La leyenda de Quetzalcoatl. Diego Rivera. Palacio Nacional México D.F.

       
 


       por Dra. Teodora ZAMUDIO

  

Tratados I - frontera chaqueña

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Periodo Hispánico

Tratado formal del gobernador Alonso de Mercado y Villacorta con los tocagües y vilos

Tratado con los malbalaes

Paces con los lules.

Tratado del gobernador Juan de Santiso y Moscoso con la Nación Toba

Capitulaciones entre el gobernador Juan Victorino Martínez de Tineo y los malbalaes.

Paces con los minuanes de la Banda Oriental

Célebre tratado de paz entre el gobernador Jerónimo Matorras y el cacique mocoví Paikín en la Cangayé

Capitulaciones que se establecieron con el cacique mocoví Etazorín

Paces con los Chunupíes, Malbaláes y Signipes en la Buena Ventura

Convención ajustada con los Tobas

 

Tratado formal del gobernador Alonso de Mercado y Villacorta con los tocagües y vilos

del 13 de diciembre de 1662.

 “Capitulaciones y condiciones con que se admite la paz a las dos parcialidades de indios Tocagües y Vilos del Valle Calchaquí de la jurisdicción de Santa Fe de la Vera Cruz efectuadas en nombre de su Majestad que Dios guarde por el Señor Don Alonso de Mercado y Villacorta Caballero del orden de Santiago, gobernador y capitán general de estas provincias del Río de la Plata por su Majestad que Dios guarde. Y por parte de dichos indios con los Curacas Don Fernando Sasatt y Antón Anahamitt que lo son de dichas parcialidades y con Matteo Cuspi y Gabriel Anahamitt indios principales de ambas naciones asistidas del Reverendo Padre Nicolás de Carvajal de la Compañía de Jesús de quien vinieron acompañados. Para el efecto las cuales se dispusieron de la forma siguiente:

“Primeramente es condición a favor de la conveniencia espiritual y temporal de dichos indios, de la duración de la paz y de la causa pública que dichas dos parcialidades de indios Tocagües y Vilos con sus mujeres y hijos y familias dejando su naturaleza y tierras de dicho Valle Calchaquí se han de reducir y poblar en frente de dicha ciudad de Santa Fe de la otra parte del Río Paraná una legua o dos agua abajo en el sitio más acomodado que se eligiere y que edificando en el solario y ranchería en forma de población competente se han de dejar gobernar con enseñanza cristiana y política según los hacen los demás pueblos de indios domésticos, y los disponen las ordenanzas reales que para su conservación y buen tratamiento están mandadas en esta provincia.

2°) Que desde luego quedan indultados de cualesquiera delitos, muertes y robos y otros excesos que hayan cometido durante el tiempo de las guerras pasadas y de las en que al presente se hallaban empeñados sin que por razón de dicho delitos pueda ninguno de dichos indios ser reconvenido en juicio ni hacerse causa sea a instancia de parte y derecho por lo que pudiera tocar a la vindicta pública.

3°) Que sin embargo de haber sido justificado premio de los españoles que asistieron en las guerras pasadas de dichos indios las piezas de sus parcialidades que fueron aprisionadas en ellas y se les repartieron en remuneración por servicio atendiendo que ha más de seis años que han padecido esta servidumbre y a su mayor conveniencia y conservación les sean restituidas luego que pasen por sus familias de la otra banda del Paraná y empiecen a disponer su población sin que ninguna de las personas en cuyo poder se hallan dichas piezas aunque las tengan por merced o título de encomienda puedan pretender más derecho de ellas sino que entregándolas como dicho es queden incorporadas en dicho pueblo con las mismas cualidades y condiciones de esta capitulación sobre cuyo particular es advertencia que las indias que estuviesen casadas con indios de otras parcialidades o con negros libres o esclavos no han de ser comprendidas en dicha institución como ni tampoco cualesquiera otras piezas que llevadas del amor y buen tratamiento de los dueños quisieren continuar sus servicios por deberse entender en tal caso por libre concierto esta voluntad agradecida suya.

4°) Que para que dichos indios queden con más libertad para ser doctrinados en las cosas de nuestra Santa Fe a cuya principal conveniencia se atiende y puedan conservar mejor sus familias unidas sin el experimentado inconveniente que tiene a las demás poblaciones de naturales tan disipadas no han de ser encomendados a ningún vasallo español ni otra persona particular sino que poniéndose en cabeza su Majestad que Dios guarde sólo han de ser obligados a enterar en las Reales Cajas cinco pesos al año por cada uno de los indios de tasa que según los padrones que de ellos se hicieren debieren ser declarados quedando a cargo de los Curacas de recoger dichos tributos y tasas y hacer dichos enteros según se acostumbra en los pueblos que llaman del Rey en la ciudad de Santiago del Estero de la provincia del Tucumán.

5°)  Que en cuanto al servicio personal que deben hacer dichos indios por razón de mita y conciertos particulares no puedan ser compelidos por ningunas justicias sino que siéndoles libre esta acción hagan sus conciertos a su arbitrio con las personas que les estuviese y sólo puedan ser llamados del justicia mayor y del alcalde ordinario del primer voto en s defecto o ausencia en número y tiempo proporcionado para alguna obra o trabajo público que la misma razón y accidentes justificare y que entonces y asimismo en dichos conciertos, han de ser pagados con puntualidad dándoles siempre fomento las justicias para que no reciban agravios en el caso.

6°) Que en todo lo que toca a su gobierno cristiano y político han de reconocer dichos indios fiel obediencia a su Majestad que Dios guarde, al doctrinante que se les pusiere y a la justicia mayor y ordinaria y al Cabildo Justicia y Regimiento de dicha ciudad de Santa Fe sujetándose enteramente sobre los excesos que cometieren y favorables excepciones que demandaren a lo que dichas reales ordenanzas con tan acertada disposición tienen prevenido.

