La leyenda de Quetzalcoatl. Diego Rivera. Palacio Nacional México D.F.

       
 


       por Dra. Teodora ZAMUDIO

  

Construcción de la argentinidad

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Se conmueven del Inca las tumbas

Y en sus huesos revive el ardor,

Lo que ve renovando a sus hijos

De la Patria el antiguo esplendor

[…][1]

Himno Nacional Argentino (fragmento)

Fronteras étnicas

He  elegido plantear el análisis de la situación de los pueblos indígenas desde un prisma nacional, es decir desde su continente (la Argentina) por un motivo jurídico: es la Argentina la que a través de su carta constitutiva reconoce –hoy- a los pueblos indígenas como operadores de la nacionalidad y del Estado argentinos, en razón de haber coadyuvado a la determinación, construcción y defensa de la Argentina, en estas instancias, su participación va mucho más allá de ser testigos o víctimas para ser protagonistas de la historia nacional y sin embargo, aunque la documentación así lo revela estrictamente, muchos han soslayado o bajado la voz a su respecto.

La comprensión de este “nuevo” sujeto de derecho no puede ser abordada sin la revisión histórica de la que el mismo emerge. Solo así podrá cumplimentarse la tarea propuesta por el texto constitucional pues el reconocimiento de su preexistencia tiene la fuerza jurídica de obligarnos a admitirlos en toda su integridad ancestral, en tanto se mantenga su existencia en los tiempos actuales.

Las consecuencias del reconocimiento deberán ser reguladas al arbitrio del legislador. Allí puede radicar el primer estupor, pero no debe amilanarnos ya que la tarea es posible y nos robustecerá como ciudadanos. Sabemos que retrotraer la situación a 1492 está fuera de toda realidad pero asumir la que hoy se nos impone es un enriquecimiento para las instituciones republicanas actuales y un ejercicio de formidable poder. Por ello, al pasar breve revista a la historia conocida, a veces olvidada, lo hacemos como propuesta y no como una verdad inconmovible, la verificación no está nunca exenta de sensibilidades particulares, pero ello no nos releva de hacerla y aún más, debatirla.

El territorio que hoy constituye la República Argentina, fue descubierto, explorado y colonizado por la Corona española, pero no todas sus regiones lo fueron por hombres que llegaron directamente desde España, los fundadores de las ciudades argentinas provenían muchas veces de jurisdicciones americanas organizadas bajo el poder y el control de los europeos; podemos diferenciar tres corrientes colonizadoras.

Una de estas corrientes fue la llamada corriente del Este, en el marco de la cual se exploró la cuenca del Plata. La región del Río de la Plata, propiamente dicha, fue la única que debe su descubrimiento y colonización a las expediciones que provenían directamente desde los puertos de la península. Entre los varios adelantados de la región, el primero de ellos fue Pedro de Mendoza, quien fundó, el 3 de febrero de 1536, la población a la que denominó Puerto de Nuestra Señora Santa María del Buen Ayre; esta expedición también fundó las ciudades de Corpus Christi, Nuestra Señora de la Buena Esperanza, Nuestra Señora de la Candelaria y Asunción. La región abarcó zonas de las actuales provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa, a la vez que se extendió hasta las actuales repúblicas de Uruguay y Paraguay; Asunción, fue, hasta 1617, la capital de tan extensa gobernación y desde ella bajará Juan de Garay para refundar la destruida Santa María del Buen Ayre, con el nombre de Ciudad de la Trinidad, el 11 de junio de 1580.

La corriente del Norte, siguiendo órdenes emanadas desde el Perú, exploró la región norte y centro del país, llamada Tucumán, que comprendía total o parcialmente las actuales provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja y Córdoba. El primer europeo que pisara el norte argentino fue Diego de Almagro, quien en 1536 pasó desde Chile por tierras que le permitieron tocar Jujuy, Salta y Catamarca, mientras que la primera exploración en la región la encabezó Diego de Rojas en 1543, ingresando por Jujuy y recorriendo, luego, Salta, Catamarca y Santiago del Estero[2].

Finalmente, otra corriente colonizó la región de Cuyo, siguiendo instrucciones de los gobernadores radicados en Santiago de Chile, y es la denominada corriente del Oeste, que comprendió las actuales provincias de San Juan, Mendoza y San Luis. El descubrimiento de la región lo efectuó Francisco de Villagra en 1551 y la colonización la inició Pedro del Castillo al fundar, el 2 de marzo de 1561, la ciudad de Mendoza Esta región dependió de las autoridades españolas de Santiago, hasta la creación del Virreinato del Río de la Plata, en 1776[3].

