonio. Si existiera dudas sobre la permanencia de esta unión, los ancianos del pueblo aconsejan esperar el tiempo suficiente hasta que las dudas se esclarezcan.

Si durante este período libremente rompieran el noviazgo, no existe ninguna responsabilidad. Generalmente no hay convivencia previa al matrimonio.

Luego de contraer nupcias, actualmente en el Registro Civil, realizan una ceremonia en su comunidad. Este ritual está presidido por la mujer más anciana. La finalidad es poner en conocimiento al “ser espiritual mapuche” que dos seres se unen. No hay registración de las nupcias en la comunidad, pero antiguamente se dejaba plasmado en los telares, donde se manifestaba la historia de los miembros del pueblo.

Los mapuches no conciben la oposición a la celebración del matrimonio. La oportunidad para aceptar (los padres, los ancianos) esta libre elección de la pareja es cuando se celebra el compromiso. Una vez formalizado, ya no hay razón para oponerse.

La finalidad del matrimonio es cumplir con la ley de la naturaleza humana, que se entiende desde dos ámbitos: uno individual que indica la necesidad de ser padre, esposo, madre y otro, de tipo comunitario que impone el acrecentarla numéricamente.

No existe limitación para que los mapuches celebren matrimonio con personas que no pertenecen a este pueblo. Quien se case con un mapuche, será protegido por la comunidad, pasará a ser miembro, pero no formará parte de su cultura ni de los ritos. En algunos casos, con el paso de los años, se les permite presenciarlas.

No existen entre ellos una edad mínima para casarse. Antes se acostumbraba a hacerlo muy jóvenes, en la adolescencia. No se concebía un mapuche que llegara a los 20 años y estuviera soltero. Actualmente la mayoría de los matrimonios se celebran en la juventud, pero ya no es una exigencia. De todas maneras, los ancianos son quienes determinarán si la pareja logró el desarrollo espiritual, físico y psíquico necesarios para conformar una familia.

Respecto de los impedimentos de parentesco, no hay matrimonios entre hermanos y se aconseja que tampoco se unan entre primos hermanos. Este último caso se da en algunas ocasiones, porque más allá del consejo que puedan recibir de parte de los ancianos del pueblo acerca de la no conveniencia de esa unión, no se les impide hacerlo. Tendrán que asumir la responsabilidad por esta elección: posibles enfermedades, alteraciones de conciencia y hasta la locura. Por otro lado, se les hará difícil conseguir ayuda de la comunidad. Si de esta unión nacieran hijos, éstos no serán discriminados como lo son los padres, porque se entiende que toda la comunidad es responsable por los niños.

Una vez unidos en matrimonio se entiende que existe un deber de atención y ayuda mutua de los cónyuges y respecto de la crianza de los hijos. Nace una nueva familia independiente de la de origen de ambos.

La mujer no agrega a su apellido el del marido y los hijos son inscriptos, por lo general, con el apellido de ambos padres.

El hecho de que el padre o la madre sea mapuche, hace que los hijos sean considerados mapuches por la comunidad. La condición de indígena se transmite por ambas líneas.

Los bienes que adquieran son considerados de ambos y la administración de los mismos será llevada adelante por cualquiera de ellos, pero con el consentimiento de ambos. Si no hubiera acuerdo en disponer de un bien, no se hará hasta tanto el otro cónyuge esté de acuerdo.

Un tema que nos resultó interesante fue descubrir que cuando se hizo un análisis de los casos de separación y divorcio dentro del pueblo mapuche que vive en la provincia del Neuquén, el resultado fue que no se registraban casos. El mapuche se casa para toda la vida. Las situaciones por la que atraviesa la familia son consideradas parte de la vida y del compromiso que asumieron en la presentación del noviazgo frente a los padres y se sostiene la unión a pesar de darse situaciones de violencia familiar o alcoholismo. Para ellos, estas alteraciones en la armonía son fruto de la ruputura de los valores que existían en su comunidad tras penetrar costumbres ajenas a las mapuches.

Toda la comunidad es de algún modo responsable por la unión de los cónyuges, sosteniéndolos en lo afectivo y pidiendo por ellos en las ceremonias espirituales o rogativas.

El matrimonio sólo termina por la muerte de uno de los cónyuges. El viudo o viuda podrá unirse en pareja nuevamente, pero ya no celebran con ceremonias esta unión. Tampoco vuelven a contraer nupcias, simplemente son uniones de hecho. Si fruto de ella nacieran hijos, son considerados en la misma categoría que los matrimoniales.