7°) Que en todo lo que no se hallare expresado en esta capitulación y se ofreciere de duda en lo de adelante tocante a la conservación y buen tratamiento de dichos indios y al servicio personal que de ellos se pretendiere sin atender en nada, se ha de ocurrir a este Gobierno en donde atendiendo a la buena fe de estas paces, será decidido cualquier artículo con entera satisfacción suya como también se hará al presente enviando las órdenes necesarias a la justicia mayor y ordinarias de la ciudad de Santa Fe y al teniente de los jueces u oficiales reales a cuyo cargo está su Real Caja, para que con toda puntualidad y buen modo cada uno por lo que le tocare de cumplimiento a los puntos y condiciones referidas de que asimismo se informa a su Majestad que Dios guarde en su Real Consejo de las Indias para que vistas sea servido de mandar confirmarlas o disponer lo que más convenga a su real servicio.

“Debajo de las cuales dichas condiciones y capitulaciones del [seguro]  de la palabra real dicho Señor Gobernador admite y admitió dichos Curacas y indios a la paz ofrecida y efectuada por ellos obligándose a que les sean guardadas bien y cumplimentadamente como también dichos Curacas en nombre de dichas sus parcialidades e indios dando como dieron la obediencia asimismo ofrecieron ser fieles en ella por medio de los intérpretes que intervinieron al caso y de la asistencia de dicho Reverendo Padre Nicolás de Carabajal que lo firmó por ellos con dicho  Señor Gobernador en esta Cuidad de la Trinidad Puerto de Buenos Aires en trece días del mes de diciembre de mil seiscientos sesenta y dos años. Siendo testigos los ayudantes Juan Martínez y Gaspar Flores que lo son de este Presidio y el sargento Juan Ramírez soldado reformado de dicho Presidio que se hallaron presentes. Don Alonso de Mercado y Villacorta – Nicolás de Carabajal – Ante mi: José de Sanabria León. Escribano de su Majestad.”

 

Tratado con los malbalaes

del 27 de agosto de 1710.

Las capitulaciones ofrecidas por los españoles fueron las siguientes:

“1ª, que respecto a haber sido esta nación la primera que daba la paz entregándose con tan segura confianza al ejército español, mediante los buenos consejos de paisano Antonio, que con verdad les aseguró el buen tratamiento que hallarían todos en los cristianos, se les perdonaban todos los atrocísimos delitos que habían cometido desde mucho tiempo antes, acompañándose con las naciones de mocobíes, tobas y aquilotes;

“2ª, que no obstante que por tales atrocidades eran merecedores de que se continuase la guerra contra ellos con el rigor que habían experimentado, demás de perdonarles, se les admitía a la paz, amistad y alianza con la nación española;

“3ª, que habiendo de salir del Chaco les señalaba por ahora el sitio del río del Valbuena para formar su pueblo, quedando al cuidado del gobernador disponer lo que fuese mas de su conveniencia, a que atendería con todo amor y empeño;

“4ª, que a todos los caciques se les había de conservar sus dignidades, nombrando el gobernador a Jonasteté en nombre de su Majestad Católica por cacique principal de su nación y corregidor de su pueblo, como le nombró luego entregándole el baston;

“5ª, que al indio Antonio llamado entre los suyos Ays, por la fidelidad con que ha procedido a beneficio de ambas naciones española y malbalá, siendo el faraute y principal instrumento de esta pacificación, se le había de hacer sargento mayor de dicho pueblo  en nombre de su Majestad, gracia que también le acordó luego el gobernador, entregándole el bastón;

“6ª, que el gobernador hubiese de darles personas que les instruyesen en la labor de los campos y en la fábrica de sus casas y proveerlos del bastimento necesario hasta recoger la primer cosecha;

“7ª, que los españoles ayudarán a la nación malbalá, como buenos amigos y aliados, en todas las ocasiones que cualquiera otra nación les hiciere guerra sin permitir que les hagan agravio ni daño alguno, defendiéndolos contra sus enemigos;

“8ª, que si recibieren algún agravio de algún español o indio cristiano, avisando al cabo de los españoles, éste estará obligado a darle el castigo que mereciere el delincuente; y en caso que el cabo no les haga justicia, avisarán al gobernador, quien castigará al delincuente por su delito y al cabo por su omisión.”

Por su parte, los malbalaes se obligaron a observar los siguientes capítulos:

“1, que serían leales vasallos del Rey nuestro Señor, y como tales obedecerían fielmente al gobernador, que era o fuese en delante de la provincia de Tucumán y a todos sus ministros y mucho más a los mandatos de la Real Audiencia del distrito, y virrey de estos reinos;

“2, que mantendrían perpetuamente paz y alianza con los españoles, siendo amigos de sus amigos y enemigos de sus enemigos;

“3, que en consecuencia de esta alianza no tendrían comunicación con los mocobíes, tobas y aquilotes, no con las demás naciones del Chaco o fuera de él, que son y en adelante fueren enemigas del español;

“4, que siempre que se ofreciese hacer guerra a dichos enemigos, habían de auxiliar y favorecer a los españoles y obedecer a su cabo en lo que les mandare:

“5, que si recibieren agravio de algún español o indio cristiano no cogerían las armas contra él o contra ellos, sino que querellarían al cabo del Presidio, para que les haga justicia o al gobernador de la provincia, en caso que el cabo fuese omiso;

“7 (sic), que saldrían luego de aquel contorno a poblarse en el sitio de Valbuena, que por entonces le señalaba el gobernador:

“8, que irían desde el río Grande hasta Valbuena, sujetos y obedientes al cabo de los españoles que los condujese, haciendo lo que les mandase, así por el camino, como en el sitio referido;

“9, que habían de admitir en su población los predicadores evangélicos para que les enseñasen la santa ley de Dios, reverenciando y respetando a los misioneros con todo rendimiento y asistiendo al catecismo:

“10, que obedecerían al cabo de Presidio español a quien darían cuenta de todo lo que ocurriese de algún momento, y puntual aviso si algún indio de los suyos se huyese o ausentase para que fuese buscado;

“11, que darían cuenta al mismo cabo con toda la puntualidad, de las noticias que tuviesen de los enemigos o lo que entendiesen de sus designios, sin consentir se acercasen a nuestras fronteras;

“12, que los caciques de la nación y capitanes atenderían vigilantes a mantener juntas en su pueblo todas las familias de su nación y a conservarlas en la amistad y alianza de los españoles.

