La leyenda de Quetzalcoatl. Diego Rivera. Palacio Nacional México D.F.

       
 


       por Dra. Teodora ZAMUDIO

  

- 2.5. Indicador psico-sociológico

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El primer acercamiento que define a un pueblo indígena es el hecho de que sus miembros se identifican como una colectividad distinta de las otras con las cuales cohabitan en un territorio y del conjunto social del país donde residen; se relacionan –en lo interno del grupo- a través de reglas de comportamiento consuetudinarias, conocidas y practicadas de acuerdo con tradiciones mayormente orales. Ello crea códigos sociales que les permiten reconocerse y reconocer al otro.

En realidad no existen personas "indígenas", el vocablo mismo es una imposición simplificadora y globalizante proveniente de la cultura europea. Los habitantes que los europeos, asiáticos y africanos encontraron en América, son guaraníes, charrúas, mapuches, toba q'om, aztecas, mayas, e incluso estos nombres han sido dados muchas veces desde “afuera” y en otras lenguas. El sano respeto del derecho a la identidad exige que distingamos y no borremos esas culturas con una homogeneización ofensiva; dicho esto más allá de la connotación que la palabra "indígena", en sí misma, adquiere en el uso cotidiano y que es respetuosa o no según la intención y el contexto.

La auto identificación como indígena también se considera como un elemento fundamental en una definición de trabajo sobre una base individual, es decir, una persona indígena es aquella que, reuniendo los caracteres identitarios (cualesquiera que estos sean), se auto identifica además con el pueblo al que pertenece (sentido de grupo) y es reconocida y aceptada por el grupo como uno de sus miembros (aceptación del grupo). 

Sin embargo, estas disposiciones actitudinales son más una condición para el reconocimiento de la identidad que un factor de atribución de misma: imposible imponer una pertenencia tan sensible a quien no la acepta o reconoce, previa y autónomamente, por ello debe más ser una conditio socialis que una conditio iuris.  Como dirimente de identidad, puede confundir la evidencia con el sentimiento subjetivo de evidencia y su uso muestra la tendencia a relativizar el dato objetivo o a hacerlo dependiente de algo distinto de él mismo. De manera mucho menos obvia, este indicador puede ser usado en la etapa de reconstrucción o reagrupamiento de una etnia que, por su “aparente” minoría, siente que debe incrementar  su número con simpatizantes emocionales, para influir y “pesar” socio-políticamente.

La determinación de los caracteres y requisitos es obvia: cada pueblo ha de estipular, de acuerdo con sus usos y costumbres, la atribución/adquisición de la identidad: por nacimiento, por dominio de la lengua y práctica de la cultura, por adopción, por filiación materna o paterna, u otro factor. Por otra parte, esa identidad traerá -al aludido- derechos y deberes para con el pueblo mismo y para con los demás miembros y, eventualmente, le impondrá obligaciones y sanciones por el no acatamiento de las normas internas que hacen de él un miembro de un sujeto organizado, es decir de un “pueblo”.

 

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 Dra. Teodora ZAMUDIO