La leyenda de Quetzalcoatl. Diego Rivera. Palacio Nacional México D.F.

       
 


       por Dra. Teodora ZAMUDIO

  

pueblo Chorote

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Antecedentes:

Esta historia la cuenta Wetin Durand que es chorote. El vivía del otro lado de la banda, en el Paraguay.

Wetin cuenta que cuando vivía en el Paraguay la vida era muy difícil: “No teníamos nada, ninguna ayuda. Nuestra costumbre era andar mucho, un día en un lado, otro día nos cambiábamos a otro lugar. Cuando sabíamos que había pescado en el río, entonces íbamos a la costa. Cuando pasaba el tiempo de la pesca regresábamos al monte y otra vez comíamos animalitos del monte.Mujer Chorote, Tartagal, Salta, Argentina, 1964 Grete Sterne, Obra fotográfica en la Argentina, Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes, 1995. Fuente: http://www.temakel.com/ghistern.htm

Entonces nosotros no teníamos paraje seguro. Cuando llegaba la lluvia nosotros sembrábamos. Cuando vivían en el monte, si alguien enfermaba no podíamos hacer nada, porque no había médicos. Lo que nosotros usábamos mucho eran los curanderos, solo a ellos recurríamos. Pasado el tiempo nosotros nos enteramos que la gente de Misión La Paz hacia algo que llamaban religión, por eso nosotros nos vinimos para este lado. Cuando llegamos aquí y ellos hablaban de Dios, no entendíamos que querían decir. Encontramos que la gente tenia fe. En unos días nosotros aprendimos a creer en Dios y hoy en día nosotros ya conocemos que significa Dios.

Antes la gente decía que éramos montaraces. No les importaban las costumbres que teníamos, pero hoy en día nosotros respetamos las buenas costumbres. Nosotros dejamos de vivir en el monte y nos trasladamos a la Argentina. Antes nosotros no conocíamos a los hermanos Matacos (Wichi), pero hoy en día vivimos junto con ellos. Llegamos a Misión La Paz en 1942.

Hoy en día nosotros vivimos aquí en Misión La Paz y estamos junto con los hermanos Wichí y tenemos nietos que son Wichí y los Wichí también tienen nietos que son chorote y también tenemos nietos chulupi y los wichí también tienen nietos chulupi, porque aquí hay tres razas. Chulupí, Mataco y Choroté”.

Artín Bravo, que también es choroté, sigue contando de sus costumbre, el continua la historia que comenzó Wetín

“Antes cuando vivíamos en Paraguay, al norte, nuestra costumbre era hacer campamento en distintos lugares, buscábamos lugares que tuvieran agua y allí parábamos. Como dijo Wetín, cuando sabíamos que había pescado en el río, nosotros íbamos para la costa y cuando pasaba el tiempo de la pesca, regresábamos otra vez al monte. Allí también trabajábamos en la agricultura. A veces no había animales. Cuando el monte era tupido se prendía fuego, entonces ya teníamos campo para sembrar. Al otro día de llover empezábamos a sembrar, y más adelante teníamos frutas, volvíamos a tener alimentos. El resto de las frutas nosotros las guardábamos. Hacíamos un pozo de unos dos metros, allí poníamos las frutas, cuando estaba lleno lo tapábamos con tierra y allí se quedaban. Ese pozo era como una troja.

Nosotros somos paraguayos. Cuando yo era chico sabía que había guerra entre los paraguayos y los bolivianos.

Mi padre me contaba que los bolivianos mataban a los paraguayos y los paraguayos mataban a los bolivianos. Los milicos bolivianos mataron muchos chorotes. Los paraguayos también mataron a los chorotes porque nos mandaron a la guerra. Ese era el problema que teníamos cuando hubo la guerra. Los paraguayos agarraron a mi padre y lo mandaron a la guerra.

Nosotros no tenemos nada que ver con la guerra, después supimos que había educación de religión en Misión La Paz, entonces nos acercamos a los hermanos Matacos (Wichi) y veíamos lo que hacían ellos. Así nosotros empezamos a aprender la palabra del Señor. Yo no quiero ser mas como eran los montaraces, hasta el día de hoy yo estoy en la religión".

Después de la guerra nosotros no queríamos ser más paraguayos. Hoy en día nosotros somos ciudadanos argentinos. Nosotros dejamos las costumbres anteriores, ahora nosotros queremos ser hermanos de los Matacos (Wichi), gracias a la palabra del señor que hemos aprendido”

Festejo anual según sus costumbres:

Hay un día en el que hacíamos el festejo del pin pin (pumis). Este festejo duraba hasta dos meses. Cuando pasaban los dos meses se terminaba y tiraban todas las cosas, como los instrumentos de música, era como tirar el año viejo. Así era como festejábamos cada año.

Cuando nosotros vivíamos en el monte comíamos todas las cosas que había allí, comíamos lo que los criollos llaman lampalagua, y lo que llaman cascabel. Nosotros comíamos todos los animales del monte.  

Lengua:

La lengua chorote (tsoloti) se habla en Salta, Argentina, también en Pilcomayo, Boquerón y Chaco, Paraguay, y Tarija, Bolivia por menos de 10.000 personas. Los chorotí se refieren a sí mismos y a su lengua como yofuasha, aunque otras personas los llaman usualmente chorotí o manjuy.

Los chorotí radicados alrededor de Prats Gil trabajan por lo general en la base militar y en las estancias cercanas. Algunos viven todavía de la caza, pero con la disminución del mercado de pieles han tenido que optar por actividades más sedentarias. Los chorotí de Prats Gil hablan todos su lengua, aunque los que trabajan en la base militar están aprendiendo algo de guaraní debido al contacto con los soldados que se hallan destacados ahí. Los que trabajan en las estancias aprenden el castellano.

En Santa Rosa, los misioneros de la Misión Nuevas Tribus les enseñan técnicas agrícolas. Gracias a la gran abundancia de agua, los chorotí cultivan huertas y crían chivos. Algunos siguen siendo cazadores y tramperos, pero ante la desaparición del mercado para las pieles han tenido que buscar trabajo en las estancias vecinas para ganarse la vida. La Misión Nuevas Tribus está desarrollando un programa de educación bilingüe (castellano y chorotí) para los que han permanecido en Santa Rosa.

En la estancia de Hernandarius hay cinco familias venidas desde Santa Rosa para trabajar. Los residentes en la Colonia 22, de la Colonia Fernheim, han venido también de Santa Rosa, pero pasando primero por Mariscal Estigarribia. Puesto que la población de la colonia es en su mayoría chulupí, algunos de los chorotí hablan esa lengua, mientras que otros han aprendido algunas palabras en castellano de sus patronos menonitas.

El 100% de los chorotí hablan su lengua, o sea que el pronóstico de supervivencia para ésta es favorable. Sin embargo, por ser el número de sus hablantes muy pequeño, y por las influencias del castellano y del guaraní a que se halla expuesta, la lengua chorotí no deja de ver amenazada su estabilidad. Tiene como dialectos el manhui (manjuy) y ekle(n)hui (eclenjuy). 

 

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