“Asentóse la paz debajo de estas condiciones, que cada una, cláusula por cláusula, se les fue dando a entender, por medio del intérprete a los caciques y capitanes malbalaes, que se ratificaron de nuevo en la promesa de cumplirlas todas puntualmente, cuanto estuviese de su parte, expresando que esperaban harían lo mismo de su parte de los españoles, y en señal del vasallaje que ofrecían al Rey, nuestro Señor, llegó Jonasteté, y ofreció su dardo al gobernador que en fe de ello le aceptó con demostraciones de agrado”.     

 

Paces con los lules.

Las condiciones fueron las mismas puestas a los malbalaes, salvo el añadido o explicitación de algunas.

“La primera en lo tocante al vasallaje al Rey nuestro Señor, se expresaba que nunca habían de ser encomendados, ni repartirse a los españoles, sino que se habían de incorporar en la Real Corona. La segunda, que habían de vivir juntos en la vida política y sociable no en el paraje que ellos gustasen, sino en donde les señalase el gobernador de la provincia, quien les atendería con todo amor y cuidado, daría sitio con todas las conveniencias necesarias para sementeras y crías de ganados, les fomentaría y ayudaría, como se hacía con los malbalaes. LA tercera, acerca de la amistad con las naciones confederadas con el español, respecto a la enemistad y odio que siempre se habían profesado mutuamente los lules y malbalaes, se expresaba con especial advertencia que se habían de juntar los caciques principales y capitanes de ambas naciones, y se habían de hacer amigos, prometiéndose guardar gran unión y conformidad entre sí, perdonándose unos a otros y echando en olvido las injurias y daños que antecedentemente hubiesen recibido unos de otros; a la manera que los españoles habían perdonado los daños que de ellos recibieron durante el espacio de muchos años; quedando persuadidos a que sentiría gravísimamente el gobernador de la provincia si cualquiera de las dos naciones diese causa de enojo u ofensa a la otra y castigaría severamente a los que en esta parte delinquiesen. La cuarta, finalmente, que no había de quedar obligado el español a mantener juntos en una población a los lules grandes con los pequeños; sino que los había de poner o juntar en una reducción o separar en dos, según juzgase más conveniente. Admitieron gustosos los lules estas cuatro condiciones con las demás y prometieron observarlas”.

 

Tratado del gobernador Juan de Santiso y Moscoso con la Nación Toba

del 12 de junio de 1742.

“El 12 de junio, presentes todos en Salta, después de celebrada la misa, expusieron los tobas por medio de intérprete “que oprimidos de la guerra y fatigados de sus trabajos y miseria en que estaban constituidos venían en nombre de los suyos a pedir amistad y paz sociable y comunicable con toda humildad y rendimiento para que entre los nuestros  y ellos cesase en adelante la guerra y enemistad y no se les hostilizara, guerreara ni maltratara, dejándolos en tranquilidad y sosiego como ellos lo harían de su parte con los nuestros y cumplirían como se les prometió bajo de los pactos y partidos siguientes:

“Que respecto de que por ahora no estaban convencidos ni persuadidos a entregarse para ponerse a reducción, disciplina y doctrina política y cristiana se mantendrían precisa e inviolablemente en su terreno y términos con todos los suyos, situando rancherías y estalajes permanentes en las partes más cómodas y inmediatas a los fuertes y rayas de las fronteras sin pasar de ellas  con motivo ni título alguno en modo sospechoso ni número que exceda de seis con la condición de que para haberlo de hacer los que en el citado número, o menos, salieren a comunicarse con los nuestros o a buscar su alivio y el de los suyos con la caza de jabalíes, carneo de ganados alzados y otro alivio y trata, haya de ser precisamente llegando y manifestándose en los presidios y fuertes y guardias mayores militares y sacar de su cabo u oficiales del comando pasaporte corriente de ser amigos, de paz y comercio, con expresión del fin a que se conducen y con cargo de volver dichos pasaportes cumplido el término de su data al comandante, cabo u oficiales que les hubieren dado para en esto evitar los encuentros, lances y riesgos que con los soldados de partida que han de celar precisa y continuamente la frontera o con otros de los nuestros o que no se introduzcan en mayor número y junten en parajes y lugares señalados para poder desde ellos hacer invasión o algún agravio, hostilidad o perjuicio entre los nuestros, robando, matando o amedrentando los pasajeros o pobladores de la Provincia y fronteras y para que no pudieran avilantarse y excederse a venir a las ciudades afronteradas cometiendo en ellas algún exceso, y que no obstante entendieran no negársele nuestra comunicación y amistad, no vendrían a ellas excepto el número de dos u otros de la satisfacción y confianza del señor gobernador y capitán general o quien su lugar haiga entretanto que otra cosa por conveniente se arbitrare, expuestos a que si lo contrario ejecutaren y pudieren ser aprehendidos en cualquier perjuicio que se les siguiere no se darían por sentidos ni agraviados pues para el alivio de sus necesidades las significarían y harían presentes a efecto de que si se pudiera se les aliviaría, y para que hubiera más confianza y satisfacción en dicha amistad, paz y comunicación, aseguraban que aunque fueran algunas partidas de los soldados de dichas fronteras a visitarles y reconocerles sus habitaciones no se defendería ni ofenderían para que libremente pudieran tratarles y reconocerlos seguros de su promesa y que procurarían como así lo prometían de atraer y reducir a nuestra amistad, paz y comunicación a los indios de la nación Mocobí, Abipones u otros enemigos y que no queriendo reducirse a dicho amigable les darían y ofrecerían desde luego declararles sangrienta guerra, embarazándoles los éxitos y disposiciones que preparan en perjuicio nuestro y de su poder tratarían y se empeñarían de sacar todos los cautivos y cautivas cristianas que tuvieren opresas y ponerlas en libertad y en nuestro poder como asimismo todos los cautivos que dicha nación Toba retiene, los que con la mayor anticipación traerían a su libertad y que si les conviniera lo ejecutarían algunos de ellos mismo con sus familias entregándose a perfecta obediencia y reducción de nuestra Religión Católica y que igualmente practicarían todos los demás medios conducentes a la conservación de la buena amistad y paz y que si en algo faltaran en cualquier castigo que contra ellos se ejecutase en el todo o en parte de su nación no lo tendrían por fallo ni quebrantamiento de paz y amistad, si en el concepto de contenerlos y que de ello no se darían por agraviados; y entendido dicho señor gobernador y capitán general con los referidos señores ser importante y conveniente el asentamiento de los pactos y partidos mencionados y que se observen por entretanto que otra cosa por conveniente e importante se tenga en servicio de Dios, del Rey y beneficio de la causa pública sin que se faltara a la legalidad y fe humana que se debe observar aun entre gentiles les prometió bajo de palabra real los seguros de ella mantenerles su Señoría firme y constantemente la amistad y paz que pedían y que cumpliendo dicha nación con las expresadas propuestas les protegería ampararía y defendería de sus contrarios, y asistiría y aliviaría en cuanto fuere posible en sus necesidades, asegurándoles que de parte de los nuestros no serían agraviados ni ofendidos en modo alguno sí socorridos y protegidos con caridad y buena correspondencia a fin de que experimentado nuestro trato, buen deseo y caridad dirigida a su bien y beneficio se puedan, interviniendo el Divino favor, ir reduciendo a la creencia y profesión del Santo Evangelio y dogmas de nuestra Santa Fe Católica, obediencia y política cristiana”

