La leyenda de Quetzalcoatl. Diego Rivera. Palacio Nacional México D.F.

       
 


       por Dra. Teodora ZAMUDIO

  

1. Restos arqueológicos

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En mayo de 2005, dirigí una carta a las IV Jornadas Técnicas sobre Conservación, Exhibición y Extensión Educativa en Museos[1], sobre este punto, la cual sintetiza mi pensamiento, el que mantengo hoy, no obstante creo conveniente que detalle algunas aristas de un tema que puede ser mucho más complejo de lo que aparece en un primer momento. 

El reconocimiento de los pueblos indígenas argentinos trae no solo una declamación reivindicatoria sino que fija las pautas de ejercicio para la recuperación, al elenco de la sociedad civil, de nuestros hermanos mayores en estas tierras. Ellos ya no son un fantasma escondido y a esconder tras exposiciones académicas o retóricas, son una fuerza viva de la sociedad y retienen un rol protagónico junto al resto de los actores públicos. La situación de los propios reconocidos es variada no todos los pueblos tienen el mismo grado de posibilidades de ejercicio de sus derechos, no tienen la misma jerarquía de intereses culturales, históricos, ni la evolución de sus actividades han encontrado un eco favorable y promotor de desenvolvimiento; sin embargo en mucho puede ayudar que se difunda y se asuma el texto constitucional que reza “…Asegurar su participación en la gestión referida [entre otros] a… intereses que los afectan…”

La participación no es contarles lo que puede interesarle o cuidar de lo que pueda interesarles. Participar es “tomar parte” , “ser parte” de aquello que forma parte de su presente, de su pasado, de su futuro; la asamblea constituyente quiso dejar bien claro que los pueblos indígenas son una realidad pública y que su manifestación está, debe estarlo, garantizada. Finalmente, ya no en interpretación del texto constitucional sino en aplicación lisa y llana de las leyes vigentes en la República deseamos recordar en otras disposiciones que establecen que, deberán ser puestos a disposición de los pueblos indígenas y/o comunidades de pertenencia que lo reclamen, los restos mortales de aborígenes, que formen parte de museos y/o colecciones públicas o privadas[2]. Más aún… Para realizarse todo emprendimiento científico que tenga por objeto a las comunidades aborígenes, incluyendo su patrimonio histórico y cultural, deberá contar con el expreso consentimiento de las comunidades interesadas[3].

Los restos arqueológicos y los restos mortales de quienes fueron su germen es de su interés indudablemente, es por ello que no puede soslayarse ese hecho y disponer de tales bienes familiares (en el sentido que los propios pueblos indígenas dan a ese concepto y no sometido a su versión grecorromana) y culturales (expresión de su hacer) son parte de los asuntos de su interés y exigen su participación para ser gestionados y administrados con validez y licitud. Toda disposición de esas piezas de “su” pasado no es legítima sino cuenta con su actuación, es decir: han de ser llamados “a tomar parte”. El saqueo de sitios arqueológicos destruye la herencia cultural no sólo en el sentido de su propiedad. Cuando se sustrae un objeto (estatuilla, vasija o tableta de escritura) de su contexto, se transforma en un adorno mudo. El saqueo daña de modo irrecuperable la memoria histórica que esos objetos portan en sus coordenadas de espacio-tiempo y en relación con otros objetos y testimonios; gracias a los que se escribe y transmite la historia.

Obviamente que la intervención, asegurada por la carta magna a los pueblos indígenas en su rico acervo cultural material, no puede ser arbitraria y debe ser leída como un aporte que enriquecerá los objetos y restos a los que concretamente se aluda. Para los pueblos indígenas muchos de tales testimonios son parte viva de su tradición y recuperan en ellos no sólo un trozo de su vida pasada sino que dan sentido, forman parte de su viva actual. Sin embargo muchos carecen de la capacitación para manejar las más nuevas tecnologías que garantizarían justamente lo que desean, a la par que en muchos casos su pobreza trae imposibilidad de informarse y formarse en tales artes y técnicas… Las actitudes hacia la herencia cultural deben estar también apoyadas por prácticas museográficas y trabajos académicos, es responsabilidad intelectual pero también económica evitar la destrucción de la historia[4].