Cualquiera sean las culturas cuando éstas entran en contacto constituyen un espacio –la frontera-; un punto de conflicto y fricción pero así mismo de construcción. Las fronteras[4] que durante la época colonial -siglos XVI-XVIII- y gran parte del período nacional -siglo XIX- pusieron en contacto a diferentes culturas en el territorio de la hoy República Argentina, fueron el escenario de cimentación del perfil nacional argentino.

Este contacto se dio a través de luchas entre las culturas, movidas por el interés de expandirse unas sobre las otras, de conquistar, de ocupar el territorio del "otro" y explotar sus riquezas. Se trataba entonces, de una lucha tanto simbólica como material, en la que entraban en juego elementos étnicos. Es decir, determinadas cosmogonías, sistemas de valores, una relativa unidad territorial, una tradición mítica o histórica, que diferencia a un grupo de otros y lo constituye en una etnia, en un pueblo[5]. Estos rasgos no son absolutamente fijos, ya que como consecuencia del crecimiento de su población, la etnia puede desplazarse en el espacio, separarse o aumentar y también transformarse por contacto con otros grupos. Desde este punto de vista la etnia es una realidad histórica expuesta a múltiples cambios, e incluso a su desaparición. Al igual que la cultura, la etnia es una construcción socio-histórica, que puede incluir determinados caracteres físicos y ser la expresión de grupos dentro de un contexto cultural mayor[6].

Una de las metas esenciales de la colonización indígena era la evangelización, obra que emprendió la Iglesia Católica de España, la que se transformó en elemento de poderosa influencia en el medio americano y se constituyó en reguladora de costumbres, de las normas morales y de la vida social y cultural. Los misioneros se constituyeron en verdaderos protectores de los aborígenes pero no siempre alcanzaron el éxito deseado, sino que la mayoría de las veces fue una obra que constituyó situaciones de gran riesgo, la conversión fue lenta porque predominaban sus antiguas costumbres creencias, pero con el tiempo los aborígenes se adhirieron al cristianismo.- En esta obra se destacaron sacerdotes franciscanos, mercedarios y a partir de 1585 los jesuitas.

En la región nordeste muchas fundaciones fueron promovidas desde Asunción del Paraguay. Es así que se tienen noticias que el primer asentamiento en el territorio de Formosa fue la reducción de Santa María de los Reyes de indios guaycurúes cercano a la actual ciudad de Clorinda en la Formosa.- Esta reducción perduró desde la llegada de los padres Roque González y Vicente Griffi, quienes fueron los primeros misioneros entre 1609 y 1611, hasta 1626 con los padres Romero y Musante irradiando su obra hacia el este de Formosa.- Pero la dura lucha que daban los guaycurúes hizo que sacerdotes seculares de Asunción abandonaran la obra apenas cuatro meses después de haberla entregado los jesuitas a manos de estos.-

La obra de evangelización se vio interrumpida largo tiempo por la bravura puesta de manifiesto por los aborígenes lugareños. En 1762 se funda la misión de indios abipones en la localidad de Herradura en Formosa. En 1796 se fundan en Formosa las reducciones Naranjhay y Remolinos pero fue efímera su duración. Recién en el Siglo XIX, cuando a consecuencia de la guerra con el Paraguay se funda la ciudad de Formosa se reinició la obra de evangelizadora. En la década del 80 los sacerdotes acompañan a los ejércitos, siendo un capellán del ejército el que en los primeros años de vida de Formosa brinda su atención espiritual a los primeros habitantes.

Bibliografía complementaria:

NORMATIVA

Tratados durante el período hispánico: Frontera pampeano-patagónica - Frontera chaqueña

Tratados desde la revolución de mayo hasta el fin de la época de Rosas: Frontera pampeano-patagónica - Frontera chaqueña

Tratados desde la organización constitucional hasta la conquista del desierto: Frontera pampeano-patagónica - Frontera chaqueña

A modo de prólogo a la legislación indígena argentina. Dirección de Información Parlamentaria del Congreso de la Nación Juan Luis Amestoy  1991

Ley 215 Ocupación de los Ríos Negro y Neuquén como línea de frontera sud Buenos Aires, agosto 13 de 1867.

Ley 947 Línea de frontera contra los indios sobre la margen izquierda de los ríos Negro y Neuquén Promulgación: 5/10/1878.

Ley 1.018 Autorización para enajenar las tierras a que se refiere la ley 947  Promulgación: 13/10/1879.

Tratado de Paz con los Caciques Epumer Rosas y Manuel Baigorria. Acordado por el Exmo. Gobierno Nacional a las Tribus  Indigenas que encabezan los Caciques Epumer Rosas y Manuel Baigorria, concluido en 24 de julio de 1878.

