La leyenda de Quetzalcoatl. Diego Rivera. Palacio Nacional México D.F.

       
 


       por Dra. Teodora ZAMUDIO

  

pueblo Wichi

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Cabe hacer una aclaración los wichi "fueron llamados matacos por los españoles, palabra castellana vieja que significa 'animal de poca monta, sin importancia'. Wichí en nomenclatura etnográfica significa "gente"[1].

Ubicación y datos generales: 

Hace 100 años las aldeas wichi se encontraban a lo largo de los ríos Pilcomayo, Bermejo, Teuco, Yeguá y Vega Quemada; en la actualidad habitan el oriente de la provincia de Salta y occidente de Chaco y Formosa. Los Mataco-Maccá agrupan a los Wichis, Chorotís, Ashluslay y Maccaes. En el territorio argentino sólo quedan Wichi y Chorotís. Son del tipo racial patagónido con influencia andina y brasílida. Su economía era básicamente de recolección y de pesca. 

Viven en Salta, Formosa y Chaco, en Argentina. También en Bolivia y Paraguay. Es pueblo del monte aunque ocupan las periferias de los pueblos como Ingeniero Juárez y Las Lomitas en Formosa, o Los Blancos y Embarcación, en Salta.

Hoy ocupan tierras marginales, montes deteriorados debido a la tala indiscriminada de árboles, la instalación de petroleras que ocasionan la pérdida de la fauna autóctona. En Formosa, las comunidades del oeste recuperaron, en gran parte, el reconocimiento legal de las tierras que ocupan.

Viven en comunidades situadas en las cercanías de poblados blancos, en medio del monte o sobre la ribera del Pilcomayo y Bermejo, con líderes tradicionales y elegidos por la comunidad. Comparten con otras etnias el resurgimiento de la organización de la lucha por al tierra. Participan con sus representantes en el espacio reconocido por las leyes del aborigen.

Armas y algo más: 

Para pescar usaron el palo bobo, un palo hueco, de unos cinco metros de largo, y se componía de una vara en cuyo extremo se ataba una varilla de palo blanco sobre la que se colocaba la punta del arpón; esta punta podía ser de cuernos de vaca o de venado. Algunas otras armas fueron la macana, el arco, flechas y la lanza.

Vivienda y hábitos alimenticios: 

Era una choza de forma cupular hemisférica hecha de ramas y paja y medían 3 metros de diámetro por 3 de alto. No tenían puertas.

Solían comer carne, por lo general mal asada, charqui de pescado, frutas de algarrobo, poroto del monte (que necesita hasta 7 ebulliciones para ser comestible) y la sal, cuando escaseaba, la obtenían de los europeos o en comercio con tribus vecinas, a veces la extraían de una planta del género salicornia que crece en terrenos salitrosos; para ello acarreaban cantidades regulares de este  vegetal y lo calcinaban, amasaban las cenizas con agua formando bollitos que luego raspaban sobre la comida para sazonar.

Además de las bebidas fermentadas asociadas a épocas y rituales, consumían tabaco, secaban las hojas al fuego y luego, desmenuzándolos entre las palmas de las manos, lo fumaban en pipas, que podían ser de madera o de barro cocido. Para encender el fuego, usaron el viejo método de la giración, para ello usaban un palo corto de suncho, en el cual hacían con cuchillo un hoyuelo con una muesca lateral, y dentro de este hoyuelo hacían girar rápidamente un palillo de bejuco engastado en la culata de una flecha; el indio afirmaba con los pies el palo de abajo y entre las palmas de las manos extendidas hacía girar velozmente el astil de la flecha presionando fuertemente hacia abajo; cuando las manos llegaban abajo volvían a correrlas para arriba y repetía el movimiento y la presión, a pocos segundos los palos se calentaban y con el frote comenzaban a quemarse; el suncho se desgastaba rápidamente y cuando el bejuco llegaba a la médula del suncho el aserrín salía ya incandescente y humeante. Entonces el operador recogía sobre el aserrín pajuelas u hojas secas, las soplaba y aparecía una débil llama... luego se agregaban más ramas y se lograba la hoguera.