Podríamos citar también: la ley 24375 que ratifica el Convenio de la Diversidad biológica que somete a la autorización fundamentada previa la disposición de los conocimientos tradicionales de las comunidades indígenas. Pero quizás la más importante aceptación de este vigor de la presencia de los pueblos indígenas emerja del compromiso educativo federal “El Estado Nacional promoverá programas, en coordinación con las pertinentes jurisdicciones, de rescate y fortalecimiento de lenguas y culturas indígenas, enfatizando su carácter de instrumentos de integración”[5]. Y el insoslayable deber de respetar tales derechos haciéndolos conocer por los propios actores en el compromiso asumido legalmente sobre la base de la realización de una campaña de difusión de los derechos de los pueblos indígenas[6].

No es tarea sólo de legisladores, sino de quienes hacen de ello su vida y profesión respetar y defender estas normas, hacerlas cumplir y cumplirlas[7]. En su letra y en su espíritu[8].

ver Declaración de la Asociación de Antropología Biológica Argentina (AABA) en relación con la ética del estudio de restos humanos. Octubre 2007


NOTAS:


[1] IV Jornadas Técnicas sobre Conservación, Exhibición y Extensión Educativa en Museos, celebradas entre los días 12 y 13 de Mayo de 2005 en San Miguel de Tucumán. Tucumán. Argentina. Organizadas por la Dirección Nacional de Patrimonio y Museos, Secretaría de Cultura de la Nación, el Instituto de Arqueología y el Museo U.N.T. Red Jaguar.

[2] Ley nacional 25.517; sancionada: Noviembre 21 de 2001. promulgada de hecho: Diciembre 14 de 2001

[3] Artículo 3° de la ley nacional 25.517; sancionada: Noviembre 21 de 2001. promulgada de hecho: Diciembre 14 de 2001

[4] Un ejemplo puede dar la pauta de a que me refiero, antes del embargo económico, Irak era uno de los países de Medio Oriente que mejor preservaba su herencia cultural, con un Departamento de Antigüedades ejemplar que había establecido un sistema eficaz para protegerlo. El embargo creó en Irak una situación imposible de controlar: se contrabandearon antigüedades a cambio de comida y bienes de primera necesidad, y aquéllas llegaron rápidamente a las subastas y galerías elegantes de Nueva York. Dicen expertos como Elizabeth Stone, que el mercado negro de antigüedades es el tercero en volumen de negocios después del tráfico de armas y de droga. Malosetti Costa, L. El legado ha enmudecido Requiem por Babilonia Edición Sábado 19.04.2003  Clarín-Revista Ñ

[5] Artículo 34Ley Federal de Educación 24.195; sancionada: Abril 14 de 1993, promulgada: Abril 29 de 1993.

[6] Ley nacional 25.607 Sancionada: Junio 12 de 2002. Promulgada: Julio 4 de 2002

[7] Existen normas deontológicas como las Consejo Internacional de Museos, ICOM Statutes. Code of Professional Ethics. Maison de l'Unesco. Idoate, Florentino, Paris. 1987. Ver sección Doctrina, el trabajo Fascinación por las momias, reforzamiento de la vida Cordova Gonzalez, Julia y Bernal Peralta, Jorge.

[8] El cementerio aborigen (del siglo XVII) de Baradero, considerado uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del país, salvó su patrimonio cultural cuando estaba a punto de convertirse en una playa de estacionamiento para camiones. Está en pleno centro de la ciudad. Allí permanecieron por cientos de años las comunidades guaraníes y chana timbúes. Y en el siglo XVII funcionó como una reducción administrada por los curas franciscanos. El año 2005, la empresa de Transportes Bernardi compró los terrenos y planificó una playa de estacionamiento. Una movilización de vecinos, docentes, alumnos de colegios y la muséologa Blanca Ragio alcanzó a frenar el proyecto. Quedaba un trámite: se imponía la recompra del cementerio. En agosto de 2006, la ciudad obtuvo el subsidio de 200 mil pesos que otorgó el Ejecutivo bonaerense. Según el ministro de Gobierno, Florencio Randazzo, la ayuda es para que "las futuras generaciones conozcan las raíces de su ciudad sin que ningún libro de historia se los cuente". Esta noticia da cuenta de la integración respetuosa que se espera lograr de los expertos y responsables políticos hacia los pueblos indígenas.

 

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