 

Capitulaciones entre el gobernador Juan Victorino Martínez de Tineo y los malbalaes

del 27 de agosto de 1750.

“Capitulaciones que deben observar los indios Malbalaes nuestros amigos reducidos =

“1. Que han de admitir la religión, y dedicarse a la Doctrina, Política Cristiana, cultura de sus campos, y vida racional.

“2. Que han de guardar guerra ofensiva, y defensiva contra los demás infieles enemigos y dar aviso de sus operaciones si les constase.

“3. Que han de guardar buena correspondencia con los españoles.

“4. Que no se han de introducir en nuestras fronteras, con motivo, ni pretexto alguno, sino que sea uno, o dos que lleguen al Presidio a exponer lo que necesiten.

“5. Que han de venerar, respetar y obedecer a los Reverendos Padres misioneros como a superiores suyos ministros de Dios, y personas consagradas.

 “6. Y que han de ser fieles, constantes, y leales vasallos de S.M. = Campo del Río Negro, y agosto veinte y siete de mil setecientos y cincuenta = Martínez =

“Yo, Dn. Juan de Montenegro escribano mayor de esta Gobernación del Tucumán y secretario de la Capitanía General de ella. Certifico que habiéndose estipulado con los indios los capítulos referidos en las capitulaciones remitidas por el Sr. Gobernador y Capitán General, y héchoseles por Su Señoría vestidos a todos los indios e indias, las aceptaron y ofrecieron cumplir con el tenor de ellas, y para que conste así lo certifico, firmo en San Fernando del Rey en diez y ocho de septiembre de mil setecientos y cincuenta años. Y en fe de ello lo signo y firmo = En testimonio de verdad = Juan de Montenegro Escribano mayor de Gobernación”.

 

Paces con los minuanes de la Banda Oriental

 22 de marzo de 1732 y 29 de marzo de 1762.

“En San Felipe de Montevideo en veinte y dos días del mes de marzo de mil setecientos treinta, y dos años concurrieron dos Caciques minuanes con treinta indios y entre los dichos un Capitán y se llaman Dn. Agustín Guitabuiabo y el Capitán Francisco Usa conducidos por el Alférez Real desta Ciudad Juan Antonio Artigas con quienes se trató, y ajustó las Paz por decir éstos traían  para ello facultad de los demás Caciques como así lo afirmó el dicho Alférez Real; habiéndoles dado a entender los siete capítulos contenidos en la instrucción de Su Excelencia consintieron en todo menos en el capítulo sexto que respondieron estar los caballos repartidos en diferentes partes y haberse disipado muchos de ellos en el remedio de sus necesidades además de ser cogidos en buena guerra y en todos los demás los aceptaron y que los guardarían según  y conforme lo manda su excelencia sin interrumpirlos ahora ni nunca y que de aquí adelante vivirán con los españoles como hermanos y que estiman y agradecen  mucho el favor y cariño con que Su Excelencia los ha favorecido y perdonádoles sus yerros porque muy bien conocen que han errado en todo lo que procurarán de oy en adelante enmendar y más ahora que Su Excelencia les empeña su palabra en castigar los españoles que los agraviasen los cuales si ellos los cogieron los entregarán al Capitán Comandante sin ofenderlos en nada que si alguno de sus indios ofendieren a los españoles que Su Excelencia los castigue hasta consumir los dañinos y que ellos ofrecen de su parte siempre que alguno o algunos de sus indios ofendiere a los españoles que no puedan ser habidos por ellos los castigarán con todo rigor lo cual ofrecen dichos Caciques y Capitán por sí y en nombre de todos los demás Caciques como que traen de ellos la facultad y que éstos no pudieron  bajar por quedar en guarda de sus toldos con la noticia que han tenido de bajar un trozo de indios tapes sin saber el motivo que dichos tapes tienen para bajar armados a sus tierras y dichos capítulos exceptuando el sexto vuelven de nuevo a decir que los guardarán y cumplirán sin faltar en cosa alguna y esto lo juran levantándose los dichos caciques y cogieron por la mano primero al Capitán Comandante y le pusieron su mano derecha en el pecho izquierdo el dicho Capitán y luego hicieron la misma ceremonia con los Diputados y los demás españoles que se hallaron presentes y acabada esta ceremonia se le regaló a todos ellos con yerba, tabaco, cuentas, cuchillos y frenos y a los Caciques y Capitán con sombreros y bastones y bayeta de forma que quedaron todos muy contentos y satisfechos y nosotros los Diputados y Comandante les juramos en nombre de Su Excelencia de cumplirles y guardarles todo lo contenido en dichos capítulos inter que por parte de ellos no se dé motivo nuevo que obligue a su Excelencia a castigarlos y en esta forma quedó ajustada la dicha Paz ofreciendo los demás indios que con dichos Caciques vinieron lo mismo porque a todo se hallaron presentes = Francisco Antonio de Lemos = Sebastián Delgado = Matías Solana”.

