La leyenda de Quetzalcoatl. Diego Rivera. Palacio Nacional México D.F.

       
 


       por Dra. Teodora ZAMUDIO

  

Yryapú

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... era como una escuela de ensueños

Por Miguel H. Hachen

Recibido de Guillermo Riguera, corresponsal de AIPIN. Agencia Adital. Pto. Iguazú, 27 de junio.­ Entrevista exclusiva a Ángela Sánchez, fundadora y ex directora de las Escuelas Bilingües de la Aldea Mbororé e Yryapú y colaboradora voluntaria del pueblo Mbyá-Guaraní.

Rodeada de libros y algunas artesanías guaraní, Ángela Sánchez recibió a Adital en una modesta sala. Nos acomodamos sobre unos viejos sillones de mimbre. A sus espaldas, sobre la pared de madera, colgaba un desgastado retrato del "Che"; donde se podía leer, "hay que endurecerse pero sin perder la ternura jamás".

Aún antes de comenzar la entrevista, tras un largo sorbo de mate, nos confesó con ternura y un cierto aire tristeza: "Me dá mucha vergüenza pertenecer a una sociedad tan cruel, tan ambiciosa y prepotente."

Adital - Teniendo en cuenta que hay varios antecedentes de intentos de desalojar a los Mbyá, cuéntenos ¿desde cuándo las comunidades aborígenes están asentadas en lo que hoy es Puerto Iguazú?
Ángela - Te voy a contar la historia de como ocurrieron las cosas a partir de los '80 en adelante, pero tengo versiones de la década del '30 (antes de la creación del Parque Nacional Iguazú) cuando se extraía madera en los montes de la zona; ellos (los Mbyá), eran utilizados como mano de obra barata.

Lamentablemente, aparte del diario de viaje de Alvar Núñez Cabeza Vaca, y posteriores relatos de Ambrosetti y Moisés Bertoni, entre otros, no hay relevamientos escritos pero sabemos que ellos habitaron estas tierras desde siempre.

En épocas de la dictadura no se les permitía organizarse en aldeas, vivían con miedo, esparcidos por los montes, perseguidos, escondidos en su propia selva; negándose a tener los espacios que les pertenecen.

Para ese entonces ya no vivían en comunidades, porque no se les permitía, estaban esparcidos por los montes, por las costas de los ríos, subsistiendo del cultivo de la tierra. No tenían asentamientos fijos. Primero porque en realidad ellos son migrantes y segundo porque no se les otorgaba el derecho de ocupar la tierra. Eso no es nada nuevo para el pueblo Mbyá-Guaraní.

Adital -¿Desde cuándo trabaja con la Comunidad Mbyá?
Ángela - Yo comencé a trabajar con ellos en el año 80 cuando conocí al Dr. Luis Honório Rolón, (un medico conservacionista e indigenista, un estudioso de la cultura guaraní, ya fallecido). Fue él quien creó el Museo Mbororé en Pto. Iguazú y desde ahí extendió su tarea y comenzó a realizar trabajos de campo, acercándose a los pequeños grupos Mbyá. Yo tuve la suerte de ser su compañera en ese emprendimiento.

Entonces tuvimos la idea de volver a juntarlos para que vuelvan a vivir nuevamente en aldeas y que en esa comunidad hicieran resurgir la espiritualidad tan profunda que los caracteriza y que se manifiesta en sus ritos y danzas. Entonces ese trabajo de fondo fue lo más hermoso.

Rolón y yo llamábamos esa etapa como "el tiempo de la esperanza" porque era como ver una luz para que ellos puedan recuperar su forma de vida, sus pautas culturales. A pesar del trabajo que llevamos adelante con mucha ilusión, lamentablemente, esa esperanza de lograrlo hasta hoy no está resuelta... Todavía falta mucho.

Allá por el '84, Rolón fue electo concejal y presentó un proyecto serio a través del cual se logró conseguir una pequeña área de 23 hectáreas para la comunidad Mbororé.