Comparación de las costumbres indígenas con las disposiciones del Código Civil

Elección de los cónyuges:

Tanto en las comunidades indígenas  como en el régimen dispuesto por el Código Civil Argentino las parejas se eligen libremente para contraer matrimonio, la elección no es impuesta por ningún familiar o miembro de la comunidad.

Esponsales:

Tanto en la Comunidad Tonocoté como en la Mapuche la ruptura noviazgo no genera ningún tipo de obligaciones, ni da lugar a indemnizaciones.

En cambio, en el régimen del Código Civil, si bien no se reconocen esponsales a futuro, por lo tanto,  no se puede obligar a uno de los contrayentes a cumplir con la promesa de matrimonio, la ruptura intempestiva de la promesa de matrimonio, como hecho humano y voluntario, puede llegar a configurar ilícitos resarcibles si el obrar de cualquiera de los prometidos pudiera calificase como doloso o culpable.

Acto de celebración del matrimonio:

En la comunidad Tonocoté no existen rituales, ni ceremonias para la celebración del matrimonio. En la mayoría de los casos, las uniones son espontáneas sin registrárselas ni cumplir con lo dispuesto en la ley 23.515. Los casos en que se celebra el matrimonio civil es porque por razones de trabajo alguno de los cónyuges estuvo más en contacto con las ciudades.

Los mapuches en cambio realizan una ceremonia para el compromiso, donde se determinan todos los derechos y obligaciones que tendrán cuando estén unidos. Las ancianas ayudan a la celebración del compromiso, además se les avisa a los dioses sobre el compromiso que ha de celebrarse.

De acuerdo con el Código Civil, el matrimonio debe celebrarse en la oficina del oficial público encargado del registro civil, públicamente, con la presencia de dos testigos y cumpliendo las formalidades legales.

Finalidad del matrimonio:

En el pueblo Tonocoté la finalidad es estar juntos, criar a los hijos, especialmente varones y proseguir con el linaje interno de la familia.

Para los mapuches su principal finalidad es seguir las leyes de la naturaleza, agrandar la comunidad y reforzarla.

Si bien como ya dijimos en el Código Civil no se enuncia expresamente una finalidad en el matrimonio, siguiendo las normas del Derecho Canónico consideran que su finalidad está ordenada al bien de los cónyuges y a la procreación y educación de los hijos.

Por lo tanto, las finalidades son muy similares en los casos expuestos.

Capacidad para contraer matrimonio:

Los Tonocoté sólo exigen como presupuesto de capacidad que el varón tenga la edad suficiente para poder proveer a la familia de todas sus necesidades. Actualmente no pueden casarse entre hermanos o primos. En los Mapuches debe cumplirse con igual requisito, cuando los contrayentes entren en la juventud aproximadamente a los 16 años, el matrimonio puede celebrarse. Antes pueden hacerlo también si el Consejo de ancianos así lo autoriza.

Según nuestro Código los contrayentes pueden celebrar el acto matrimonial cuando no estén impedidos de hacerlo, por las causales enunciadas en el Art. 166. (consanguinidad, adopción, edad, ligamen, crimen, privación permanente o transitoria de la razón, sordomudez)

Oposición a la celebración del matrimonio:

En el pueblo Tonocoté nadie puede oponerse al matrimonio, salvo que haya existido una mala conducta por parte de alguno de ellos.

Para los Mapuches, el acta de compromiso es muy importante, por lo tanto es en ese momento donde los padres de los contrayentes pueden oponerse.

En nuestro ordenamiento los impedimentos operan como causa de oposición a la celebración del matrimonio. El Art. 176 establece que sólo pueden alegarse los impedimentos establecidos por ley. Tienen un interés legítimo en deducir la oposición, el cónyuge de la persona que quiere contraer otro matrimonio, los ascendientes, descendientes y hermanos de cualquiera de los esposos, el adoptante y el adoptado en la adopción simple, los tutores o curadores, y, en todo caso el Ministerio Público que deberá deducir oposición si tiene conocimiento de algunos de los impedimentos.

Efectos del matrimonio:

En ambas comunidades indígenas los efectos son similares. La mujer debe criar y educar a los hijos, alimentar y cuidar de su familia; como principal deber el varón debe proveer a la familia de todas sus necesidades. Los bienes pertenecen a ambos y disponen y administran de común acuerdo. No existen conflictos con respecto a los bienes, ya que son considerados de propiedad de ambos cónyuges. No es motivo de disputa entre cónyuges.