“Se les expuso que para que no anduviesen cada día yentes, y vinientes, se les señalaría  en esta Jurisdicción paraje competente donde trayendo sus familias se estableciesen en él pues se les empeñaba de parte de esta Ciudad y Gobierno, la Real palabra, de que no se les haría el menor mal, antes sí atenderlos en todo buscándoles su mejor comodidad y estar; a que respondió el Cacique que desde luego venía en ir a traer sus familias para establecerse como se le proponía, y que desde luego a su retorno para esta Jurisdicción enviaría por delante otro Cacique que diese aviso de su venida pues él debía quedar para venir el convoy de las familias las que no sabía si las hallaría en el mismo paraje donde las había dejado, o más arriba, o debajo de él, y que luego que juntase su gente emprendería como era dicho su venida; y que había en ellos algunos enfermos de las refriegas que habían tenido con otros indios, los que se les ofreció que venidos aquí se le daría orden para que fuesen curados.

“Se les preguntó si entre ellos había habido, o visto hacer algún robo de caballos, a que respondió que ellos sólo habían quitado unos caballos a los indios Tapes que en porción andaban alzados en la campaña.

“Se les expuso que viesen si buenamente y no de otro modo querían por su sola libre voluntad abrazar nuestra Santa fe como igualmente si trayendo sus familias a esta Jurisdicción quisiesen dar y poner sus hijas, e hijos en casas particulares donde fuese su voluntad así en casa del Señor Gobernador, en la del Maestre de Campo, y otras semejantes para que fuesen atendidas en vestirlas, cuidarlas, y atenderlas en todo desde luego serían recibidas con el mayor amor, y cariño, y todo bajo la voluntad de ellos pues en manera alguna se pretendía usurparles el dominio y mano que tenían en sus criaturas como padres de ellas, a que respondió el Cacique que desde luego conocía que Dios era poderoso y que había permitido viniesen aquí a experimentar tanto bien, y buena armonía como con ellos se había tenido en acogerlos, y ampararlos en nuestra amistad, todo lo cual prometía haría presente a los viejos de los suyos para que conociendo este sumo bien, exhortarles al mismo tiempo el que viniesen con él a abrazar la paz, y buena conformidad que se les franqueaba; y porque se les enteró de que ellos debían guardar con nosotros la misma buena armonía que veían observábamos nosotros con ellos era consecuente el que no tendrían a mal el que siempre que alguno de ellos, o de sus muchachos hiciesen alguna extorsión o daño en contra de alguno de nosotros fuesen castigados por cualquiera de nuestros Jueces y Justicias a lo cual respondió el Cacique que desde luego venía en que se siguiese este orden de castigar a los que de los suyos delinquiesen en cualquier delito, porque demás de que el mismo Cacique por sí los castigaría, también habían de poderlo hacer nuestros Jueces como se les proponía.

“Fueron prevenidos de que todo lo que habían tratado quedaba aquí escrito y sentado para que fuese inviolable en todo tiempo su cumplimiento por ambas partes así por parte de este Gobierno y Ciudad, como por parte de ellos, y que también se les daría el correspondiente pasaporte para que asegurasen su ida y salida desta Jurisdicción en demanda del paradero de su gente. Y el señor Gobernador los obsequió a todos los cuatro indios dándoles algunas varas de bayeta, cuchillos, y gorros colorados en reconocimiento del buen tratamiento que debían a su celo, y buena correspondencia. Y habiéndose expuesto que el indio don Joseph (uno de los referidos cuatro) hermano del Cacique quería quedarse en esta Ciudad por tener aquí su mujer viese si venía gustoso en ello pues no se intentaba hacerle ninguna violencia, sino que arbitrase en esto a su libre voluntad, a que respondió el Cacique que no se le ofrecía poner reparo alguno en la quedada del dicho indio pues desde luego la concedía, y dispensaba gustoso. En cuya conformidad y reservando el acordar lo que después ocurra por la venida de dichos indios con sus familias a establecerse en esta Jurisdicción no ocurriendo por ahora otra cosa se cerró este Cabildo y los firmamos con dicho señor Gobernador            –Joseph Joaquín de Viana – Ramón Ximeno – Pedro de Barrenechea - Pedro Montes de Oca – Manuel Domínguez – Bruno Muñoz – Bartolomé Mitre – Lorenzo García Tagle – .”

 

Célebre tratado de paz entre el gobernador Jerónimo Matorras y el cacique mocoví Paikín en la Cangayé

 29 de julio de 1774.

“En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, con igual poder, majestad y grandeza, creador del Cielo, Tierra y de todas las cosas visibles e invisibles, de cuyas tres personas las segunda que es el Hijo, se hizo hombre en las purísimas entrañas de la Virgen Santísima, quedando virgen antes del parto, en el parto y después del parto, cuyo hijo se llama Jesucristo que murió en una cruz por salvarnos y redimirnos del pecado original que contrajimos de nuestros primeros padres Adán y Eva (después  de quedar entre nosotros sacramentado) y bajó su Alma santísima al Limbo donde estaba con otros, y los pasó a la eternas moradas resucitando el Señor al tercero día de entre los muertos y habiendo subido a los Cielos después en Cuerpo y Alma está sentado a la diestra de Dios Padre con su santísima Madre y Bienaventurados, que guardaron los divinos preceptos, y de donde ha de venir al fin del mundo a juzgar vivos y muertos, dando a los buenos el premio de la vida eterna, y a los malos en el infierno penas sin fin, ni término, porque no guardaron ni cumplieron sus Santos Mandamientos bajo de cuya fe y creencia se pasan a hacer formales paces entre el Señor Don Jerónimo Matorras Coronel del Regimiento de la Nobleza, Gobernador y Capitán General de la provincia del Tucumán, y estando presentes el Comandante de esta expedición Don Francisco Gavino Arias, el Maestro Don Domingo Argañaraz, el Padre Predicador Fray Antonio Lapa, del Orden Seráfico, que acompañan esta dicha expedición de misioneros, Don Blas Joaquín de Brisuela Procurador General de la Ciudad de Córdoba con aprobación del Excelentísimo Señor Virrey, el Maestre de Campo de la Ciudad del Tucumán Don Jerónimo Román Partene, los Sargentos Mayores Don Juan Dionisio Vera y Don Agustín López, el Ingeniero Don Julio Ramón de César, y los Capitanes Don Agustín López Araos, Don Ignacio de Andrada y Herrera vecino de la Rioja, Don Alejo Jáuregui de la Salta, Don Francisco Tribiños Cabo de Partidarios; y de la otra parte los Caciques de la Nación Mocoví Paikín, Lachiriquín, Coglochoquín, Alogoiqui, Quiagarri; y de la Toba, Quisguirri y Quetaide, por sí y en nombre de los demás de una y otra Nación, que de ambos sexos y edades, según convinieron en su numeración, llegan a siete mil, y convenidos bajo de las condiciones y cláusulas siguientes: A presencia y consentimiento de Don Juan Antonio Caro inteligente en sus idiomas, patricio de estos Reinos, a quien les está nombrado para este efecto por Protector para que firme en nombre de ellos bajo el juramento que tiene hecho, y son en la forma y manera siguiente:

