La leyenda de Quetzalcoatl. Diego Rivera. Palacio Nacional México D.F.

       
 


       por Dra. Teodora ZAMUDIO

  

- 3.1. Ambiente y economía indígena

Inicio | Programa | Biblioteca | Proyecto de Investigación

Tradicionalmente, la existencia de grandes espacios y una amplia diversidad de especies nativas, la tala muy limitada y quema controlada han garantizado el uso sostenible de los recursos naturales. Este sistema de subsistencia se basa en creencias, rituales y valores que determinan el acceso y uso de los miembros de las comunidades a los recursos. Sin embargo, los cambios demográficos, socio-económicos y culturales actuales e históricos de las comunidades indígenas tradicionales y de su medio ambiente han resultado en una pérdida creciente de recursos naturales en las áreas indígenas.

Para las comunidades indígenas tradicionales la vida económica -en el sentido de la producción de bienes- tuvo (y aún tiene, en muchos casos) un fin eminentemente social: mantener y reproducir los nexos entre las comunidades locales; es muy diferente al abordaje de ese concepto entre los pobladores urbanos inmersos en la economía de mercado. Los pueblos indígenas (en especial, los de las “tierras bajas” o de bosques húmedos) tradicionalmente no persiguen la acumulación de riqueza ni buscan mejorar los estándares de vida de los actores individuales, tal como se concibe en el mundo occidental.

Por su parte, en la Argentina la ley 26.331 de Presupuestos mínimos de protección ambiental de los bosques nativos, promulgada de hecho en diciembre de 2007 estableció:

Artículo 9º — Las categorías de conservación de los bosques nativos son las siguientes:

-          Categoría I (rojo): sectores de muy alto valor de conservación que no deben transformarse. Incluirá áreas que por sus ubicaciones relativas a reservas, su valor de conectividad, la presencia de valores biológicos sobresalientes y/o la protección de cuencas que ejercen, ameritan su persistencia como bosque a perpetuidad, aunque estos sectores puedan ser hábitat de comunidades indígenas y ser objeto de investigación científica.

[…]

Y su Reglamentación precisa;

Artículo 9º.- En la Categoría I, que dado su valor de conservación no puede estar sujeta a aprovechamiento forestal, podrán realizarse actividades de protección, mantenimiento, recolección y otras que no alteren los atributos intrínsecos, incluyendo la apreciación turística respetuosa, las cuales deberán desarrollarse a través de Planes de Conservación. También podrá ser objeto de programas de restauración ecológica ante alteraciones y/o disturbios antrópicos o naturales.

[…]

En caso de duda respecto de la afectación de un predio en forma total o parcial, se optará por la categoría de mayor valor de conservación.

Entiéndese por "recolección" a la actividad de colecta de todos aquellos bienes de uso derivados del bosque nativo, que puedan ser sosteniblemente extraídos en cantidades y formas que no alteren las funciones reproductivas básicas de la comunidad biótica.

La cual constituye una limitación sobre la determinación (económica) de los Pueblos Indígenas en su propio territorio, cual en muchos casos la disposición forestal ya formaba parte de su dinámica comercial.

La estructura económica indígena tradicional se ha basado en actividades de subsistencia para satisfacer las necesidades básicas y mantener una forma de vida, guiados por un orden moral social amplio que establece valores y normas, el intercambio está fundamentado en el valor del compartir todo bien material y así mantiene la solidaridad del grupo que garantiza la supervivencia de cada miembro de allí que hayan aplicado un orden de aprovechamiento que ha asegurado la sustentabilidad del uso de los recursos naturales.

Por ello, elementos culturales indígenas como son la propiedad colectiva y el parentesco, la tradición de compartir y restringir la acumulación de bienes individuales y la autonomía de la comunidad, tienen que ser tenidos en cuenta cuando se trata de articular las actividades productivas indígenas con la economía de mercado. El avance de la globalización y los cambios en el comercio internacional, el valor monetario de la integridad ecológica, las nuevas aplicaciones de los derechos de propiedad intelectual sobre los recursos genéticos, resultan todas áreas que requieren legislación y que además tienen una estrecha relación con los grupos indígenas.

Durante los últimos años, muchas actividades (y/o intereses) de agentes externos han provocado el deterioro acelerado de los recursos naturales, a veces empujado por la necesidad de los indígenas mismos causando muchas veces enfrentamientos entre y dentro de los propios grupos indígenas afectados.  Ciertas características de desarrollo actual en las comunidades indígenas mismas pueden causar la no-viabilidad de sus estrategias tradicionales de uso de los recursos naturales. El crecimiento poblacional, la sedentarización, el consumismo y el cambio de valores de los miembros de los pueblos indígenas como consecuencia del contacto con la sociedad moderna, muchas veces exacerban la vulnerabilidad indígena frente a las fuerzas del mercado. También las iniciativas legales de los países, así como la cooperación económica de la comunidad internacional, ni han redundado en beneficio de los grupos indígenas.