En el Código Civil están enumerados taxativamente los efectos del matrimonio los cuales se dividen en personales y patrimoniales.

Efectos personales: Los cónyuges tienen el deber de cohabitación, fidelidad, asistencia y alimentos. La mujer tiene la facultad de usar el apellido del marido. Se hizo mención al hecho de que entre los mapuches la esposa no utiliza el apellido de casada. Los demás deberes y derechos son cumplidos por estos dos pueblos indígenas.

Efectos patrimoniales: El Código Civil distingue entre los bienes propios de cada uno de los cónyuges, tales son los introducidos al matrimonio o los adquiridos con posterioridad a la celebración a título de herencia, legado o donación; y los bienes gananciales, que son los bienes existentes a la disolución de la sociedad conyugal, si no se prueba  que pertenecían a alguno de los cónyuges cuando se celebró el matrimonio, o que los adquirió después por legado herencia o donación. Estos gananciales serán divididos en partes iguales entre ambos cónyuges tras la disolución de la sociedad conyugal.

Separación personal y divorcio vincular

Nuestro Código Civil regula la separación personal y el divorcio vincular a partir del art. 202 y sgtes, conforme a la ley 23.515. Puede solicitarse la separación personal de manera controvertida imputando al otro cónyuge una inconducta prevista en la ley; puede fundarse en alteraciones mentales graves, alcoholismo, drogadicción; puede basarse en la separación de hecho durante dos años y también pueden solicitarla ambos cónyuges de mutuo acuerdo. En el divorcio vincular, también puede llegarse a través de un proceso controvertido, por la separación por más de tres años, por mutuo acuerdo o por conversión de la sentencia de separación personal.

En el pueblo tonocoté las parejas que no tienen una convivencia armónica se separan. Pero esto se da de manera espontánea, como muchas veces las próximas uniones, sin recurrir al juez que dicte sentencia de divorcio ni posteriormente contraer nuevas nupcias.

En los mapuches el matrimonio no se disuelve sino hasta la muerte de uno de los cónyuges. Continúan unidos de por vida, y no se presentan casos de separación de hecho. Si existen conflictos se entienden como parte de la responsabilidad que se asumió en la unión matrimonial y continúan juntos.

En  ambos pueblos no recurren a este instituto del divorcio vincular ni a la separación personal.

Deberes y derechos respecto de los hijos

En el pueblo tonocoté es la mujer quien se encarga fundamentalmente de la educación de los hijos. Si el matrimonio se separa y por ende deja de convivir, los hijos quedan a cargo de la madre. Incluso si ésta tuviera posteriormente otros hijos, vivirán con ella.

Los mapuches, si luego de haber celebrado el compromiso la mujer queda embarazada, éste se consolida más y el tiempo para llegar al casamiento es menor. Pero si no llegaran a casarse, ese hijo quedará a cargo de los abuelos, quienes se encargarán de educarlo y criarlo. De todas formas, si hay casamiento, los abuelos ocupan un lugar importante en la vida de los menores, porque son quienes se ocuparán de la formación espiritual de los niños mientras los padres están en plena etapa laboral.

En nuestro ordenamiento, la patria potestad se ejerce de manera conjunta si los padres conviven (situación que observamos se da en ambos pueblos analizados) y los actos realizados por uno de los padres se presume que cuenta con el consentimiento del otro. Si uno de ellos fallece, la ejercerá el padre que los sobreviva. Si el hijo es extramatrimonial y uno sólo de los padres lo reconoció, ése será quien tenga el ejercicio de la patria potestad.

Si los padres no se encontraran en condiciones de ejercer la patria potestad debido a su incapacidad jurídica, o porque se los privó de ella o fueron suspendidos en su ejercicio, sus hijos quedarán sometidos a tutela

BIBLIOGRAFÍA

Gustavo A. Bossert- Eduardo A. Zannoni. Manual de Derecho de Familia. Ed. Astrea. 1996.

Vidal Taquín,Carlos H. Matrimonio Civil. Ley 23.515. Ed. Astrea. 1991.

Azpiri Jorge. Derecho de Familia. Ed. Hammurabi. 2000.

Cultura Mapuche - Editado por el Departamento de Extensión Cultura del Ministerio de Educación de Chile - Julio 1986.

Código Civil de la República Argentina. García Alonso. 2001.

 

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 Dra. Teodora ZAMUDIO