“Primeramente, que por cuanto ocupan estos territorios que han poseído sus antepasados, en los cuales como criados en ellos gozan de buena salud por ser acomodado el benigno temperamento a sus pocas ropas, que tienen para vestirse; y que de sus ríos y lagunas se proveen de pescado, en los campos de caza, y de los árboles distintas frutas especialmente de algarroba y chañar en que consisten sus alimentos se ha de dejar y mantener en dicha posesión, que han tenido, sin despojarlos de ellas, por dárselas a otras Naciones.

“2ª Que con ningún motivo ni pretexto ahora ni en ningún tiempo se les haya de tener ni guardar con el ignominioso renombre de esclavos, ni tampoco darlos a ellos, sus hijos, y sucesores en encomienda, por cuanto se consideran libres y de generaciones nobles y como a tales esperan han de ser tratados de todos los Españoles.

“3ª Que para ser instruidos en los Misterios de la Santa Fe Católica, se les han de dar Curas Doctrineros con Lenguaraces y Maestros de Escuela para que enseñen a ellos, y a sus hijos la lengua de los Españoles, a leer y a escribir a los que quisieren aprender.

“4ª Que por cuanto el Sr. Gobernador les tiene establecida en las fronteras de la Provincia del Tucumán una nueva reducción nombrada Santa Rosa de Lima que al presente ocupa una de sus parcialidades y se le ha proveído a cada uno que tiene familia, de ganados mayores y menores para crías, bueyes, arados, herramientas y semillas para sus sementeras, se entiende que se ha de ejecutar lo propio con todos los demás que pasaren a vivir en la dicha reducción y que también se les ha de repartir de las ropas y baraterías, que el Sr. Gobernador les ha suministrado para su vestuario con los demás dones que acostumbra obsequiarles.

“5ª Que si a más de la reducción de Santa Rosa pidiesen otras, por no poder vivir todos en ella, se les ha de dar en uno de los parajes que han señalado en estos lugares o en el que el Sr. Gobernador del Tucumán tuviere por más conveniente, cuyas fundaciones , repartimientos de ganados y demás necesario se han de ejecutar en todo arreglado a lo que se practicó en la citada Santa Rosa.

“6ª Que sin embargo de  que al presente se les ha dado por el Sr. Gobernador vestuarios para ellos, sus hijos y familias con general repartimiento de ropa de la tierra, algunas herramientas y de todas baterías, como también caballos, mulas y reses por todo lo cual quedaban muy gustosos y agradecidos y hasta el presente no habían experimentado de otro semejantes liberalidades de las que le ha resultado el beneficio de cubrir su desnudez tratándolos al mismo tiempo con el mayor agrado y lo propio todos los Españoles de su comitiva, esperaban del paternal amor con que los trataban ejecutasen lo propio en adelante.

“7ª Que por cuanto al presente se hallan en sangrienta guerra con los indios de la Nación Abipona de la Reducción que está establecida en las fronteras de Santa Fe, gobernada por el Cacique Benavídez de quien como de todos los demás de dicha Nación han recibido muchos agravios y perjuicios, y para que cesen en la referda guerra han sido amonestados por Su Señoría y exhortádolos a que deponiendo sus sentimientos se establezcan paces entre unos y otros, a cuyo fin se hizo chasque el día de ayer al Sr. Gobernador de Buenos Aires, Cabildos de Santa Fe y Corrientes, esperando que continuase patrocinándolos sobre este particular, lo que prometió el Sr. Gobernador ejecutar instando al de Buenos Aires y Cabildos expresados a que contengan al mencionado Benavídez y demás Abipones.

“8ª Que debajo de los antecedentes siete Capítulos y cuanto en ellos se comprende se entregaban y entregaron con la mejor voluntad reconociéndose por vasallos del católico nuestro Rey y Señor de España y de estas Indias Carlos Tercero (que Dios guarde) prometiendo de buena fe estar en todo obedientes a sus órdenes y a todos sus Tribunales, especialmente en este Reino a las del Excmo. Sr. Virrey de Lima, Real Audiencia de La Plata, y como más inmediato a las del Sr. Gobernador de la Provincia del Tucumán y a las de sus Justicias, observando y cumpliendo en cuanto sea de su obligación las leyes y ordenanzas de este Reino, bajo de las penas que en ellos estén prevenidas para los que las quebrantan confiados que en la Real benignidad, y mandatos de sus Ministros les serán cumplidos y guardados todos aquellos fueros y privilegios que están concedidos por leyes de este Reino, ordenanzas, demás documentos a todos los indios naturales de ellos, cuya explicación de uno y otro se ejecutó por los intérpretes a presencia de su Protector.

“9ª Que siempre que tuviesen alguna queja o agravio de los Españoles, o de los indios puestos en las Reducciones de dicha Provincia lo han de representar por medio de los respectivos Protectores para ser oídos en justicia, sin que puedan do otro modo hostilizar, hacer guerra ofensiva ni defensiva en las fronteras ni tampoco en las Reducciones, para cuyo fin quedó a cargo del Sr. Gobernador despachara los Cabildos de su Provincia, testimonio de estas, para que se les guarden y cumplan  según y como ellos prometen hacerlo, dejando otro igual en poder del referido Cacique Paikín, a quien reconocen los demás por su primer Caporal.