Ese fue el inicio de volver a unir esas familias dispersas y entendimos que nosotros podíamos aportarles nuestro apoyo pero desde afuera, porque ellos poseen una estructura social muy diferente a la nuestra, con sus autoridades (el cacicazgo) el chamán y sobre todo esa manera de compartir, esa forma de vida comunitaria en la que todo es de todos. En ese sentido nada teníamos para aportarles.

A fines del '85, cuando la Comunidad Mbororé estaba reintegrada, el cacique de ese entonces nos sugirió que creáramos una escuela en la propia comunidad . Y así fue que al año siguiente se creó una escuela de la que me hice cargo.

Para la enseñanza se aplicaba una modalidad abierta, asistemática que respondía a su cultura. Las clases se daban al aire libre en la orilla del arroyo Mbocay; durante los recreos los alumnos se zambullían en el y volvían a clase con sus cabellitos mojados, libres en su ambiente. Era como una escuela de ensueños.

Esa escuela, que en principio atendía a las dos comunidades, fue insuficiente y en el '93 ayudamos a crear otra en la Comunidad Yryapú. Pero el trabajo de esas escuelas no se limitaba a la alfabetización de los niños, cumplía además una función social dentro de la comunidad, atendíamos las necesidades sanitarias y legales de las familias. Ambas funcionan hasta hoy.

Adital - ¿Como se sentía enseñándoles a los guaraníes, qué le ha dejado esa experiencia?
Ángela - Para mí siempre fue difícil sentirme maestra de los guaraníes, en cambio a ellos sí se los puede considerar maestros. Como docente, más que enseñar he aprendido muchísimo y como ser humano me siguen enriqueciendo. Aprendí a ver la vida de otra manera, ellos me enseñaron que a un hombre no se lo valora por el nombre o apellido sino porque es un ser humano. Esa es la noción que el guaraní tiene del otro.

Adital - Hablando sobre el polémico decreto, ¿usted cree que el gobierno actúa de esa forma porque se desconoce la cultura guaraní o porque son mal intencionados?
Ángela - Es cierto que en estos veinte años de democracia han pasado gobiernos de diferentes partidos pero -en realidad- todos tienen el mismo pensamiento.

En sus discursos los políticos dicen que los guaraníes son nuestros ancestros, los dueños de la tierra, la cultura originaria, etc. pero a la hora de la verdad un decreto borra todas sus palabras. Ninguno de ellos los ve como humanos, como iguales. Realizan programas a corto plazo y nunca asumen una postura a favor ni dan una respuesta definitiva.

Pienso que además de existir un desconocimiento existe una gran negación, que es lo más grave. Creo que al ver un pueblo tan sencillo, tan sumiso que no se adecua a nuestra civilización; a una educación europea los pueden manejar a su manera: persiguiéndolos e intentando anularlos.

Pero te puedo asegurar que este pueblo silencioso continúa de pie, firme. Eso es lo que nos anima, es por eso que aunque hoy soy jubilada continúo asistiéndolos, acompañándolos, dedicándoles mi vida. Es por eso que acompaño al Cacique Miguel Morínigo en esta pacífica resistencia.

Adital - Ángela, ¿qué le pediría a la gente que tenga acceso a esta nota?
Ángela - Aunque sabemos que este no es un tema aislado, en toda América Latina ocurren cosas semejantes, yo les pediría que tengan conciencia de la real dimensión del problema, les pediría que se solidaricen con los hermanos Mbyá de la Aldea Yryapú; que nos ayuden a buscar soluciones; que tratemos de impedir que en nombre del progreso se continúe persiguiendo, negando y eliminando a nuestros hermanos.

Les pediría que traten de conocer, aceptar y respetar su cultura, su mundo. Un mundo donde al comenzar cada noche, el chamán reza para despedir a Kuarachy; (el sol) que es su dios, pidiéndole que al otro día tengan la dignidad de volver a mirarlo

Fuente: http://www.redindigena.net/noticias/boletines/index.html  

 
 

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