Vestimenta y creencias: 

Usaron el clásico quillango patagónico, hecho con pieles de nutria, venado o zorro, cosidas entre sí; la parte peluda iba para adentro.

Creyeron en numerosos espíritus que llamaron wichis, los chamanes (brujos), obtenían su poder de ellos. Creían que los espíritus habitaban en lo alto de los árboles de la selva. Tan es así, que los cadáveres se depositaban en una plataforma construida en las copas de los árboles. Tenían el cuerpo hasta que se descarnaba y luego ponían los huesos en una fosa hasta que quedaran limpios, una vez pelados del todo los huesos, los depositaban en urnas funerarias. Creían que la muerte era producto de un maleficio. Los deudos damnificaban la pérdida con la venganza o con el quebrantamiento del cadáver con un palo o hacha para matar al mal espíritu que se había metido en el cuerpo.

Muchos aún practican la recolección de frutos y miel del monte, cazan y pescan. Otros trabajan en obrajes madereros, en desmontes o son cosecheros temporarios en campos ajenos. Tallan la madera del palo santo, tejen con fibras de chaguar y hacen una utilitaria alfarería que venden también. Algunos fueron víctimas del cólera.

El hombre está plenamente integrado a la naturaleza; extrae de ella las nociones fundamentales, religión, lenguaje, explicaciones. La tierra es considerada tierra de todos por ser interpretada como un espacio libre. Convendría decir que todas las formas de vida cultural se establecen alrededor de mitos diversos: astrales, cosmogónicos, animalísticos, vegetales, etc. Cada uno de los elementos que constituyen a diario el hábitat de ese pueblo, está protegido por Demiurgos que castigan a quienes violan los tabúes impuestos.

Un lugar preponderante en la cosmovisión ocupa el chamán, que al igual que en otras culturas accede a esa función a través de la transmisión hereditaria, la revelación o el aprendizaje. El chamán, verdadero puente entre la comunidad y lo sobrenatural es también el custodio de los mitos que explican el misterio de los hombres y del mundo además de aplicar esos conocimientos para la curación de enfermedades.

La funebria entre estos pueblos nos muestra también el entierro secundario de los huesos. Al morir un miembro de la comunidad, el cuerpo es depositado en una fosa luego de haberlo envuelto con mantas y tapado con ramas, se cubre la fosa con tierra y después de un tiempo se juntan los huesos y se los deposita en una tinaja para ser trasladado al cementerio comunitario; la viuda del difunto viste ropas oscuras, corre y danza por el monte desgarrando sus vestiduras en señal de luto.

Debido a la acción del blanco, de religiones religiosas, de la escuela común y de otros, han ido perdiendo la cultura propia de los pueblos cazadores y recolectores, aunque la mayoría tiene arraigadas costumbres de vida con dependencia plena de la naturaleza y aún conservan elementos de su rica cosmovisión, su lengua y curaciones naturales, entre otras cosas.

Con la aparición de las misiones la religión anglicana  ganó adeptos junto a otras religiones de orientación evangélica; éstas aplicaron una férrea disciplina para regir la conducta produciendo una interacción de lo nuevo con lo tradicional, aparece el fatalismo conviviendo con la conciencia mágica y la creencia de la cura a través del rezo.

Lengua:

Los dialectos son vejo(z), pilcomayo, bermejo, noktén (noctén), güisnay, matahuayo.

 


NOTAS:


[1] Comentada en la publicación "Musica Tradicional Argentina" descripto en la parte de bibliografía del sitio. Ana María Locatelli de Pérgamo (Musica Tradicional Argentina, pág. 20) citando a Magrassi, Guillermo (1989:79/80)

 

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