“10ª Que será del cargo del Sr. Gobernador ponerlos bajo del Real amparo interponiendo su ruego a Su Majestad para que sean recibidos bajo de su Soberano Patrocinio, como también interesarse en que sean atendidos del Excmo. Sr. Virrey de estos Reinos, su Real Audiencia y la de las Charcas a cuya jurisdicción corresponden estos países del Gran Chaco Gualamba; lo cual prometió el Sr. Gobernador ejecutar, y cumplir en las primeras ocasiones que se le presenten luego que se restituya la primer Ciudad de la Provincia asegurándoles, que durante el tiempo de su gobierno tendrá el mayor empeño y eficacia en protegerlos y socorrerlos en cuanto alcancen sus fuerzas, haciéndole este particular encargue al que le sucediese, sin que por esto aspire Su Señoría a otro premio y agradecimiento de ellos más que el que procurasen con brevedad instruirse en los Misterios de nuestra Santa Fe Católica, para que recibiendo las aguas del Santo Bautismo puedan conseguir la salvación eterna, ser fieles y buenos vasallos de nuestro Rey y Señor y amantes de los Españoles.

“11ª Aunque en estado pidieron y suplicaron dichos Caciques al Sr. Gobernador, que les mandase dar algunas armas como pistolas, espadas, machetes y lanzas para defenderse de sus enemigos y que igualmente con ellas servirían en cuanto se les mandase, les fue negada su pretensión por Su Señoría pero también les prometió atender a ella y tenerla presente para cuando hayan dado buenas pruebas de su fiel vasallaje al Rey nuestro Señor y sus Ministros, observando buena correspondencia con todos los Españoles.

“Bajo de cuyas condiciones de que fueron impuestos por su Protector y Lenguaraces, y prometiéndose de parte en parte el más exacto cumplimiento de cuanto en ella se explicase hicieron y concluyeron estas paces entre el Sr. Gobernador y Caciques expresados a los cuales y con señal de la buena fe y creencia con que las admitían empezando por el dicho Paikín los abrazó a todos y a son de caja se repitió por tres veces en este paraje: Viva el Rey de España y de las Indias Carlos Tercero (que Dios guarde) y lo firmó Su Señoría, el dicho Protector en nombre de los Caciques y demás sujetos nominados, en estos Países del Gran Chaco Gualamba como doscientos ochenta leguas de la Ciudad de Salta, sesenta de la de Corrientes según prudencial regulación y estando puesto el Real acampamento a las márgenes del Rió Bermejo, a veinte y nueve de Julio de mil setecientos setenta y cuatro años de que doy fe. Gerónimo Matorras – Francisco Gavino Arias – Juan Antonio Caro – Maestro Domingo Argañaraz y Murguía – Fray Antonio Lapa – Blas Joaquín de Brisuela – Gerónimo Román Partene – Juan Dionisio Vera – Agustín López – Julio Ramón de César – Agustín López y Araoz – Ignacio de Andrada y Herrera – Alejo de Jáuregui – Francisco Tribiños. Ante mí. José Tomás Sánchez Escribano mayor de Gobernación”.      

 

Capitulaciones que se establecieron con el cacique mocoví Etazorín

1° de junio de 1776.

“Primeramente se les promete por parte de la Provincia que in continenti del fondo de Ramo de guerra, se contribuirá a su principal Cacique, en demostración del aprecio y estimación que hace dicha Provincia de él y de los suyos, con lo siguiente: chupa galoneada, calzón respectivo, sombrero galoneado, camisa y calzoncillo blanco, poncho balandrán, y un bastón con puño de plata correspondiente a su persona, que asimismo se le regalarán a su compañero el otro Cacique, y a los demás que le acompañan, que para manifestación de la firme amistad de la Provincia pasará el teniente mayor Don Bernardo Ariz, vecino que los ha conducido a ésta, a acompañarlos a su regreso, a acompañarlos a su regreso, hasta las tolderías de sus habitaciones, llevando consigo seis compañeros y algunos regalos para los otros caciques, que allá quedaron, a fin de que con todos ellos se vuelvan a la Provincia, que en tanto se practica esta forzosa diligencia, pues precisamente han de conducirse con sus mujeres e hijos, y todos sus bienes, les promete la Provincia tenerles preparadas sus habitaciones, y una capilla en el lugar que se reconozca más aparente para su mejor establecimiento y labranzas en esta banda del Río, y cuando en ella totalmente no se encuentre proporción, se verificará en la otra que para el mejor éxito de este asunto les promete la Provincia mandar sujetos inteligentes, de experiencia y buena conducta que inspeccionen esos campos y les señalen el mejor y más acomodado lugar para su residencia y también para la fundación de una estancia que se les ha de establecer, quedando diputados para este efecto el Señor Alcalde de Segundo Voto, el Señor procurador Síndico General, y los Señores Sargento Mayor de Provincia y Comisario de Caballería Dn. Anselmo de Fleytas, atentas las distinguidas circunstancias de estos sujetos, a quienes para el mejor acierto, se les entregarán instrucciones por el Señor Capitán General, que allí mismo les promete la Provincia poblar una estancia de ganados mayores y menores para su manutención cuyo número no se les puede señalar hasta imponerse de lo que produzca el donativo que sin pérdida de tiempo se ha de solicitar su verificación, que esta estancia ha de ser gobernada por un capataz español que la Provincia nombrará, para que según las órdenes del Padre Cura que se les ha de poner, se ejecuten los gastos muy necesarios para su manutención porque la Provincia se halla en el mayor atraso a causa de los continuos repetidos robos de ganados que le han hecho los indios del Chaco, que para sus referidas labranzas les ha de concurrir la Provincia con bueyes, herramientas y semillas, para el principio de ellos; en cuyas propuestas no encontrarán la menos falta, antes sí según las circunstancias que vayan resultando al tiempo de su establecimiento y después de él, se extenderá la Provincia como corresponda a sus facultades, esforzando en lo posible sus dichas promesas, y propuesta...”

