La leyenda de Quetzalcoatl. Diego Rivera. Palacio Nacional México D.F.

       
 


       por Dra. Teodora ZAMUDIO

  

Luna Cosechera…

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por Marta Juarez   

Fuente: www.nortedelbermejo.com.ar

El tiempo actual según el calendario originario de los aborígenes wichis o matacos, etnia numéricamente mayoritaria en el norte argentino corresponde a la Luna de las Cosechas.

Ellos dividían en ciclo anual en dos grandes estaciones: la Estación seca y la Estación de las lluvias, que en la madre natura, en su hábitad natural, el monte o llanura chaqueña se observaba con la disponibilidad o no de los alimentos. OKÄ NEK´CHIAM, en su lengua significa el comienzo del Año, el fin e inicio de un nuevo ciclo natural de la tierra. Este año a su vez lo dividían en Cuatro Lunas: Luna de las Heladas (WELAS FWIYETIL), Luna de las Flores (WELAS TA NAWUP), Luna de la Algarroba (WELAS TA YACHUP) y Luna de las Cosechas (WELAS TA LUP).

Si hacemos una correspondencia de las Cuatro Lunas con las cuatro estaciones del calendario gregoriano, veremos que no es posible. Pasa que el gregoriano señala los tiempos con referencias numéricas (la primavera comienza el 21 de setiembre, el otoño el 21 de marzo, etc.), mientras que los wichí como en general todas las culturas nativas, toman como referencias estacional los cambios que se producen en la naturaleza: la primera gran lluvia, la aparición de las pléyades, la maduración de la algarroba, la maduración de los frutos que señalaba la época de cosecha, etc. De manera que era la Madre Naturaleza y no los números quien ubicaba, - sincronizaba – al hombre en el tiempo que estaba viviendo.

Por eso amigo, a través de esta nota sólo quise recordarle La Luna de las cosechas, que es tiempo sincronizados con la Madre Tierra de relajar el cuerpo y el espíritu... Les dejo un poema para ilustrar esta Luna…

 

Raíces...

Raíces...

Raíces...

 

Raíz,

subterráneo río de vida,

oculta cabellera del árbol

aquietado tu andar,

hoy duermes tu sueño de otoño

oscuro,

profundo.

 

No turbe tu paz

el ajetreo del mundo,

su danza de muerte,

las hojas doradas de abril...

 

¿Oyes?...

Apenita se escucha

el latido del corazón

de la Diosa, Madre Tierra.

Junto a ti, ociosa

se ha quedado dormida.

 

¡Qué lejos está

el ajetreo del verano!...

 

¡Sigue soñando Raíz,

tu sueño hecho de aguas!

 

No despiertes.

Aquí arriba hace frío.

aún no ha sonado

el despertador

amarillo del sol.

Con esas referencias temporales, los wichís distinguían en el ciclo anual las dos grandes estaciones, y dentro de cada una de ellas, diferenciaban a su vez dos tiempos o Lunas, de modo que las Cuatro Lunas, completaban la visión del ciclo anual de la Tierra: nacimiento, crecimiento, muerte y resurrección, metáfora del ciclo de la Vida del hombre, de las cuatro etapas donde se desarrolla su existencia: infancia, juventud, adultez y vejez.

WELAS

Nuestra tierra es rica, es riquísima culturalmente. Un mosaico de culturas nativas habita su suelo con sus milenarias costumbres, con su manera diferente de mirar y apreciar el mundo, de ordenar su propio microcosmos social. Pero cada una ha señalado y celebrado un hito fundamental para la continuidad de la vida del planeta: este hecho es el fin y comienzo de un nuevo ciclo natural, la época de la maduración de los frutos, la época de disponibilidad o escasez de los recursos.

La Luna de las Cosechas, marca el tiempo precisamente de la cosecha después de la siembra. Del maíz maduro listo para hacer la chicha con la cual los Chiriguanos hacen sus convites, su principal celebración en homenaje a la tierra, a la primera cosecha de maíz y que en su lengua llaman “ARETE” – “ara” es tiempo, “te”, es separación. Es un tiempo diferente que toda la comunidad habrá de celebrar. Es el tiempo cuando la Madre Tierra inicia su período de descanso, cuando se duermen en lo profundo las raíces soñando con el nuevo amanecer. Es el tiempo necesario para restablecer su energía, su fuerza para luego volver a comenzar a dar sus frutos y reiniciar de nuevo el ciclo eterno…

Esta sería la estación que nosotros llamamos otoño. Descanso después de la algarabía. Tiempo de sosiego de restablecer el equilibrio.

Si el hombre de estos tiempos estaría armonizado, sincronizado con el universo, este sería el momento de descansar, de tomarse un respiro, de contemplación, para que nazcan ideas nuevas, es el tiempo de PLANIFICAR… de reunir fuerzas para luego junto con el renacimiento de la tierra volver a empezar.

Pero el hombre europeo cuando invadió el continente no sólo se apropió de las riquezas tal como lo sigue haciendo hasta ahora, no sólo impuso la cultura material y espiritual sino que se apropió de nuestro PROPIO TIEMPO y borró de raíz las huellas referenciales. Y esta invasión es tanto o más grave porque no nos damos cuenta de ello. Celebramos el Año Nuevo comiendo cerdo, tirando cohetes, y después nos vamos a descansar cuando ese momento es el inicio de un nuevo año pero para el hemisferio norte, NO para los del Sur… ¿quién celebra para el 24 de junio como los hacían los Incas con el Inti Rayme, o los Guaranies con el Arete y los wichi matacos con la algarrobeada el nuevo año que se inicia para nosotros?...

Recuerdo un amigo que ya no está con nosotros que sí lo celebraba e invitaba a los vecinos a sumarse al festejo y se ganó el mote del “loco del pueblo”…

 

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 Dra. Teodora ZAMUDIO