El desarrollo de infraestructura vial que permite el asentamiento masivo de colonos no-indígenas, el avance de la ganadería y la explotación de los recursos madereros y de los recursos no-renovables del subsuelo (hidrocarburos y minerales) destacan entre los factores exógenos más importantes de la alteración en la relación tradicional de las comunidades indígenas con sus recursos naturales tradicionales. A ello deben añadírsele factores endógenos, ya insinuados en el párrafo anterior, no menos importantes, como: bajos niveles de educación, la falta de capacitación legal y técnica y la debilidad organizativa dificultan la negociación de sus derechos, la promoción de alternativas económicas y la interacción con el Estado y con diversos agentes externos como empresas privadas o agencias de desarrollo.

Se pone de manifiesto la importancia insoslayable de las voluntades políticas en la verdadera conducción de los esfuerzos legislativos y culturales, así si en verdad se quiere poder de pie la relación ecológica de los pueblos indígenas con el medio la acción gubernamental será de importancia irremplazable: en Brasil con el impulso de los gobiernos estaduales (provinciales), han sido promovidas entre los indígenas -como alternativa a la ganadería las actividades extractivas-, dentro de reservas indígenas, ciertas actividades extractivistas. Así, por ejemplo, la reserva indígena de Pimental Barbossa del pueblo Xavante está localizada en la cuenca superior del río Xingu en el estado de Mato Grosso. Durante los años setenta, esta zona experimentó los efectos de la expansión de la frontera agrícola y de los ganaderos. En 1990, los Xavantes comenzaron a trabajar en asociación con el Centro de Pesquisa Indígena - Goiania, llevando a cabo estudios que demarcarían el territorio de los Xavantes e identificarían las posibilidades productivas de la selva. En 1993, los Xavantes organizaron una empresa procesadora moderna en Xavantina y se compraron el 30% de sus frutas de los propios Xavantes y el 70% de otros brasileños. Este proyecto ha sido capaz de generar fondos significativos de las organizaciones conservacionistas y obtener compromisos por parte de Europa para comprar sus productos frutales. La Reserva extractivista Jurua fue una de las primeras reservas extractivas creadas en Brasil para los extractores de caucho y otros habitantes de la selva local. Está localizada en el estado de Acre en la cabecera del río Jurua. La selva de la que dependían los extractores de caucho para su subsistencia estaba siendo cercada por los ganaderos. En un esfuerzo para proteger los bosques, los líderes del sindicato de extractores de caucho, tales como Chico Mendes, hicieron presión para el establecimiento de tierras de bosques comunitarias tradicionales. Una vez que esta idea fue aceptada por el Gobierno de Brasil y financiada por agencias internacionales de conservación, los habitantes tradicionales de la selva recibieron derechos de obtener ganancias de los productos de la selva. Sin embargo, debe percibirse que el Estado o los Estados retienen el derecho a la última palabra sobre el manejo de la selva[1].

Frente a las situaciones reseñadas, un estudio internacional[2] presenta dos reflexiones a tener en cuenta:

a)      Los componentes económicos del mercado y los elementos culturales de los indígenas deben considerarse simultáneamente para involucrar a las comunidades en el proceso de cambio y

b)      La imagen general frente al cambio dramático de la situación de los pueblos indígenas -en conjunto con la complejidad de particularidades de cada entorno-  lleva a la conclusión de que es muy difícil diseñar leyes regulando el uso de los recursos naturales por los pueblos indígenas, de una manera general.

 


NOTAS:


[1] Fuentes: COICA - OXFAM AMERICA. 1996. Amazonia: Economía Indígena y mercado. Los desafíos del desarrollo autónomo; Reserva Extrativista do Alto Juru. 1994. Informe Anual; Murrietta, J.R. y Rueda. R.P. (Eds.). Reservas Extractivistas; Hecht y Cockburn. 1989.

[2] Tresierra, Julio C. Derechos de uso de los recursos naturales por los grupos indígenas en el bosque tropical Banco Interamericano de Desarrollo Washington, D.C.

 

 

Ediciones Digitales © 2016-2019 - Material fuera de comercio

Inicio | Programa | Biblioteca | Proyecto de Investigación                        

 Dra. Teodora ZAMUDIO