Los caciques, informados por los intérpretes de los siete capítulos propuestos, manifestaron su conformidad. También, fueron instruidos de las obligaciones a que quedaban afectos en correspondencia de la amistad y paz que les prometía la provincia. A saber:

“Primeramente que han de admitir un Sacerdote en calidad de Cura para que les doctrine, e instruya en los ritos de nuestra santa Ley al cual deben respetar y venerar, como a ministro del Altísimo, que los hijos párvulos que traigan, han de ser bautizados a los tiempos que el Sacerdote Cura estime convenientes ejecutándose lo mismo con los demás que nazcan en la Reducción sobre lo que no han de manifestar desgano y repugnancia, como tampoco en que dicho Cura enseñe la Doctrina,  a los que se hallen en aptitud de aprenderla. Que un hijo de cada Cacique pasando de seis años los han de entregar al Señor Gobernador a fin de que su  Señoría les destine las casas que sean de su satisfacción en las cuales a más de Doctrinárseles, y Bautizar a los que de ello sean capaces, se les vestirá decentemente, cuidará y agrandará conforme corresponda a su calidad, que los indios, soldados de su comando, no han de tener facultad para transmigrarse a esta Provincia o sus contornos, por el Rió ni por tierra, sin expresa licencia del Señor Capitán General ni tampoco introducirse a las estancias de costa abajo sin ella, la cual pedirán por conducto del Reverendo Cura que se le concederá por su  Señoría según convenga auxiliándoseles  con soldados españoles, a fin de evitar cualesquiera daño, que podrían inferirles los Payaguas o ellos a éstos pues guardan fidelidad con los españoles, que no se han de atener sólo a las reses que se les ponen en la estancia para su manutención sino que han de chacarear y sembrar abundantemente para su beneficio, que han de defender las costas y vigilar los pasos del Rió frecuentemente para observar si se acercan a ellas las otras naciones enemigas, o si han pasado a esta banda, y aconteciendo así deberán participarlo a el Cabo que se hallare mandando en el fortín que se establecerá en el Paraje de los Remolinos, y habiéndoseles hecho saber estas condiciones por los intérpretes las abrazaron y convinieron llanamente en todas ellas...”

 

Paces con los Chunupíes, Malbaláes y Signipes en la Buena Ventura

el 14 de julio de 1780.

“En este Real Acampamento de la Buena Ventura jurisdicción de la ciudad de Salta, Provincia del Tucumán, en catorce días del mes de Julio de mil setecientos y ochenta años: Mandó su Señoría el Seños Comandante General de la presente expedición que en presencia del Señor Canónigo, el Padre Capellán, y de toda la oficialidad, se parlamentara a los principales Caciques de las tres Naciones confederadas Chunupí, Malbalá y Signipe, que son Atecampibap, general de todas ellas, Chinchín, capitán de Malbaláes, y Dupulens de Signipes: Y congregados todos en este Real Campamento, mandó su Señoría que Don Juan Antonio Caro presenciara esta conferencia, como Protector de Indios nombrado por su Señoría para hacer personería por estos, siempre que se trate de su utilidad  o perjuicio; que asimismo asistiera Silvestre Corro Intérprete para deducir por una parte y otra los pactos y capítulos que se estipulasen: Y que yo el presente Secretario de la expedición fuera estampando cuantas consuetas se asentasen de una y otra parte. Y juntos todos los nominados, enterado cada uno de las obligaciones de su cargo: Dijo su Señoría se interrogase a estos Indios ¿sobre si subsistían en pedir la Reducción que el día antes habían solicitado por verbal pedimento? A que respondieron que sí, porque la deseaban de veras ¿Repreguntados por la causa de su resolución? Dijeron que deseaban la amistad del Español. Y que habiendo vivido hasta allí sobresaltados, sin destino fijo, ni descanso, en continuo movimiento, y en continuadas hostilidades, querían ya descansar de tanta inquietud, y ponerse en Reducción. Mandó su Señoría les pusieran a la vista las obligaciones a que se habían de sujetar, rindiendo adoración al verdadero Dios, y prestando subordinación y vasallaje al Soberano y demás Ministros suyos eclesiásticos y seculares, con renuncia de sus gentílicas supersticiones. Y a todo dijeron estar prontos y conformes. Preguntóseles ¿qué en que lugar querían su Reducción, y por que tiempo saldrían? A lo primero dijeron que elegían la Cañada del Padre Roque sita a las márgenes del rió Pasaje, o de no ser allí, en la Ramada o Algarrobo, cuya situación está en medio del Real Presidio de San Fernando, de se Piquete de Pitos, y de las seis Reducciones de la Frontera de Salta. Que en cuanto a su salida sería al regreso de la marcha, porque en el día estaban mal de caballos para conducir sus chusmas. Expúsoles su Señoría que su venida era con distinto objeto, porque sólo lo enviaba el Excelentísimo Virrey de Buenos Aires, de orden del Soberano, a poner Reducciones a los Tobas y Mocovíes, en virtud de la palabra que se les dio el año mil setecientos setenta y cuatro; pero que daría parte de todo al Superior Gobierno, y que no tuviesen duda de ser atendidos en su presentación, atendiendo a la piedad y magnanimidad con que Su Majestad había franqueado sus Arcas para las Reducciones que se expresan; y que era grande el celo y aplicación con que el Señor Virrey de Buenos Aires miraba estos asuntos: Entonces suplicaron, que a su Señoría elegían por su Protector y que querían les formalizase sus Pueblos, Temporalidades por el amor que le tenían y confianza; y con toda instancia repitieron esta súplica. Y su Señoría les consoló, diciendo que con sus bienes estaba pronto a protegerlos, como hasta aquí lo había ejecutado con otras Naciones; pero que correspondiendo esta resolución al Superior Gobierno estuviesen ciertos que cuando se les nombrase otro sujeto no por eso dejaría de protegerles en lo posible. Suplicaron que cuando hubiesen de salir se les mandara al Reverendo Padre Lapa, con quien sin tardanza, ni recelo saldrían a Reducción: Prometióseles así, de que quedaron contentos. Firmándolo los concurrentes en el día, mes y año de su fecha por ante mí el Secretario de la expedición de que certifico – Francisco Gavino Arias – Doctor Lorenzo Suárez de Cantillana – Fray Antonio Lapa – Doctor Joseph Antonio Arias Idalgo – Jayme Nadal y Guarda- Joseph de Plazaola – Diego Angel de Leiva – Juan Antonio Caro – Miguel Lozada – Juan Joseph Acevedo – Silvestre Corro – Ante mí: Gerónimo Tomás de Matorras, Secretario”. 

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 Dra. Teodora ZAMUDIO