Ley 11.722 Apruébase el Pacto de la Sociedad de las Naciones 25 de Septiembre de 1933.  [ver Convenio]

Decreto ley 9658/47 Reservas indígenas. Dirección de Tierras-Ministerio de Agricultura-Tierras Fiscales-Recursos Financieros-Consejo Agrario Nacional-Reservas Indígenas Boletín Oficial, 7 de Mayo de 1945

ENSAYOS Y NOTAS DOCTRINARIAS

Poblamiento Prehistórico de América y de Patagonia. Gloria Iris Arrigoni

Derrotero y viaje a España y Las Indias por Ulrico Schmidl

Apostillas a la historia indígena argentina. Georgina Gonzáles Frea

Breves notas de la etnohistoria del pueblo mapuche. Compilación por María del Milagro Lee Arias

Imágenes de la frontera. Rostros aborígenes de las pampas argentinas, siglos XVIII-XIX. Caps. I y II por Martha Bechis

Los Indígenas y el Congreso de la Nación Argentina: 1880-1976. Por Diana I. Lenton

Política indígena e indigenista: los proyectos de inclusión y exclusión en la Patagonia Argentina en la segunda mitad del siglo XIX. María Teresa Boschín y Leonor Slavsky

Historias de luchas de los pueblos indígenas argentinos: El malón de la paz. por Luis Zapiola

Estructura genética de la Argentina: Impacto de las contribuciones genéticas de los diversos grupos étnicos en la población actual del país. Daniel Corach, Andrea Sala y Miguel Marino

La identidad genética de los argentinos Silvina Heguy.

MONOGRAFÍAS E INVESTIGACIONES

Los pueblos indígenas y el estado de derecho. Juan Pablo Acosta Sabatini y Lorena Hourcade  

OTROS MATERIALES DE CONSULTA


NOTAS:


[1] La letra del Himno Nacional estuvo a cargo de Vicente López y Planes y la música fue compuesta por Blas Parera, aprobado por la Asamblea General Constituyente, el 11 de mayo de 1813, sufrió diversas modificaciones, hasta que en 1860 el maestro Juan P. Esnaola presentó su segunda versión, basada en el original de Blas Parera, la que es aceptada como versión Oficial por decreto del Gobierno Nacional de fecha 24 de Abril de 1944. Ver versión completa cantada en castellano, quechua y guaraní en Base de datos - Antecedentes; Símbolos patrios.

[2] En 1549, Juan Núñez de Prado es puesto a cargo de la gobernación de Tucumán, bajo la jurisdicción de la Audiencia de Charcas, desprendiéndose de la jurisdicción de Chile, situación que queda consolidada recién en 1563, fijándose la residencia del gobernador en Santiago del Estero y la aduana en Córdoba, hasta que en el año 1700 en el que el gobernador don Juan de Zamudio traslada la capital a Salta y la aduana a Jujuy. Levillier, Roberto (dir) Gobernación del Tucumán Correspondencia de los Cabildos en el Siglo XVI. Documento del Archivo de Indias. Cartas de los Cabildos: Memoriales. Ed. Sucesores de Rivadeneyra. Madrid, 1918

[3] En 1617, el rey español dividió las tierras del Plata en dos gobernaciones, constituyéndose la gobernación del Guayrá, en los límites de la actual República del Paraguay, y la de Buenos Aires, de la cual formaban parte los actuales territorios de Buenos Aires, Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, la Patagonia y el Gran Chaco. En 1620 se organizó el obispado de Buenos Aires. Pero sólo con la creación del virreinato en 1776 se inició el período de organización de la colonia del Plata, se establecieron las bases de la orientación económica, se organizó la administración y se definieron los límites del futuro Estado, pues ya eran evidentes las resistencias del Alto Perú, Chile y Banda Oriental a subordinarse a Buenos Aires.

[4] Seguimos en esta sección el excelente trabajo “Argentina y sus fronteras culturales” del Instituto de Enseñanza Superior "Leonardo Da Vinci" Río Cuarto - Córdoba   1998

[5] Di Tella, G. La economía de frontera, en Di Tella y Kindleberger, Ch., eds. Economics in the long view, Macmillan, 1982; publicado en castellano por Editorial Tesis. 1989

[6] Estos dos últimos elementos podrían estar marcando el límite no siempre claro entre etnia y cultura. Por esta razón, ambos términos se emplearán de manera indistinta, es decir, en el sentido de referirnos a la forma integral de vida creada histórica y socialmente por una comunidad; comprendiendo sus expresiones materiales, espirituales y estéticas

 

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